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Conformarse con la voluntad de Dios, es lo màs grande y lo màs meritorio que podemos hacer. La mansedumbre,
la bondad, la benevolencia, el perdón, sí. por grave que sea la
crisis del hombre de nuestro tiempo y por mucho que el mundo parezca cada día
en el punto de romperse se encuentra en
el Evangelio, encarnado a través de los siglos en la Tradición de la Iglesia
que constantemente desarrolla su misión sacramental, el único faro que puede
ayudar al hombre, cada hombre, esa huella divina que lo distrae del horizonte
terreno y lo hace, desde ahora, ciudadano de la Jerusalén celeste.
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El evangelio nos animan a todos, que somos
pecadores y que tanto necesitamos de la misericordia de Dios, a confiar en
Él. “A todos perdonas, porque son tuyos, Señor, amigo de la
vida”, “porque el Señor es clemente y
misericordioso, lento a la cólera y rico en piedad” (Salmo). Dios, no sólo nos perdona,
sino que quiere entrar y comer El derecho judío mandaba devolver el doble de
lo robado (. Ex 22, 4.7) con la excepción de la famosa oveja robada y, si
sacrificaba, había que pagarle cuatro veces más (Ex 21, 37 con 20, 1). Sólo así
Jesús “se hospedó” en su “casa”, es decir, entró la gracia de Cristo en
el alma de Zaqueo. Pero primero hubo contrición de corazón, propósito de
enmienda, confesión de boca y satisfacción de obra. Adiós, Zaqueo, te
seguimos en la leyenda, que nos informa que fuiste discípulo de san Pedro,
que san Pedro te consagró obispo para Cesarea-
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