miércoles, 22 de marzo de 2017

Ezequil 18,27.





"Recapacita": "Si el malvado examina sus obras, se convierte de su mala vida, vivirá" Ezequiel 18,27.
Recapacitar es una cosa maravillosa, recapacitar es mejorar el rumbo de la vida; recapacitar es dejar de hacer daño a mucha gente; recapacitar es empezar a vivir bienes que uno no conocía; recapacitar es abrir puertas a una vida nueva; recapacitar es un verbo maravilloso; recapacitar es tomar en serio la voz de Dios que sigue hablándote en tu conciencia.
Recapacitar, supone detenerse, hay que parar, hay que retirarse, ¡detente! No se puede recapacitar mientras se está abrumado por el curso de los acontecimientos.
Sólo cuando nos detenemos podemos tomar suficiente distancia, mirar con otros ojos lo que hemos venido haciendo, tomar una perspectiva diferente, poder mirarnos desde fuera, eso es lo que se logra cuando se recapacita, detente, que no es simplemente deja de actuar, sino detente es, toma distancia, mira desde fuera, oye otras opiniones, para, para.
Cristo no pasó de la carpintería a los milagros. Fue, recibió el bautismo de Juan y una detención: ¡para!, cuarenta días al desierto. Esa es la Cuaresma.
La Carta a los Hebreos: " Meditando en el desenlace de vuestros superiores, imitad su fe" Carta a los Hebereos 13,7.
 "Si el malvado recapacita y se convierte, tendrá vida" Ezequiel 18,27, dice Jesús, bueno, dice propiamente el Espíritu Santo por boca de Ezequiel. Este es el primer elemento del recapacitar. Pero eso, que ya es muy grande, todavía no es todo.

 El verdadero recapacitar supone un acto maravilloso, un acto de pedir, pedir; la vida cambia cuando uno pide ayuda, cuando uno pide luz, cuando uno pide un consejo.

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