miércoles, 8 de marzo de 2017

Eclesiastico 35,10.











"Da al Altísimo como Él te dio: generosamente, según tus posibilidades, porque el Señor sabe pagar, y te dará siete veces más" Eclesiástico 35,9-10. "Te dará siete veces más" Eclesiástico 35,10.
En el Evangelio. Jesús dice, en primer lugar, a los discípulos: "Os aseguro que quien deje casa, hermanos, hermanas, recibirá en este tiempo cien veces más,  la vida eterna" San Marcos 10,29-30.
Así nos habla Dios, porque Dios sabe que nuestro corazón, según solía decir Catalina de Siena, primero es imperfecto, y sólo después es perfecto. Todos nosotros, los imperfectos, podemos vernos retratados en la pregunta que hace Pedro, esa pregunta implícita: "¿Qué me va a tocar a mí?" San Marcos 10,28.
Pedro ya llevaba un tiempo con Jesús, y le parecía que eso estaba como duro, no era fácil, costaba trabajo y requería sacrificio. Y Pedro, como hombre imperfecto que era, le pregunta a Cristo: "¿Qué va a pasar conmigo?" San Marcos 10,28."
Si vienes a la casa de Dios, que no venga solamente tu cuerpo: trae tu corazón y tu pensamiento, gózate en la Casa de Dios, alábale por su Palabra, adórale en el Sagrario, glorifícale porque está en medio de su pueblo.
¡Invierte en Dios! ¡Dále con generosidad a Dios! Lo que Dios te pide, lo va a bendecir, lo va a multiplicar. Sin embargo, no nos hagamos ilusiones. La Sagrada Escritura nos ha dicho hoy: "Con persecuciones" San Marcos 10,30.
Dios va a bendecir y a multiplicar lo que tú le des, pero siempre dejará alguna espina, y en esa espina está la mejor de todas las bendiciones. Porque así como Cristo hizo bien en toda su vida, pero nunca hizo tanto bien como cuando llegó a la hora de la Cruz, así también Dios quiere bendecir toda tu vida.
Pero, especialmente, cuando llega el momento de la contradicción, hay una nueva bendición, hay una fecundidad especial.
Hay algo que Dios no tiene de ti, y que sí quiere, y es tu voluntad. Cuando tú le dices "sí” a Dios, ese “sí” es precioso, porque ese “sí” no se lo puede decir la piedra, ni el arroyo, ni el ave; no se lo pueden decir los peces, ni las galaxias más grandes.
Hay en nosotros algo maravilloso, la capacidad de decir “sí” o decir “no”, eso está en nosotros. Dios quiere mi “sí”, Dios quiere mi aceptación, Dios quiere mi obediencia.
Hay otra cosa que Dios quiere y que no tiene, y que se parece y se desprende de esto que acabamos de decir, Dios quiere también mi tiempo, Dios quiere algo de mi tiempo.
Darle a Dios: la voluntad, es decir la obediencia. La obediencia es muy importante, porque el que no obedece a Dios un día tiene que preguntarse a quién ha obedecido.
O tra carga que también Dios quiere que tú le entregues, según nos enseña el Apóstol San Pedro en una de sus cartas. Dice San Pedro: “Arrojad en Él todas vuestras preocupaciones” 1 Pedro 5,7.
Dios quiere que tú le entregues tus pecados y después quiere que tú le entregues todas tus angustias, todas tus cargas, Dios quiere que tú entregues todo eso. Dios es feliz de que tú entregues eso.
Esa es la maravilla de lo que sucede en el sacramento de la Confesión. Precisamente, este tiempo de Cuaresma y este tiempo después de Pascua, pues son tiempos para eso, para vivir la conversión. El gran regalo que tú le puedes dar a Dios esbueno,tu obediencia, tu tiempo, pero ¿por qué no le entregas de una vez el saco de tus pecados?Él quiere eso.
Cristo nos animó tanto de entregar nuestros pecados que incluso nos dijo una vez: “Hay fiesta en el cielo por cada pecador que se convierta” San Lucas 15,7, y dijo que "había más fiesta en el cielo por un solo pecador que por noventa y nueve justos que no necesitaran convertirse" San Lucas 15,7.
Dios quiere hacer fiesta contigo, quiere hacer fiesta en el cielo, y lo único que pide es la carga de tus pecados.
También quiere que entreguemos la carga de nuestras angustias, porque nos enseñó en el Sermón de la Montaña que "no debíamos andar angustiados y desesperados por el mañana. Ya vuestro Padre sabe de qué tenéis necesidad" San Mateo 6,31-32. Entregarle a Dios nuestras angustias es darle la oportunidad a Dios de mostrar su estilo.

Los casos más difíciles, los casos que parecen imposibles, haz la prueba de entregarlos a Dios. Es un experimento que todos tenemos que hacer. Haz la prueba de entregar los casos imposibles a Dios. Es una cosa fantástica. No todo funciona. Yo no les voy a decir aquí palabras almibaradas sólo para convencerlos.

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