La Carta a los Efesios es un documento tan bello y tan sabio , tan
profundo, que si a nosotros nos mandaran a una isla de ermitaños, si nos
mandaran a una isla con la sola la Carta a los Efesios, tendríamos con ella
para meditar el resto nuestra vida y hasta la hora de nuestra muerte.
Si vamos a mirar que fue lo que hizo Cristo, cómo lo miramos, cómo
podemos encontrar ese misterio. San Pablo, especialmente en esta Carta a los
Efesios, es cuando más utiliza esa palabra que acabo de mencionar, la palabra
misterio.
San Pablo habla de un
misterio que estaba oculto por siglos infinitos, un misterio que estaba metido
como en el corazón de Dios, y él estaba preso.
Es la cosa que me maravilla a mí, un hombre que tenía todas las
razones del mundo para encerrarse en su depresión y en su problema, desde su
prisión, volaba en su pensamiento y recibía unas luces del Espíritu Santo, como
no han venido otra vez a esta tierra.
San Pablo se pone a mirar lo que ha hecho Dios y descubre que hay
un misterio y ese misterio es una decisión que Dios tomó para vencer al pecado
y para darnos salvación.
¿Cómo fue que Dios se resolvió? ¿Cómo fue que Dios se decidió a
salvarnos y por qué camino quiso salvar al mundo? Ese designio divino, ese, es
el que San Pablo llama el gran misterio.
"Este es el misterio, este es el plan que había proyectado
realizar por Cristo cuando llegase el momento culminante" Carta a los Efesios 1,9,
dice San Pablo en la Carta a los Efesios, el plan.
Pablo, metido en su cárcel, despreciado de la gente y olvidado de
muchos, sin embargo, siente que ha entrado en el corazón de Dios y que puede
mirar un pedacito del plan con el que Dios ha querido salvar al mundo y eso es
lo que nos escribe en esta Carta.
Este es el plan, dice San Pablo en la Carta a los Efesios capitulo
uno, ese es el plan que había proyectado realizar por Cristo" Carta a los Efesios 1,9.
Precisamente, porque San Pablo a veces sentía que Dios lo
arrebataba y lo metía en su corazón y lo bañaba de luz, por eso San Pablo dice
en 1 Corintios, dice: “Nosotros tenemos el pensamiento de Cristo” 2 Corintios 10,5.
Verdaderamente Dios le dio
tanta luz, le dio tanta gracia, lo amó tanto, y a nosotros también, también a
nosotros Dios quiere mostrarnos la grandeza de su plan, este es el plan, este
el misterio, este es el secreto que Dios tenía como tan guardadito en su
corazón; pero que se ha revelado ahora por Jesucristo, la manera de salvarnos
San Pablo, se pone a meditar cómo era la salvación y por qué Dios
dio la salvación y a quiénes dio la salvación y descubre esto, que había un
odio terrible entre dos pueblos, o mejor dicho, entre un pueblo y los demás
pueblos de la tierra, ese pueblo es el pueblo elegido, el pueblo judío.
El pueblo judío había sido elegido por Dios para ser instrumento
de salvación y el pueblo judío recibió promesas como no ha escuchado otro
pueblo en la tierra.
Dios hizo promesas maravillosas a ese pueblo, por ejemplo, aquella
promesa que le hizo al profeta Natán al rey David: “Nunca caerá el cetro de tus
manos, nunca” 2 Samuel 7,13
¡Ahí Dios se comprometió! ahí Dios puso su palabra, Dios juró, y
la Carta a los Hebreos dice: “Dios, no teniendo alguien más grande por quien
jurar, juró por sí mismo" Carta a los Hebreos 6,13.
Dice la Carta a los Hebreos “y juró darle a Abraham un pueblo
incontable como las estrellas del cielo, como las arenas del mar” Carta a los Hebreos 11,12.
Dios le había dado promesas a ese pueblo, al pueblo judío; además
de los judíos pues hay muchos otros pueblos, esos otros pueblos son los que la
Biblia llama los gentiles, o los paganos.
