viernes, 28 de febrero de 2014

Cautivado

Cuando una persona quiere dedicarse sólo a la inteligencia y sólo a la lógica; cuando una persona quiere ser sólo coherente y sacar las consecuencias de la vida, llega a un callejón sin salida, llega al borde de una abismo: "¿Y yo mismo por qué existo? ¿Y mi vida entera qué sentido tiene?"
 Lo del vino es mucho más profundo de lo que parece. La presencia del vino en la Sagrada Escritura está indicando que toda persona necesita dejar descansar la inteligencia; toda persona necesita.
La Biblia admite que que muchas personas dejan descansar su inteligencia, por ejemplo, con algunos tragos que se toman con algunos amigos, prohibiendo siempre, repito, el exceso, la ebriedad. La Biblia admite eso. Pero cuando nos habla de estos personajes, como Sansón y Juan el Bautista, que eran nazires, que no bebían vino, ¿qué es lo que quiere decir?
Que al nazir le tocó embriagarse de Dios; el nazir es como la vanguardia del ejército del pueblo de Dios; el nazir es como el adelantado. Cuando llegaron los españoles a estas tierras, tenían adelantados. La gente más osada, la que tenía menos que perder, o la gente más valiente, o la más codiciosa, iban delante, eran adelantados.
El nazir era el adelantado del pueblo de Dios, es decir, los nazires estaban, tenían como por tarea, como por vocación contarle a todo el pueblo que en Dios existe una alegría fantástica, una alegría maravillosa, una embriaguez.
Y esa embriaguez es la embriaguez del Espíritu Santo, la que aparece aquí en el capítulo primero de Lucas, cuando el Ángel Gabriel le dice a Zacarías estas palabras, mira: "El niño será grande a los ojos del Señor; no beberá vino ni licor; se llenará de Espíritu Santo" San Lucas 1,15.
Esa es la clave, gente fascinada, cautivada por el Espíritu Santo, gente ebria por el Espíritu Santo.

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