sábado, 18 de marzo de 2017

San Mateo 17,5.





La luz la señal visible, la voz del Padre la señal audible, se vio la luz, se escuchó la voz, la luz que se vio contaba de la gloria, la palabra que se oyó, nos explica cuál es la verdadera gloria y nos invita Papá Dios a escuchar a Jesucristo: “Este es mi Hijo muy amado, en quien tengo mi complacencia; escuchadlo” San Mateo 17,5.
Esa voz del Padre, seguramente nos  recordamos del día del bautismo de Cristo, cuando Cristo se bautizó se vio una paloma, y se oyó una voz.
 “Este es mi Hijo muy amado” San Mateo 3,17.
De manera que la gloria de Cristo transfigurado es la señal visible y la voz del Padre que acompaña. Esa gloria nos invita a escuchar a Jesucristo.  La vida de Jesucristo tiene muchas cosas extrañas, y las palabras de Cristo tienen muchas cosas que no entendemos, muchas cosas que incluso nos pueden parecer absurdas, difíciles e imposibles.
Cristo nos dice, que: "Hagamos el bien a los que nos persiguen” San Mateo 5,44, “que oremos por nuestros enemigos” San Mateo 5,44, esas palabras parecen imposibles.
Jesús nos dice que: “Seamos perfectos, como es perfecto el Padre celestial” San Mateo 5,48, esas palabras parecen imposibles; cuando Jesús nos dice: “El que no tome su cruz y venga atrás de mí, no puede ser mi discípulo” San Mateo 10,38, esas palabras nos parecen imposibles.
Cuando Jesucristo nos dice: “El que no coma mi carne y beba mi sangre no tiene vida” San Juan 6,53,esas palabras nos parecen exageradas, absurdas e imposibles.
Cuando Jesús empieza su camino hacia Jerusalén para morir en la Cruz, para dejarse matar, ¡eso nos parece absurdo e imposible!
Nosotros queríamos una vida sin problemas y resulta que Jesucristo se mete en el centro de los problemas; Jesucristo, en la Cruz, está metido entre todos los problemas, en el entrecruce de todos los problemas de la humanidad, y nosotros queremos una vida sin problemas y Jesucristo parece que está buscando los problemas.
El misterio de la Cruz no sólo es el misterio de Él, sino es el misterio de cada uno de nosotros.
Jesucristo está en la cruz, Jesucristo está en la cruz de todos los problemas, porque Jesucristo toma nuestra vida como es.
Hay que pedirle a Dios que nos ayude a descubrir los problemas de nuestra vida, que nos ayude a descubrir qué es lo que se está preparando en nuestra vida..
Jesucristo recibió una señal visible de Dios Padre, la luz, y una señal audible de Dios Padre, la voz, para que nosotros sepamos que a través de la cruz y a través de esos problemas, llega una cosa nueva, una maravilla nueva, algo que se llama la Pascua.
Jesucristo aparece rodeado de luz, Jesucristo aparece acompañado de la voz del Padre Celestial, para que nosotros, impregnados de esa luz y convencidos por esa voz, sepamos que si vamos detrás de Cristo, habrá dolor, porque toda vida humana tiene dolor, pero ese dolor tendrá un desenlace de gloria, porque está protegido, porque está custodiado por el amor, por la palabra y por la verdad de Dios nuestro Padre.
Este milagro tan extraño, este milagro de la transfiguración de Cristo, este milagro es para que nosotros sepamos que todo el que vaya detrás de Cristo, pasará por la muerte, por el sufrimiento, por el dolor, como todos los seres humanos, pero después, mas allá, desde el corazón, desde la entraña de ese dolor, encontraremos la luz de la gloria.
 El camino que nos marca Dios es un camino de humildad, de gratitud, de oración, de amor de recapacitar, a volver a pensar cuál es la verdadera vida a la que Dios nos ha llamado, y la certeza de encontrar abierto el corazón de Dios; si Dios encuentra abierto mi corazón, yo voy a encontrar abierto el corazón de Dios, eso no lo debemos dudar.

Conocer a Dios, ser de Dios, es obrar como Dios y esto significa, ante todo, alegrarse de la conversión, de la misericordia, del perdón.

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