sábado, 4 de marzo de 2017






La vocación humana: recibir el amor de Dios y ser dueño ser el administrador de parte de Dios, y en nombre de Dios, de la creación. Esa es la vocación humana, para eso fuimos hechos.
En la medida en que respondamos a nuestra vocación, encontramos la paz; en la medida en que somos señores del mundo y no esclavos de las cosas, encontramos paz. Mientras en la medida en que nos rebelamos contra Dios, nos esclavizamos de las cosas.
Si descubrimos nuestra vida como destino del amor de Dios, descubrimos también nuestro destino en Dios. Si descubrimos nuestra vida como señores de la creación, descubrimos también nuestra vida como receptores, como destinatarios del amor de Dios.
Pero si no aceptamos lo que Dios nos dice que es nuestro bien y nuestro mal, eso es "comer del árbol prohibido".
Pidámosle al Señor en este día que nos regale dos cosas:
Conciencia agradecida de nuestro ser. Qué hermoso decirle hoy al Señor: "Me creaste para amarme, me creaste para tener en quien depositar el tesoro de tu amor".
El que de veras diga esto necesariamente siente alegría y necesariamente siente amor para dar. Pidamos esto, la conciencia agradecida de nuestra dignidad.
 Pidamos al Señor que nos ayude a conservar el orden propio. Somos señores de las cosas, somos dueños de ellas, no podemos permitir que ellas sean nuestros dueños. Que nosotros, guiados por el Espíritu de Dios, seamos dueños de las cosas y que descubramos la maravillosa dignidad en que el plan original de Dios nos ha puesto.
Ahí está nuestra paz, ahí esta nuestra alegría, ahí está la respuesta a los grandes interrogantes y a los grandes dolores de nuestro mundo.
“¡ través de María, con María  y en María  iré a Jesús y seré toda en Él. Si supiéramos está en nosotros por medio de Cristo y de la acción del Espíritu Santo, no debemos retenerla como si fuera de nuestra propiedad. En cambio, estamos llamados a hacerla resplandecer en el mundo, a donarla a los demás mediante las obras buenas. ¡Y cuánto tiene necesidad el mundo de la luz del Evangelio que transforma, cura y garantiza la salvación a quien lo recibe! Pero esta luz nosotros debemos llevarla con nuestras obras buenas.

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