jueves, 2 de marzo de 2017

Gènesis1,2-19.






Todo tiene su razón de ser, todo tiene una motivación, y conocer estas motivaciones no es simple es la puerta para disfrutar más lo que Dios nos ofrece.
Cuando el mundo se ha vuelto tan irreal, tan complejo y tan ambiguo, qué bello retornar a la sencillez de esta poesía y de estas palabras.
“Vio Dios que era bueno cuando hizo los continentes y luego cuando hizo las plantas, las hierbas, los árboles, vio Dios que era bueno, hizo las lumbreras en lo cielos, vio Dios que era bueno” Génesis 1,2-19.
 Génesis, nos permite retornar como al deseo original de Dios, como al plan original de Dios, como a la sencillez de lo que Dios creó para que fuera bueno como Él mismo es bueno.
Qué bueno que nosotros volvamos nuestros ojos a nuestra propia existencia y podamos sentir que así como debajo de toda la hojarasca del mundo, en el fondo sigues esta palabra: "Dios vio que era bueno, así también nuestro corazón que se ha vuelto enredado, complicado, tortuoso, ambiguo por nuestra historia de pecados, también a nosotros, en el fondo de nuestro corazón, esta palabra existe, también nosotros podríamos decir: "y Dios vio a Alejandra, y vio que era buena".
En el fondo de nosotros hay un deseo de Dios, un deseo, un amor libre, gratuito; percibir ese amor libre y gratuito que nos acompaña siempre, es la actualidad inmortal de este texto.
Sentir que en el fondo de nuestros corazones Dios nos ve y nos ve buenos. Nos ve buenos no quiere decir que Dios sea ciego a la maldad que otros han echado encima de nosotros y que nosotros nos hemos echado encima, quiere decir que mientras vayamos caminando por esta tierra, ese plan original de Dios sigue proclamando, sigue pregonando que hay una bondad originada de Dios, que el amor es la explicación última de nuestra vida.
 Sólo cuando nos encontremos con ese amor original, toda la vida de abajo a arriba adquiere sentido, adquiere luz, adquiere orden.

Esta lectura nos invita a sentir la frescura del amor original de Dios, a sentir su amor, a agradecer precisamente que sin tener que hacernos, nos hizo; y a reconciliarnos con lo más profundo de nuestro ser que está en el designio de Dios para cumplir en todo su voluntad.

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