viernes, 22 de marzo de 2013

Obtenga

Las transformaciones que hoy forman parte del desarrollo humano. La humanidad tarda generaciones en incorporarlas, asimilarlas y dominarlas. En ese proceso de asimilación, que es simultáneamente social y personal, se producen disfunciones y, a menudo, se paga un precio alto. Por ejemplo, el número de niños con desorden de déficit de atención .Si bien la televisión no es la única responsable del incremento, también influyen otros fáctores, como la desestructuración de la familia (aumento de divorcios, trabajo fuera del hogar de los dos cónyuges, etc.), lo cierto es que los pediatras y expertos que aconsejan poca o ninguna televisión obtienen mejoras notables en la conducta de los niños. Si, con independencia de la tecnología, pensamos en los contenidos que estos medios difunden, el panorama es aún más inquietante. Y de esto último, de los efectos de los contenidos, en cambio, se sabe ya bastante. En efecto, los estilos de vida, las actitudes y los criterios de valoración que los medios de comunicación difunden, mientras informan o entretienen, ejercen una influencia, para bien y para mal, no inferior a la de la escuela o a la de la misma
 familia. Este desafío educativo para la familia es urgente valorarlo.
La media de horas que un niño o un adolescente dedica semanalmente al consumo de la dieta suministrada por los medios de comunicación (televisión, Internet, videojuegos, radio, revistas, etc) supera ya ampliamente el horario escolar. Sin embargo, la atención de los padres y de los poderes públicos a los efectos sociales de la dieta mediática de los ciudadanos y, especialmente de los niños y los jóvenes, es mucho menor de la preocupación por la escuela y por los problemas de salud relativos a la alimentación.
 Es necesario recordar a los padres la responsabilidad que tienen de gobernar el consumo familiar de los medios, de modo que estos no solo no arruinen la familia, sino que se conviertan en un agente educativo para ellos y sus hijos.
Que la Virgen Santísima, Nuestra Señora de Guadalupe, obtenga esta gracia a las familias cristianas, para que se beneficien también de ella todas las familias del mundo. Oh, María, Madre del Amor hermoso, Madre de la esperanza, Auxilio de los cristianos, acoge estas humildes súplicas y regala a todas las familias del mundo aquello que necesitan para crecer en santidad, para ser sal de la tierra y luz del mundo, para ser santuarios de vida y de amor, de acogida y de perdón, de valores humanos y de virtudes cristianas. Amén.
   

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