sábado, 4 de marzo de 2017

Marcos 8,2




 Dios creó el Universo de la nada, la Creación entera es la primera explosión de la misericordia. De manera que cuando Jesús, de la nada y en la nada, hace posible el alimento, está no sólo resolviendo un problema de hambre, sino también está transportándonos al momento de la creación.
La misericordia es poderosa, en Jesús, porque todo ha sido hecho por misericordia. Así le dijo Dios a Santa Catalina de Siena: "Nadie lo forzaba, nadie; sólo por amor, sólo por misericordia existe todo".
Jesús realiza este milagro en donde la misericordia triunfa sobre la realidad o sobre el realismo, pero resulta que uno tiene que ser realista, ser misericordioso es algo así como ser fantasioso, el mundo actual mira la misericordia como una fantasía.
 Jesús mismo tampoco se hacía ilusiones con la gente. ¿Qué es ser realista? ¿Y cómo puede ser una persona ser realista y ser misericordiosa? Vamos a demostrar que Jesús era realista.
Jesús era realista porque cuando todos le dijeron en un momento de fervor: "Queremos que seas nuestro rey", Él dijo: "Yo mejor me voy a rezar"; cuando los discípulos le dijeron: "Vamos a dar nuestra vida por ti", Jesús dijo: "Seguro, cómo no, ya van a dar la vida por mí"; y el evangelio de Juan también dice que "Él conoce lo que hay en el corazón del hombre" San Juan 2,25.
Jesús es realista, pero Jesús es misericordioso: "Me da lástima de esta gente" San Marcos 8,2, dice.
Ser misericordioso no es ilusionarse con la gente; ser realista tampoco es dejarse dominar por las circunstancias.
Jesús nos enseña en qué consiste la verdadera misericordia y en qué consiste el verdadero realismo; el verdadero realismo está en: "Conozco lo que necesitan, y conozco lo que puedo esperar de ellos", eso es el realismo.  "Conozco lo que necesitan, y aunque sé lo que puedo esperar de ellos, los amo". No están entonces tan lejos.
El realismo es conocer la necesidad de las personas, perfectamente compatible con la misericordia; y el realismo es saber qué puedo esperar de las personas, perfectamente compatible con la misericordia.
Porque cuando yo sé lo que puedo esperar de una persona y la amo, la amo por amor, la amo por gracia, la amo por regalo, la amo por misericordia.
Entramos en el mundo de Jesús, y en el mundo de Jesús el realismo es: "Yo sé lo que está necesitando y sé lo que me van dar, y sabiendo eso, los amo"; ahí está una perfecta misericordia, y ahí está un perfecto realismo.
Jesús resuelve el problema: nos vuelve misericordiosos y nos vuelve realistas; el verdadero misericordioso es el que sabe lo que le puede esperar, y sabiéndolo, da; y sabiéndolo, perdona; y sabiéndolo, ama; y sabiéndolo, da otra oportunidad; ese es el misericordioso. La misericordia cristiana es una misericordia de ojos abiertos, es propia de la lucidez.
Como le sucedió a Santo Domingo. Es muy interesante Santo Domingo que tiene una psicología tan fina y una capacidad de conocimiento de las personas tan grande, y al mismo tiempo es un hombre compasivo.

El Evangelio de Juan insiste en eso, conocía a los discípulos y llamó a los discípulos, ese es Cristo, esa es una misericordia lúcida, no es una misericordia ilusa, sino una misericordia lúcida.

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