miércoles, 22 de marzo de 2017

Deuteronomio

El tema de la obediencia, es un tema que tiene que ver con el buen orden de la familia, tiene que ver con la educación, porque sin obediencia es imposible que se pueda dar alguna educación.

















El capítulo cuarto del Deuteronomio, nos da algunas pautas para aprender a obedecer.
La obediencia es un acto que involucra todo lo que nosotros somos, y precisamente la obediencia fue lo que más brilló en el momento final de la vida de Cristo.
Todos sabemos que Cristo en esa noche dramática antes de padecer, sudando gotas de sangre, le decía a Dios: "Si es posible, que pase de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad sino la tuya" San Lucas 22,42, con lo cual Nuestro Señor Jesucristo hacía un ejercicio máximo de obediencia.
La obediencia condujo a Cristo hacia la cruz; la obediencia trajo nuestra salvación;  por la obediencia se hace imposible la educación.
 La santidad no es otra cosa sino la realización de la voluntad de Dios plenamente en mi vida; es un misterio de obediencia que me inscribe en el mismo movimiento por el que Cristo entrega la voluntad del Padre, para gloria de su Nombre, para salvación nuestra.
 "Israel, escucha los mandatos y decretos que os mando cumplir, así viviréis y entraréis a tomar posesión de la tierra que el Señor Dios de vuestros padres, os va a dar" Deuteronomio 4,1.
Lo primero para aprender a obedecer es tener muy clara la meta, qué se va a lograr con esto. Por eso, un buen pedagogo de la obediencia, siempre consiste más en la motivación del bien que se va a conseguir. El bien futuro, a la larga, tiene más fuerza que el mal presente.
 "Todo el que haya dejado hermanos, hermanas, padres, tierras, profesiones, por mí y por el Evangelio, recibirá cien veces más en esta tierra, con persecuciones, y luego la vida eterna" San Marcos 10,29.
Ningún sacrificio en la vida cristiana es un sacrificio porque sí. Nosotros sacrificamos una cosa que es pequeña, nos dice San Pablo. Dice Pablo: "Los sufrimientos de la vida presente los tengo en nada, comparados con la gloria del que se va a revelar" Carta a los Romanos 8,18.
 Tengamos clara la meta; cuanto más grande, cuanto más bella, cuanto más hermosa es la meta, más fuerte la motivación para obedece.
 El Deuteronomio. Dice : "Ellos, los mandatos, ellos son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos" Deuteronomio 4,6.
 "Los mandatos de Dios son vuestra sabiduría y vuestra inteligencia" Deuteronomio 4,6.
La sabiduría de una ley, el aprecio de la sabiduría de una ley nos mueve a la obediencia. Nos cuentan,  los libros de Esdras y de Nehemías en la Biblia, cuando tuvieron que volver a predicar la Ley a todo el pueblo : "Los levitas le iban explicando a la gente el sentido de la Ley" Nehemías 8,7.
Hay que entrar a saber por qué ha sido mandado. La sabiduría de los mandatos de Dios, la sabiduría de los mandamientos. Saborear los mandamientos, que nuestra inteligencia se dé un banquete apreciando toda la sabiduría que tienen los mandamientos de Dios.
Claro que ese no debe ser el único argumento para obedecer,, pero no cabe duda de que obedecer una cosa que uno no entiende, o una cosa que uno no le ve la razón de ser, es demasiado difícil.
Cuanto más expliquemos a los súbditos, ya sean los hijos, los subalternos, los alumnos; cuanto más expliquemos, cuanto mejor expliquemos y cuanto más hagamos amar los mandamientos que explicamos, mucho más fácil la obediencia.
Qué bello es escarbar con la inteligencia los mandamientos de Dios para llegar al centro, a la nuez, al núcleo del mandamiento que es: "Dios me ama, Dios quiere lo mejor para mí y para todos, y por eso Dios quiere que yo no mienta; por eso Dios quiere que yo no robe, que yo no mate, que yo no fornique; por eso dios quiere que yo ame."
Hay que utilizar la inteligencia hasta descubrir el amor. Cuando descubro el amor con el que Dios me ha dado sus mandamientos, entonces descubro que es mucho más fácil obedecer.
Deuteronomio: "Cuidado, guárdate muy bien de cuidar los sucesos que vieron tus ojos, que no se aparten de tu memoria mientras vivas" Deuteronomio 4,9. ahí Moisés se está refiriendo a los grandes acontecimientos de la historia de Israel.
Esos acontecimientos, eso hermosos que ha pasado en tu vida, hay que tenerlo fresco en la memoria para poder decir: "Señor, he experimentado tantas veces tu amor, he visto tantas veces que sí me amas, que aunque ahora me cuesta trabajo obedecer, yo confío en ti; aunque me cuesta trabajo hacer lo que me pides, yo creo en ti, Señor. Yo creo que tú también ahora estás buscando lo mejor para mí."
Guiados por el recuerdo de los bienes que Dios nos ha hecho, podemos, con mayor facilidad, obedecer y ayudar a que oros obedezcan.
"Es que yo tengo mi confianza puesta en Él. Dios me ha hecho tantas cosas tan bellas y tan buenas, que yo no tengo sino que quererlo y buscar la manera de agradarle."
Esa la verdadera vida en Dios. Y esa es la invitación que nos dejó Moisés en la lectura del Deuteronomio
Cristo es más fuerte, por eso  tengamos este consuelo

¡Bendita terquedad del amor de Dios! Por eso dice San Juan en su Evangelio: "Cristo habiendo amado a los suyos, los amó hasta el extremo" San Juan 13,1.

1 comentario:

  1. Mark Ledesma,Reverendo P.Marco Pinzon,Santuario San Judas Tadeu de Mauà.Samy Hanna, Manuel Cabrera, Jesus Catòlico,Josie Marie,Jennifer Cristina,James Favaud,Cecilia Parra de Gòmez,Mariet Ugarte Ugarte,Marìa Colicinio,Jackeline Betancourt,Posttnoviciado St Colombia,Catequesis Villarica Paraguay,Evangeliza Fuerte.Santiago Vaca,Fray Diego de la Cruz,Eduardo,Marìa de Jesùs ,Marìa Teresa Falcon,Johan Deman,Ovidio Muñoz,Lucìa Bribiesca,Mar Gonzàlez,Tenchita, Marcel Gabriel Mosoll.Jesùs lumen Gentium, Evangeliza Fuerte, Helen Sebastian les gusta las publicaciones.

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