sábado, 8 de octubre de 2016

Vida Eterna


Poseer a Dios... y llenar eternamente con nuevos y nuevos aspectos mi inteligencia sedienta de verdad.  No es mirar y saciarme, sino penetrar y ahondar un libro inagotable, porque es infinito y mi inteligencia permanece finita.  Es un viaje infinitamente nuevo y eternamente largo.

Hay momentos en que se tiembla de ser perturbado: tan bella es la armonía, tan interesante el pensamiento; más armoniosos y más profundos serán los conocimientos del cielo.  Esto, por toda una eternidad, sin temor que nadie nos perturbe.  Éxtasis de amor en el amor.  ¡El amor sin fin de Dios! ¡Dios es Amor!  Él nos amará, y lo amaremos sin sombras, sin temor de malos entendidos.

¡Hoy estarás conmigo!”, le dijo Jesucristo al ladrón.  No había para que decir en el paraíso, porque estar con Jesucristo es el Paraíso.  Cuando los Apóstoles vieron un rayito de su luz en la transfiguración… qué bueno sería quedarnos aquí.  El corazón más noble, el amigo por excelencia, el que posee todos los secretos de la grandeza humana.  En el cielo, junto a mí, será mi amigo, mi maestro.  ¡Vivir es vivir con Él!

Los seres amados en Cristo, poseídos en Él también en el cielo.  Vivir con mi madre... ¡seis meses de ausencia!  Qué ganas de volver a ver a los seres queridos...  Vivir, conversar, mirarse, unirse... sin que nada los separe porque ambos amarán lo mismo, verán las cosas en la misma forma, no habrá el temor de una incomprensión, y nada, ni la muerte, que no existirá, ni el cansancio, ¡¡ni el sueño vendrá a turbar este amor que será eterno!!

¡Vivir!  ¡Esto es vivir!  Cuando miro el viaje desde el cielo a la tierra...  Desde el amor del Padre a la cruz, ¡algo muy grande debe haber pretendido!  No se explica tamaña humillación sino por un motivo muy grande.  ¿Por qué el Padre nos ha dado su Hijo?  Por algo muy grande: Para darnos la vida... pero ¿qué vida?  La vida divina: “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia” (Jn 10,10).  Vino a hacernos sus hijos, verdaderos hijos de Dios, hijos verdaderos de Dios y, por tanto, herederos del cielo. 

¿Demasiado bella esta doctrina?  Sí, ¡demasiado para nuestra concepción humana!  Imposible para la cabeza y el corazón deL SER HUMANO... y por eso quien no se resigna a entrar en los planes de Dios, quedará extraño a la fe cristiana.  “En verdad te digo, que si un hombre no nace de nuevo no puede ver el Reino de Dios.  ¿Cómo puede un hombre nacer de nuevo cuando es viejo?  ¿Puede acaso entrar una segunda vez en el vientre de su madre y nacer de nuevo?  En verdad te digo que si un hombre no nace del agua y del Espíritu Santo no puede entrar en el Reino de Dios (Jn 3, 3-4).

¡Señor que haga yo la verdad, para que llegue a tu luz, luz indefectible, luz alegre, luz verdadera¡  ¡luz que es vida!

Señor yo quiero creer, para llegar a amar.
Señor yo quiero creer, para poder alcanzar.
Señor yo quiero creer, porque quiero vivir tu vida, contigo.
Con Jesucristo mi amigo,
Con mi Madre María,
Con mis seres queridos,
Con tus Ángeles y Santos.
Por siempre jamás.

Amén.  Amén.  Amén.

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