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"Retorna
al Altísimo" Eclesiástico 17,23, eso queremos, retornar al Altísimo, a una vida seguramente
cristiana, una vida en el Espíritu. Pero deja la injusticia, detesta de corazón
la idolatría.
Bueno
yo quería que saliera y salió la palabra “detesta”. Santa Catalina de Siena
habla de la fuerza del odio para poner en marcha el corazón. Ella dice que
"no hay amor que no tenga odio y no hay odio que no tenga su amor".
Amor y odio son como las dos caras de un cuchillo afilado.
Y
uno tiene que saber que uno se mueve por amor y por odio, lo que pasa es que el
arte está en que el amor está dirigido a quien debe estar y el odio esté
dirigido a quien debe estar.
Mira,
"retorna al Altísimo y detesta de corazón, detesta de corazón..." Eclesiástico 17,23, Miren, si nosotros comprendiéramos toda la fuerza que sale
de odiar el pecado, por que no es ni siquiera odiar al demonio, odiar al
demonio es un ejercicio estéril.
La
Escritura en ninguna parte presenta odio al demonio. Del demonio sabemos que
acciona y sabemos que estorba y sabemos que nos toca hacer caso a Dios. El
problema no es de odio al demonio.
Detesta
el pecado, odiar el pecado. Yo creo que odiando al pecado vamos a avanzar. Y
fíjate que los retiros espirituales en este sentidito se quedan cortos, por que
casi todos los retiros espirituales empiezan es a repetir los motivos para amar
el bien.
Hombre,
uno ya sabe que el bien es bueno. Lo interesante en un retiro espiritual, lo
interesante de un predicador es que haga que la persona deteste el pecado, que
le fastidie su pecado, que nunca más vuelva a cometer su pecado, que sienta
asco, repulsión, aversión, odio, fastidio de su pecado. Eso quita el obstáculo
de la gravedad que nos atrae y nos llevará hasta Dios.
Que
grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que vuelven a Él.
Quitar el obstáculo, Él no tiene ningún inconveniente; Él no tiene obstáculos,
los obstáculos están de parte de nuestros pecados.
Pues
vamos a poner esto en práctica. Cada quien pregunte qué es lo que me está
estorbando, qué es lo que me está estorbando a mí y voy a odiar esto. Como ya
se de que se trata de alejarse de la injusticia y por lo tanto de no cometer
pecado contra el prójimo, jamás cometeré el infantilismo de decir: Ay, es que
el que no me deja ser bueno es fulanito de tal.
Es
que fulanita no me deja ser bueno. NO. nosotros estamos llamados a amar al
prójimo, no le echaremos la culpa a nadie y mucho menos a Dios. Nuestro
problema es odiar el pecado, fastidiarnos de una vez del pecado.
Decirle
a Dios Nuestro Señor: "Quiero quitar ese obstáculo para que sea tú gracia,
tú misericordia y tú perdón el que se apodere de mí para ir con fuerza hacia
donde tú quieres conducirme" qg5
Hay
que devolverle a Dios el derecho de intervenir en nuestra vida y frenar y
cambiar. San Luis Bertrán, un misionero
español, le decía así a Dios: "Mira, corrige aquí, corta lo que tengas que
cortar y quema lo que tengas que quemar".
Dios
tiene derecho a intervenir en nuestras vidas, Dios tiene derecho a frenar
cosas, no todo lo que se emprenda le tiene que salir la mejor actitud para
mejor encontrar la voluntad de Dios es la de Luis Bertrán: "Señor, lo que
tengas que cortar, córtalo; lo que tengas que quemar, quémalo, cauterízalo,
aquí, ahora. Mientras vamos de camino, mientras estamos en ésta tierra, lo que
tengas que quitar, lo que tengas que quemar, quítalo y quémalo".
Luis Bertrán, que era un penitente tremendo,
sumamente áspero, sumamente riguroso. La enseñanza está clara para nosotros: la
mejor manera de encontrar la voluntad de Dios es: "Señor, lo que tengas
que quitar, quítalo", esa total disponibilidad es la que nos abre al
querer divino.
Dice Nuestro Señor Jesucristo: "El que
quiera salvar su vida, la perderá" San Marcos 8,35. Es eso, "el que la pierda por mí y por el Evangelio,
la encontrará" San Marcos 8,35.
Eso
se llama: verdad en el alma, "yo sé qué es lo tengo que hacer ¿pero voy a
tener el valor y la coherencia y la humildad y la disponibilidad de hacerlo
cuando haya que hacerlo? ¡Eso es lo que yo no sé!"
"Estoy
seguro de lo que debo, pero no estoy seguro de lo que puedo". Eso se llama
realismo y se llama humildad.
El
evangelio continúa, profundiza y esclarece la lectura del Génesis. Dice :
"El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” San Marcos 8,35.
Cuando
nosotros tomamos esa resolución de corazón, y está el problema que Dios lo toma
a uno en serio, cuando nosotros tomamos esa actitud. Cuando queremos llegar a
ese despojo, cuando queremos entrar en ese despojo, Jesús nos dice: “El que
pierda su vida por mí y por el Evangelio, se salvará" San Marcos 8,35.
Porque
sólo hay dos maneras de vivir, una: vivir en lo que yo quiero salvar, y dos: vivir
en lo que Cristo quiere salvar de mí.
Cristo
me ama, Cristo me ama y sabe qué es lo que debe salvarse de mí.
Ser
discípulo de Cristo es decirle a Cristo: "Quiero vivir en aquello que tú
quieras salvar de mí; quiero permanecer en aquello que tú ves que es salvable,
que ves en mí; eso es lo que yo quiero que permanezca, eso es lo que yo quiero
que dure, eso es ser discípulo de Cristo, ese es el verdadero discípulo de
Cristo".
El Evangelio, es como Cristo hablaba a veces
de modo enigmático. Decía Él: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí
mismo” San Marcos 8,34.
Permanezca en el corazón suyo una única
pasión, un único amor que es la gloria de Dios, el amor de Dios, el
conocimiento de Dios, que Dios sea conocido, que Dios sea amado .
Lo
gracioso de esta predicación es, que dice el comienzo del Evangelio, estamos en
el capítulo octavo de San Marcos, ¡y lo que hace falta! "En aquel tiempo
Jesús llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: “El que quiera venir
conmigo, que se niegue a sí mismo” San Marcos 8,34.
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