Dice San Pablo en la Carta a los Efesios, ¿de dónde viene eso? De
Éfeso, Éfeso es una ciudad que queda en la actual Turquía, Éfeso no queda en
Palestina, Éfeso no era judía, Éfeso era tierra de paganos y Pablo escribe a
los Efesios, es decir, a esos paganos les está contando cómo fue la historia
del amor de Dios, cómo fue la historia de la salvación.
“Ahora estáis en Cristo Jesús” Carta a los Efesios 2,13 esa es la frase que nos ha dicho:
“Ahora estáis en Cristo Jesús” Carta a los Efesios 2,13.
"Ahora, por la Sangre de Cristo estáis cerca, los que antes
estabais lejos" Carta a los Efesios 2,13,
en la Carta a los Efesios San Pablo juega con esa expresión; los que estaban
cerca es una manera de referirse a los judíos, los que estábamos lejos, es una
manera de referirse a los paganos, a los gentiles a todos nosotros.
Y dice San Pablo: “Ahora están cerca los que antes estaban lejos” Carta a los Efesios 2, 13;
pero resulta que judíos y gentiles no se podían ver, había un odio mutuo, los
judíos detestaban a los gentiles por sus costumbres perversas.
El mundo pagano es el mundo del libertinaje, es el mundo de los
excesos, es el mundo de las depravaciones .
San Pablo sabe que los judíos detestaban a los gentiles y los
despreciaban por sus costumbres degeneradas; los paganos por su parte, odiaban
a los judíos, porque veían en los judíos gente orgullosa que no se mezclaban
con ellos, porque veían en los judíos gente con costumbres raras y porque veían
en los judíos gente que los despreciaba a ellos.
Dice San Pablo: Él, Cristo, es nuestra paz, Él ha hecho de los dos
pueblos, es decir, judío y pagano, Él ha hecho de los dos pueblos una sola
cosa, y aquí viene la frase central: “Derribando con su carne el muro de odio
que los separaba” Carta a los Efesios 2,13.
Jesucristo derribó con su carne, despedazando su carne en la Cruz,
Jesucristo derribó el muro de odio que separaba a judíos y gentiles, a judíos y
paganos y por eso ahora estamos en Cristo Jesús, ahora estamos cerca los que
antes estábamos lejos.
Ahora, porque Cristo, a golpe de su carne, destruyendo su carne en
la cruz y derramando su Sangre en la cruz, ha derribado el muro de odio y por
eso, dice mas adelante en la misma la lectura de hoy, reconcilió con Dios a los
dos pueblos, uniéndolos en un solo cuerpo mediante la cruz, dando muerte en El
al odio.
Esto es tan bello, esto es tan profundo, yo bendigo a Dios que le
dio tanto Espíritu Santo a este hombre, reconcilió con Dios a los dos pueblos,
fíjate, los reconcilió atrayéndolos a su corazón, es como si tu piensas en tus
manos que están separadas; pero si tu las juntas en tu corazón, en el corazón
están unidas, si las juntas en el corazón, las reconcilias entre sí, esta es la
enseñanza grande de hoy.
La reconciliación no es juntar las manos afuera, la reconciliación
es juntar las manos adentro, en Dios, en la gracia, en la Sangre, en el
corazón. La reconciliación, y esto no solo vale para judíos y gentiles sino
para toda obra de reconciliación, la reconciliación no es afuera, la
reconciliación es en Cristo Jesús.
Miremos un poco, con la ayuda de Dios, cómo se dio esa
reconciliación y estoy seguro hermanos, que encontraremos caminos también para
reconciliarnos en la familia, para reconciliarnos en nuestra patria, para
reconciliarnos en el mundo; porque el mundo está muy dividido, muy dividido,
entre ricos y pobres, entre norte y sur.
Y para los que están a favor o en contra de la globalización, el
mundo está dividido por las etnias, por las clases sociales, por la
inteligencia, por las posturas filosóficas y nuestra patria está muy dividida,
y a veces parece que no fuera posible la reconciliación.
Hay una ciencia de la reconciliación, hay un camino de la
reconciliación y ese camino es el que nos explica San Pablo en su profundo
documento, en su hermosa Carta a los Efesios.
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