Todo tiene su razón de
ser, todo tiene una motivación, y conocer estas motivaciones no es simple es la
puerta para disfrutar más lo que Dios nos ofrece.
Cuando el mundo se ha
vuelto tan irreal, tan complejo y tan ambiguo, qué bello retornar a la
sencillez de esta poesía y de estas palabras.
“Vio Dios que era bueno
cuando hizo los continentes y luego cuando hizo las plantas, las hierbas, los
árboles, vio Dios que era bueno, hizo las lumbreras en lo cielos, vio Dios que
era bueno” Génesis
1,2-19.
Génesis, nos permite retornar como al deseo
original de Dios, como al plan original de Dios, como a la sencillez de lo que
Dios creó para que fuera bueno como Él mismo es bueno.
Qué bueno que nosotros
volvamos nuestros ojos a nuestra propia existencia y podamos sentir que así
como debajo de toda la hojarasca del mundo, en el fondo sigues esta palabra:
"Dios vio que era bueno, así también nuestro corazón que se ha vuelto
enredado, complicado, tortuoso, ambiguo por nuestra historia de pecados,
también a nosotros, en el fondo de nuestro corazón, esta palabra existe,
también nosotros podríamos decir: "y Dios vio a Alejandra, y vio que era
buena".
En el fondo de nosotros
hay un deseo de Dios, un deseo, un amor libre, gratuito; percibir ese amor
libre y gratuito que nos acompaña siempre, es la actualidad inmortal de este
texto.
Sentir que en el fondo de
nuestros corazones Dios nos ve y nos ve buenos. Nos ve buenos no quiere decir
que Dios sea ciego a la maldad que otros han echado encima de nosotros y que
nosotros nos hemos echado encima, quiere decir que mientras vayamos caminando
por esta tierra, ese plan original de Dios sigue proclamando, sigue pregonando
que hay una bondad originada de Dios, que el amor es la explicación última de
nuestra vida.
Sólo cuando nos encontremos con ese amor
original, toda la vida de abajo a arriba adquiere sentido, adquiere luz,
adquiere orden.
Esta lectura nos invita a
sentir la frescura del amor original de Dios, a sentir su amor, a agradecer
precisamente que sin tener que hacernos, nos hizo; y a reconciliarnos con lo
más profundo de nuestro ser que está en el designio de Dios para cumplir en
todo su voluntad.
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