jueves, 27 de febrero de 2014

Aclarado

Emprender consecuentemente el camino del Evangelio, como camino de santidad, aclarado y despejado de nuevo para el ser humano de hoy por la doctrina del Vaticano II, dependía en la perspectiva de la historia humana de la Iglesia, el éxito pastoral y evangelizador de la renovación conciliar, alentada incansablemente por el Beato Juan Pablo II. Sobre todo, dependía decisiva y eminentemente de los consagrados y consagradas. Puesto que, como enseña el Concilio “el estado de vida que consiste en la profesión de los consejos evangélicos, aunque no pertenezca a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenece, sin embargo, sin discusión, a su vida y a su santidad” (LG, 44).

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