A quienes Dios ha concedido el don de la paternidad, maternidad. Nuestros días nos llevan a pensar, en esa figura que entre nosotros tiene características significativas, que nos hacen presente la misma Paternidad divina.
Constatamos cómo muchos padres han tenido el don de engendrar un hijo en el amor, lo han recibido con ilusión y alegría, han encontrado en ese ser pequeño, sencillo, frágil, inocente la oportunidad de descubrir su papel paterno al impulsándolo a hacer el bien, no obstante sus travesuras, desaciertos, limitaciones y defectos que se van manifestando en el trascurso del tiempo, en cada una de las etapas de su edad. Le han acompañado en su crecimiento y en las circunstancias distintas de la vida; quizá lo han experimentado distraído, inquieto, siempre con algo qué hacer, con un amigo a quién visitar, con una inquietud nueva. No se puede llegar a escapar el tiempo, para dialogar con él/ella/os, para cuidar su desarrollo en todos los aspectos, y situaciones integrales , respecto a ideales y valores en la realización de la vida. Encontramos preocupaciones por la distancia manifiesta de alguno de sus hijos respeto a la fe y la vida religiosa, no viven su compromiso con Jesucristo en la comunidad eclesial.
En el mundo que hoy se nos presenta tan lleno de avances en los medios de comunicación, se hace más necesario el diálogo cercano, personal, de afecto expresivo, maduro, profundo bondadoso bello, en la familia y concretamente del padre con los hijos. La mejor celebración del día del Padre pueda ser una comunicación íntima, sincera, profunda y de auténtico amor que les permita experimentar su realidad de signo natural, trascendente que es, y que expresa el mismo amor de Dios.
Él es en sí, comunicación de amor que da la vida, que ofrece lo mejor, que se hace don en Jesucristo y que cuida de unir a todo hombre o mujer en la auténtica realización humana, para la liberación del mal y la plenitud del gozo. Jesús quiso nacer en una familia y gozar en la relación con José y María esa paternidad responsable, que ellos llevaron a cabo con fe y humildad, y por la que, manifestaron la mejor imagen de la Trinidad en la tierra.
En la comunicación, vivan generosamente esa sabiduría de la paternidad responsable que lleva a la donación perfecta en bien de los hijos, apoyándolos, educándolos integralmente, ofreciéndoles lo necesario para su realización personal y comunitaria, así como para la vivencia de su responsabilidad humana, cristiana y ciudadana. “Padres, no irriten a sus hijos; edúquenlos, mas bien, en la disciplina e instrúyanlos en el amor de Dios” (Ef 6,4).Pidamos a San José modelo de la paternidad interceda por nuestras familias.
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