Manifestación de la misericordia de Dios, la conversión tiene dos cosas. Tiene que rechazar el pecado: éso es dejar de alejarse. Segundo, uno tiene que abrirse a la gracia de Dios, al perdón y al amor de Dios, y dejarse guiar por Él.
Lo primero, no irse más lejos, lo segundo, regresar. Acuérdate de la famosa Parábola del Hijo Pródigo. Este muchacho se alejó de su padre, pero las circunstancias de la vida, primero, y luego esa reflexión que él mismo hizo, detuvieron ese alejamiento.
Hubo un momento en el que él ya no se alejó más; y segundo, tomó una resolución: "Volveré a la casa de mi padre" San Lucas 15,18.
En ésto consiste la vida divina, en ésto consiste la vida del Espíritu. Primero, en que uno ya no se aleje más, en que uno ya deje el pecado, y segundo, en que uno acepte la gracia y el amor de Dios.
El Profeta Isaías nos dice: "Dejad de obrar mal; aprended a obrar bien" Isaías 1,16-17. Y de ese modo vuelve la vida de Dios a nosotros.
"Dejad de obrar mal" Isaías 1,16, es el primer paso, "aprended a obrar bien" Isaías 1,17, es el segundo paso. Se necesitan esos dos pasos.
Lo mismo encontramos en la conversión de aquel famoso avaro que aparece en el Evangelio de Lucas, un hombre llamado Zaqueo, que era recaudador de impuestos. Él le dice a Jesús, porque Jesús fue a quedarse en su casa: "Si a alguien le he hecho mal, voy a restituir" San Lucas 19,8. También dice: "Voy a dar la mitad de mis bienes a los pobres" San Lucas 19,8.
Aprender a obrar bien; : "Voy a dar la mitad de mi fortuna a los pobres" San Lucas 19,8.
De ahí que se hable de Juan recordando las palabras del Profeta Isaías: "Una voz clama en el desierto. Enderezad el camino del Señor, que toda hondonada se levante, que toda cima se abaje" Isaías 40,3,4. ¡Enderezarle el camino a Dios! ¡Dejar de obrar mal!
En Jesús y sólo en Jesús podemos nosotros recibir esa fuerza para obrar bien. El mismo Jesús dijo a los Apóstoles que le preguntaron extrañados: "¿Y entonces quién puede salvarse?" San Mateo 19,25
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