“Me quedé impresionada por la intensa espiritualidad que emana ver a los ojos del amor de Dios y la mágica atmósfera de aquellos jardines”, con “el aire fresco de la mañana y el corazón colmado de paz y serenidad”.
Encontré entre la luz filtrada por las verdes plantas, una imagen radiante: era la de la Virgen”. “La devoción a la Virgen Santísima de Guadalupe debe ser para todos vosotros una constante y particular exigencia de auténtica renovación cristiana. La corona que ella espera de todos/as no es tanto una corona material, sino una preciosa corona espiritual, formada por un profundo amor a Cristo y por un sincero amor a todos los hombres: los dos mandamientos que resumen el mensaje evangélico. La misma Virgen Santísima, con su ejemplo, nos guía en estos dos caminos.
antes bien acógelas Benignamente. guardemos la pureza de nuestros ojos y precisamente porque María amaba tan entrañablemente a Cristo, nuestra Madre cumplió cabalmente el segundo mandamiento que debe ser la norma de todas las relaciones humanas: el amor al prójimo. Un cristiano no puede menos que demostrar su solidaridad para solucionar la situación de aquellos a quienes aún no ha llegado el pan de la cultura, o la oportunidad de un trabajo honorable y justamente remunerado; no puede quedar insensible mientras las nuevas generaciones no encuentren el cauce para hacer realidad sus legítimas aspiraciones, y mientras una parte de la humanidad siga estando marginada de las ventajas de la civilización y del progreso. En esta fiesta tan señalada de corazón en la vida cristiana pedimos un marcado sentido social, que nos haga estar siempre en primera línea en todos los esfuerzos para el progreso y en todas las iniciativas para mejorar la situación de los que sufren necesidad. Ved en cada ser humano/a un hermano, y en cada hermano/a a Cristo
No hay comentarios:
Publicar un comentario