viernes, 10 de marzo de 2017

San Marcos 8,35.

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"Retorna al Altísimo" Eclesiástico 17,23, eso queremos, retornar al Altísimo, a una vida seguramente cristiana, una vida en el Espíritu. Pero deja la injusticia, detesta de corazón la idolatría.
Bueno yo quería que saliera y salió la palabra “detesta”. Santa Catalina de Siena habla de la fuerza del odio para poner en marcha el corazón. Ella dice que "no hay amor que no tenga odio y no hay odio que no tenga su amor". Amor y odio son como las dos caras de un cuchillo afilado.
Y uno tiene que saber que uno se mueve por amor y por odio, lo que pasa es que el arte está en que el amor está dirigido a quien debe estar y el odio esté dirigido a quien debe estar.
Mira, "retorna al Altísimo y detesta de corazón, detesta de corazón..." Eclesiástico 17,23, Miren, si nosotros comprendiéramos toda la fuerza que sale de odiar el pecado, por que no es ni siquiera odiar al demonio, odiar al demonio es un ejercicio estéril.
La Escritura en ninguna parte presenta odio al demonio. Del demonio sabemos que acciona y sabemos que estorba y sabemos que nos toca hacer caso a Dios. El problema no es de odio al demonio.
Detesta el pecado, odiar el pecado. Yo creo que odiando al pecado vamos a avanzar. Y fíjate que los retiros espirituales en este sentidito se quedan cortos, por que casi todos los retiros espirituales empiezan es a repetir los motivos para amar el bien.
Hombre, uno ya sabe que el bien es bueno. Lo interesante en un retiro espiritual, lo interesante de un predicador es que haga que la persona deteste el pecado, que le fastidie su pecado, que nunca más vuelva a cometer su pecado, que sienta asco, repulsión, aversión, odio, fastidio de su pecado. Eso quita el obstáculo de la gravedad que nos atrae y nos llevará hasta Dios.
Que grande es la misericordia del Señor y su perdón para los que vuelven a Él. Quitar el obstáculo, Él no tiene ningún inconveniente; Él no tiene obstáculos, los obstáculos están de parte de nuestros pecados.
Pues vamos a poner esto en práctica. Cada quien pregunte qué es lo que me está estorbando, qué es lo que me está estorbando a mí y voy a odiar esto. Como ya se de que se trata de alejarse de la injusticia y por lo tanto de no cometer pecado contra el prójimo, jamás cometeré el infantilismo de decir: Ay, es que el que no me deja ser bueno es fulanito de tal.
Es que fulanita no me deja ser bueno. NO. nosotros estamos llamados a amar al prójimo, no le echaremos la culpa a nadie y mucho menos a Dios. Nuestro problema es odiar el pecado, fastidiarnos de una vez del pecado.
Decirle a Dios Nuestro Señor: "Quiero quitar ese obstáculo para que sea tú gracia, tú misericordia y tú perdón el que se apodere de mí para ir con fuerza hacia donde tú quieres conducirme" qg5
Hay que devolverle a Dios el derecho de intervenir en nuestra vida y frenar y cambiar.  San Luis Bertrán, un misionero español, le decía así a Dios: "Mira, corrige aquí, corta lo que tengas que cortar y quema lo que tengas que quemar".
Dios tiene derecho a intervenir en nuestras vidas, Dios tiene derecho a frenar cosas, no todo lo que se emprenda le tiene que salir la mejor actitud para mejor encontrar la voluntad de Dios es la de Luis Bertrán: "Señor, lo que tengas que cortar, córtalo; lo que tengas que quemar, quémalo, cauterízalo, aquí, ahora. Mientras vamos de camino, mientras estamos en ésta tierra, lo que tengas que quitar, lo que tengas que quemar, quítalo y quémalo".
 Luis Bertrán, que era un penitente tremendo, sumamente áspero, sumamente riguroso. La enseñanza está clara para nosotros: la mejor manera de encontrar la voluntad de Dios es: "Señor, lo que tengas que quitar, quítalo", esa total disponibilidad es la que nos abre al querer divino.
 Dice Nuestro Señor Jesucristo: "El que quiera salvar su vida, la perderá" San Marcos 8,35. Es eso, "el que la pierda por mí y por el Evangelio, la encontrará" San Marcos 8,35.
Eso se llama: verdad en el alma, "yo sé qué es lo tengo que hacer ¿pero voy a tener el valor y la coherencia y la humildad y la disponibilidad de hacerlo cuando haya que hacerlo? ¡Eso es lo que yo no sé!"
"Estoy seguro de lo que debo, pero no estoy seguro de lo que puedo". Eso se llama realismo y se llama humildad.
El evangelio continúa, profundiza y esclarece la lectura del Génesis. Dice : "El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, la salvará” San Marcos 8,35.
Cuando nosotros tomamos esa resolución de corazón, y está el problema que Dios lo toma a uno en serio, cuando nosotros tomamos esa actitud. Cuando queremos llegar a ese despojo, cuando queremos entrar en ese despojo, Jesús nos dice: “El que pierda su vida por mí y por el Evangelio, se salvará" San Marcos 8,35.
Porque sólo hay dos maneras de vivir, una: vivir en lo que yo quiero salvar, y dos: vivir en lo que Cristo quiere salvar de mí.
Cristo me ama, Cristo me ama y sabe qué es lo que debe salvarse de mí.
Ser discípulo de Cristo es decirle a Cristo: "Quiero vivir en aquello que tú quieras salvar de mí; quiero permanecer en aquello que tú ves que es salvable, que ves en mí; eso es lo que yo quiero que permanezca, eso es lo que yo quiero que dure, eso es ser discípulo de Cristo, ese es el verdadero discípulo de Cristo".
 El Evangelio, es como Cristo hablaba a veces de modo enigmático. Decía Él: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo” San Marcos 8,34.
 Permanezca en el corazón suyo una única pasión, un único amor que es la gloria de Dios, el amor de Dios, el conocimiento de Dios, que Dios sea conocido, que Dios sea amado .

Lo gracioso de esta predicación es, que dice el comienzo del Evangelio, estamos en el capítulo octavo de San Marcos, ¡y lo que hace falta! "En aquel tiempo Jesús llamó a la gente y a sus discípulos y les dijo: “El que quiera venir conmigo, que se niegue a sí mismo” San Marcos 8,34.

1 comentario:

  1. James Favaud,Cecilia Parra de Gòmez,Mariet Ugarte Ugarte,Marìa Colicinio,Jackeline Betancourt,Posttnoviciado St Colombia,Catequesis Villarica Paraguay,Evangeliza Fuerte.Santiago Vaca,Fray Diego de la Cruz,Eduardo Escobar,Helen Sebastian,Archivo Salesiano Bahìa Blanca,Yolanda Lazoles gusta las reflexiones.Bendiciones

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