jueves, 20 de octubre de 2016

Templo




Hay tanta riqueza en el Evangelio, tomado del capítulo once de San Marcos, que uno podría dejarse de reflexionar en lo que dice : Cristo sobre el templo: el templo, llamado a ser casa de oración, ( Mc 11,15-17).

El templo de Jerusalén no tenía un solo recinto, sino que tenía como varios espacios concéntricos, de modo que había un espacio que era el más santo de todos, o el espacio más sagrado, que se llamaba, precisamente, el “Sanctum sanctorum”, o el “Santo de los Santos”, y ahí solo podía entrar el sumo sacerdote. Alrededor de ese espacio, había otro espacio, que correspondía al lugar de los sacerdotes; únicamente los de la tribu de Leví (los levitas: una de las doce tribus de Israel), podían estar en ese espacio. Luego, alrededor de ese, había otro espacio más grande, que era donde podían estar los varones (pues, había una segregación muy fuerte entre hombres y mujeres), que era llamado el “atrio de Israel”; ahí podían estar los hombres. Luego viene otro espacio más grande, donde ya podían estar las mujeres; y luego, otro último espacio, que era el “atrio de los gentiles”, a donde podían llegar los visitantes. 

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