miércoles, 11 de junio de 2014

Declaraciòn

San Pablo y Cristo colocan  su mirada en ese futuro que sólo Dios puede crear. Pablo y Cristo al momento de despedirse de sus respectivos amigos, hacen como una última y solemne declaración del amor. Esa declaración solemne y decisiva de amor la que le da su contexto y la que le da su realidad a la Eucaristía.
La Eucaristía es un regalo acompañado de palabras.  La Eucaristía, que es el regalo por excelencia, que es el don por excelencia, tiene su palabra que le da sentido, tiene su contexto que es el que nos ilumina  nos permite reconocer a Jesucristo. Ese es la solemne declaración de amor: Aquí estoy todo yo; "todo lo que me ha revelado mi Padre os lo he dado a conocer" San Juan 15,15.
"Ya nos os llamo siervos, os llamo amigos, porque todo lo que me ha mostrado mi Padre, todo lo que me ha dicho mi Padre, os lo he dado a conocer" San Juan 15,15.
"Aquí estoy yo, así soy, ahí estoy entre ustedes". Quien ha entendido esta declaración generosa, irreversible de amor, entiende también el sentido de las palabras de la Eucaristía.
Cuando uno se siente casi avasallado por ese torrente del amor de Dios, entonces entiende qué es lo que quiere decir eso de: “Tomad y comed: este es mi Cuerpo; tomad y bebed: este es el cáliz de mi Sangre, que se entrega para el perdón de los pecados" San Mateo 26,27-28.
Esas palabras de la Eucaristía no son sino la reanimación en acto, en acto sacramental, de aquello que Él nos ha venido diciendo, no sólo en esta Cena de despedida, sino desde que inició su predicación allá en Galilea, y si lo miramos mejor, desde el momento mismo de la Encarnación.
Cristo es Pan de Vida, dado para restauración, para sanación y para alimento del mundo, desde el primer momento de su existencia.
Ese vivir para el otro, ese continuamente darse, ese no reservarse nada, ese completar la carrera en la gloria de Dios, es lo que tiene su realización en cada Eucaristía cuando Él dice: "Este es mi cuerpo, así soy y soy para vosotros en la gloria del Padre". Esta es mi sangre, así soy y soy para vosotros, para salud vuestra y gloria del Padre Celestial".
Que nos brinde ese amor, ese amor de Espíritu, ese amor de Dios, que es regalo y palabra, para que podamos reconocer al Señor al partir el pan, y nuestra vida enriquecida transformada por ese don, se convierta también en don para la vida del mundo

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