sábado, 8 de octubre de 2016

Anhelo


 El hombre quiere vivir.  Anhelo profundo de nuestro espíritu, el más profundo: vivir.  Si uno ha conocido alguna belleza anhela seguir poseyéndola. La naturaleza se resiste a morir.  Cuesta morir, el hombre se defiende -“No pierde la esperanza” 

La grandeza de nuestro espíritu
Por más grande que sea su amor, siempre le queda una apetencia para algo mayor.  Por eso que el hombre es el rey de la creación.  Porque es el único capaz de comprender y de tender a lo infinito.  Vivir... recordar nuestro destino.  Lo infinito.  Lo que no tiene límites en todo lo que es perfección.
Dios, que es bello, más que el sol naciente; tierno, más que el amor de una madre; cariñoso, íntimo, más que el momento más de cielo en el amor; fuerte, robusto, magnífico en su grandeza.  Santo, santo, santo, sin mancha.  Eso será realidad en todo lo que tiene de belleza, y mucho más... ¿Comprensión, ternura, intimidad, compañía...?  ¡Sí, la tendré!
Mirar mi vida a la luz de la eternidad.  Mis amores a la luz de la eternidad...  Mi profesión... el uso de mi tiempo... a la luz de la eternidad.  Los sacrificios que Dios me pida...  Mi vida de estudios, el tiempo que dé a esas realidades tangibles, mudables, sombra de realidad, frente a la gran realidad, la eterna.
La santidad a la que Dios me llama, que me parece austera; la vida de oración, las mortificaciones, mi apostolado, a la luz de la eternidad...  Toda la santidad, a la luz de la eternidad: ¡¡Eso es vivir!!

Alegría, ¡y qué feliz se vive cuando se piensa en lo eterno!  Allí está mi morada...  ¿Dolores?  Pasan, pero la eternidad permanece.  ¿Muerte?  No, un hasta luego, sí ¡hasta el cielo!  ¡Hasta muy pronto!  ¿Pobreza?  Pero si se aligera gran valor allí.  Bienvenido.  ¿Enfermedades?  La deformidad pasará y con mis ojos veré a Dios para siempre.  ¿Qué puede turbar a quien mira lo eterno?  Con razón decía Santa Teresa: Nada te turbe; nada te espante... ¡Sólo Dios basta!  Es el invencible, el inconfundible, el que siempre ríe, el constante, el esforzado, el caritativo... el que todo lo mira a esa luz, la gran luz, ¡¡la de lo eterno!!
Recordemos lo que decía el Señor: El Reino de los cielos es semejante a un hombre que descubrió un tesoro, y habiéndolo descubierto, ¡vendió todo para comprar aquel campo! (Mt 13,44).  Venderlo todo.  Es lo que han hecho los santos, los mártires, es lo que hacen los cristianos de 

1 comentario:

  1. AJames favaud y 4 personas màs les gusta la refñlexiòn.

    A Gabriel Estrada y 30 personas màs les gusta la reflexiòn.

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