lunes, 23 de junio de 2014

Alegría


"Te llenarás de alegría y muchos se alegrarán de su nacimiento" San Lucas 1,14. Es importante descubrir, en este tema de la alegría, el motivo, la razón de por qué esa alegría. A ver, ¿qué nos dice el Ángel? "Será grande ante los ojos del Señor, se llenará de Espíritu Santo, convertirá a muchos israelitas al Señor" San Lucas 1,15.
"Para convertir los corazones de los padres hacia los hijos" San Lucas 1,17, esa frase sí suena extraña.
Pero esa frase la podemos entender a la luz de la segunda lectura la de la Carta de Pedro, dice aquí: "Esta salvación fue el tema que investigaron y escrutaron los profetas, se les reveló que aquello de que trataban no era para su tiempo, sino para el vuestro" 1 Pedro 1,10.
Los profetas, anhelaban, esperaban la salvación, pero comprendieron, guiados por la luz del Espíritu, que esa salvación no llegaría en el tiempo de ellos, llegaría después; los profetas corresponden al tiempo de los padres y el cumplimiento de sus profecías, es el tiempo de los hijos.
De manera que cuando dice el Ángel: "Convertirá los corazones de los padres hacia los hijos" San Lucas 1,17, es: "Reunirá el gozo de los que esperaban, con el gozo de los que poseen la alegría propia del nacimiento de Juan"; es la alegría del paso de las profecías, que todavía no tenían su tiempo, a la profecía que se cumple y que llega a tiempo.
Los demás profetas anunciaron lo que venía, Juan anunció al que llegaba, ahí está la razón de la alegría, los demás podían decir: "Vendrá", sólo a Juan se le concedió decir: "Aquí está".
Los otros profetas podían decir: “Dios es fiel y ha prometido”, sólo Juan pudo decir: “Dios es fiel y ha cumplido”, y la alegría surge de eso, de ver que la promesa se cumple, ver que lo anunciado llega, ver que lo esperado se hace por fin presente.
El nacimiento del precursor, es el nacimiento de aquel profeta que tenía ese encargo: pasar de las profecías hacia el futuro, al anuncio del presente.
En este Juan, cuyo nacimiento celebramos, estamos cantando, alabando la bondad de Dios, que así como anuncia, cumple.  "No habéis visto a Jesucristo y lo amáis; no lo veis y creéis en Él; y os alegráis con un gozo inefable y transfigurado, alcanzando la meta de vuestra fe, la salvación" 1 Pedro 1,8.
La alegría cristiana tiene un sello, tiene una esencia y esa esencia es: "Dios me lo prometió y Dios me lo cumplió", esa es la esencia de la alegría cristiana.
Como explica San Agustín en algún lugar, me parece que es en sus narraciones sobre los Salmos, esto es lo mismo que dice un salmo: "Lo que habíamos oído lo hemos visto en la ciudad de nuestro Dios" Salmo 48,9; la alegría es ver que se cumple lo que fue anunciado.
Con esta claridad que nos da la Escritura y que explica la oración de la Iglesia, con esta claridad podemos también buscar los caminos de la alegría en nuestra propia vida.
El origen de todas las alegrías del corazón humano es: "Me fue anunciado, y se cumplió"; "me fue prometido, y me lo realizaron"; "me dijeron que era, y sí era".
Es muy útil tener clara la fuente de la tristeza y clara la fuente de la alegría, porque así entendemos, por ejemplo, aquella expresión tan rara del profeta Jeremías, un día que estaba fastidiado, saturado, hastiado de la gente, y dijo: "Maldito quien confía en el hombre y pone en él hombre su confianza" Jeremías 17,5.
"Bendito quien confía en el Señor" Jeremías 17,7, porque el que pone su confianza en el hombre, más tarde o más temprano será visitado por la tristeza, porque el ser humano no puede dar lo que anuncia.
¿Qué anuncia el ser humano? Como es imagen de Dios, anuncia bien; desde el tamaño de Dios, refleja bienes al tamaño de Dios; pero da bienes del tamaño del hombre, promete a la altura de Dios y cumple a la altura del hombre.
El que ponga su confianza en el ser humano, tarde o temprano descubrirá ese pavoroso desnivel; el que ponga su confianza en el ser humano, tarde o temprano descubrirá que el ser humano prometió más de lo que podía cumplir; porque prometió a la escala de Dios, porque es imagen de Dios, refleja a Dios y sólo pudo cumplir a escala de hombres; el que ponga su confianza en el ser humano experimentará tristeza, el que ponga su confianza en Dios experimentará alegría.
El Apóstol Pedro, en ese texto que estamos meditando dice: “No habéis visto a Jesucristo o amáis no lo veis y creéis en El” 1 Pedro 1,8.
Fíjate el contraste con la situación del hombre, del ser humano. El hombre, como es imagen de Dios, refleja mucho y cumple poco, ¿qué hizo Dios? Exactamente lo contrario, mostrar poco y dar mucho, por eso dice: “No veis a Jesucristo" 1 Pedro 1,8, "alcanzaréis la meta de vuestra fe, la salvación” 1 Pedro 1,9.
Si el camino de la tristeza es que se vea mucho, para que luego aparezca poco; el camino de Dios es que se vea poco, pero que luego resulte mucho.
Y eso que se ve poco y que luego resulta mucho, es lo que nos dice el Apóstol Pedro:

No hay comentarios:

Publicar un comentario