Y esta pobreza con la que Jesús nos libera y enriquece - observa el Santo Padre - es su "modo de amarnos, de estar cerca de nosotros, como el buen samaritano". Es más, "lo que nos da verdadera libertad, verdadera salvación y verdadera felicidad es su amor lleno de compasión, de ternura, que quiere compartir con nosotros". En este punto, Francisco subraya que "la pobreza de Cristo es la mayor riqueza: la riqueza de Jesús es su confianza ilimitada en Dios Padre"
Tras reflexionar sobre la pobreza de Jesús, Francisco invita a pensar en nuestro propio camino. "En toda época y en todo lugar, Dios sigue salvando a los hombres y salvando el mundo mediante la pobreza de Cristo, el cual se hace pobre en los Sacramentos, en la Palabra y en su Iglesia, que es un pueblo de pobres", afirma el Pontífice. Asimismo recuerda que "los cristianos estamos llamados a mirar las miserias de los hermanos, a tocarlas, a hacernos cargo de ellas y a realizar obras concretas a fin de aliviarlas". Observa además que "la miseria es la pobreza sin confianza, sin solidaridad, sin esperanza".
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