Dios creó el Universo de la nada, la Creación
entera es la primera explosión de la misericordia. De manera que cuando Jesús,
de la nada y en la nada, hace posible el alimento, está no sólo resolviendo un problema
de hambre, sino también está transportándonos al momento de la creación.
La
misericordia es poderosa, en Jesús, porque todo ha sido hecho por misericordia.
Así le dijo Dios a Santa Catalina de Siena: "Nadie lo forzaba, nadie; sólo
por amor, sólo por misericordia existe todo".
Jesús
realiza este milagro en donde la misericordia triunfa sobre la realidad o sobre
el realismo, pero resulta que uno tiene que ser realista, ser misericordioso es
algo así como ser fantasioso, el mundo actual mira la misericordia como una
fantasía.
Jesús mismo tampoco se hacía ilusiones con la
gente. ¿Qué es ser realista? ¿Y cómo puede ser una persona ser realista y ser
misericordiosa? Vamos a demostrar que Jesús era realista.
Jesús
era realista porque cuando todos le dijeron en un momento de fervor:
"Queremos que seas nuestro rey", Él dijo: "Yo mejor me voy a
rezar"; cuando los discípulos le dijeron: "Vamos a dar nuestra vida
por ti", Jesús dijo: "Seguro, cómo no, ya van a dar la vida por
mí"; y el evangelio de Juan también dice que "Él conoce lo que hay en
el corazón del hombre" San Juan 2,25.
Jesús
es realista, pero Jesús es misericordioso: "Me da lástima de esta
gente" San Marcos 8,2, dice.
Ser
misericordioso no es ilusionarse con la gente; ser realista tampoco es dejarse
dominar por las circunstancias.
Jesús
nos enseña en qué consiste la verdadera misericordia y en qué consiste el
verdadero realismo; el verdadero realismo está en: "Conozco lo que
necesitan, y conozco lo que puedo esperar de ellos", eso es el realismo. "Conozco lo que necesitan, y aunque sé lo
que puedo esperar de ellos, los amo". No están entonces tan lejos.
El
realismo es conocer la necesidad de las personas, perfectamente compatible con
la misericordia; y el realismo es saber qué puedo esperar de las personas,
perfectamente compatible con la misericordia.
Porque
cuando yo sé lo que puedo esperar de una persona y la amo, la amo por amor, la
amo por gracia, la amo por regalo, la amo por misericordia.
Entramos
en el mundo de Jesús, y en el mundo de Jesús el realismo es: "Yo sé lo que
está necesitando y sé lo que me van dar, y sabiendo eso, los amo"; ahí
está una perfecta misericordia, y ahí está un perfecto realismo.
Jesús
resuelve el problema: nos vuelve misericordiosos y nos vuelve realistas; el
verdadero misericordioso es el que sabe lo que le puede esperar, y sabiéndolo,
da; y sabiéndolo, perdona; y sabiéndolo, ama; y sabiéndolo, da otra
oportunidad; ese es el misericordioso. La misericordia cristiana es una
misericordia de ojos abiertos, es propia de la lucidez.
Como
le sucedió a Santo Domingo. Es muy interesante Santo Domingo que tiene una
psicología tan fina y una capacidad de conocimiento de las personas tan grande,
y al mismo tiempo es un hombre compasivo.
El
Evangelio de Juan insiste en eso, conocía a los discípulos y llamó a los
discípulos, ese es Cristo, esa es una misericordia lúcida, no es una
misericordia ilusa, sino una misericordia lúcida.
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