domingo, 17 de marzo de 2013

Infaliblemente

Dios concede infaliblemente el perdón a quien se lo pide y se convierte de verdad, sin más condiciones. Como perdona cuando nosotros perdonamos de corazón: Si ustedes perdonan, también el Padre celestial les perdonará (E igual perdona a quienes hace obras de misericordia: Tuve hambre y sed; estaba desnudo, en la cárcel, enfermo y ustedes me socorrieron: vengan, benditos de mi Padre, a poseer el reino preparado para ustedes desde el principio
 del mundo ( Mt 25,31)
San Juan en el evangelio no pierde de vista la experiencia de la misericordia. Recordamos el episodio de la mujer sorprendida en adulterio (Juan 8,1-11). Frente a ella y también frente a sus acusadores vemos a Jesús como Señor de la misericordia y del perdón,que penetra.
 Precisamente es que ponen a prueba a Jesús y ésta será la ocasión para una magnífica enseñanza sobre el dinamismo del perdón: reconocer el pecado, ser perdonado y perdonar a los demás. Y Se nos pide que hagamos obras de caridad, sí; que oremos más intensamente, también; que ofrezcamos el sacrificio de nuestro ayuno. ¡Pero también los hipócritas hacen obras de caridad, oran y ayunan! ( Mt 6,1-18). Lo único que nos podrá distinguir y que nos alejará de una pantomima espiritual será la unificación de la vida desde lo hondo de ese corazón que sólo el Padre conoce bien, El a quien no escapa ninguna de nuestras inquietudes y anhelos.

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