Espíritu Santo que es fruto de la oración de Jesucristo, que está siempre con nosotros y que es otro defensor, porque el primer defensor es el mismo Cristo. Espíritu que culmina en nosotros el bautismo y que lo recibimos por la oración de la Iglesia, Espíritu que vuelve a la vida a Jesucristo, Espíritu que nos defiende y está a nuestro lado.
Se nos van juntando las obras y los bienes que trae el Espíritu Santo, para que estas mismas obras y estos mismos bienes, despierten en nosotros anhelo, hambre de ese don.
Sabiendo que hace tantos bienes y sabiendo que es un regalo, ¿quién no se anima a pedirlo? Así pues, una primera enseñanza en este día, es apreciar los bienes del Espíritu, contemplarlos, saborearlos, para animarnos a rogar la llegada cada vez más plena, cada vez más perfecta del Espíritu de Dios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario