La vocación humana: recibir el amor de
Dios y ser dueño ser el administrador de parte de Dios, y en nombre de Dios, de
la creación. Esa es la vocación humana, para eso fuimos hechos.
En la medida en que respondamos a
nuestra vocación, encontramos la paz; en la medida en que somos señores del
mundo y no esclavos de las cosas, encontramos paz. Mientras en la medida en que
nos rebelamos contra Dios, nos esclavizamos de las cosas.
Si descubrimos nuestra vida como
destino del amor de Dios, descubrimos también nuestro destino en Dios. Si
descubrimos nuestra vida como señores de la creación, descubrimos también
nuestra vida como receptores, como destinatarios del amor de Dios.
Pero si no aceptamos lo que Dios nos
dice que es nuestro bien y nuestro mal, eso es "comer del árbol
prohibido".
Pidámosle al Señor en este día que nos
regale dos cosas:
Conciencia agradecida de nuestro ser.
Qué hermoso decirle hoy al Señor: "Me creaste para amarme, me creaste para
tener en quien depositar el tesoro de tu amor".
El que de veras diga esto
necesariamente siente alegría y necesariamente siente amor para dar. Pidamos
esto, la conciencia agradecida de nuestra dignidad.
Pidamos al Señor que nos ayude a conservar el
orden propio. Somos señores de las cosas, somos dueños de ellas, no podemos
permitir que ellas sean nuestros dueños. Que nosotros, guiados por el Espíritu
de Dios, seamos dueños de las cosas y que descubramos la maravillosa dignidad
en que el plan original de Dios nos ha puesto.
Ahí está nuestra paz, ahí esta nuestra
alegría, ahí está la respuesta a los grandes interrogantes y a los grandes
dolores de nuestro mundo.
“¡ través de María, con María y en
María iré a Jesús y seré toda en Él. Si supiéramos está en
nosotros por medio de Cristo y de la acción del Espíritu Santo, no debemos
retenerla como si fuera de nuestra propiedad. En cambio, estamos llamados a
hacerla resplandecer en el mundo, a donarla a los demás mediante las obras
buenas. ¡Y cuánto tiene necesidad el mundo de la luz del Evangelio que
transforma, cura y garantiza la salvación a quien lo recibe! Pero esta luz nosotros
debemos llevarla con nuestras obras buenas.
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