viernes, 7 de febrero de 2014

Siervo

 
“Mirad a mi siervo” Isaías 42,1, mirar a Cristo.
Antes del nacimiento, el Ángel había dicho a José que le pusiera el nombre de Jesús al niño, esto según la versión de San Mateo. El Ángel había hablado del “Hijo del Altísimo" San Lucas 1,32, y de "Hijo de Dios" a María San Lucas 1,35, según San Lucas.
El nombre de Jesús aparece, pues, dado por el cielo tanto a José como a María antes del nacimiento; y Jesús, de acuerdo con lo que recordábamos al término de la Octava de Navidad, es decir, en la fiesta de María, Madre de Dios, recibió efectivamente ese nombre, Jesús, el nombre que había sido dado por el cielo.
 Del cielo recibe Jesús el complemento de su nombre, o su segundo nombre, como se quiera ver; hasta este momento del Bautismo ha sido sólo Jesús, ha sido el Jesús de María, ha sido el Jesús de José; hasta este momento ha sido sólo Jesús, desde este momento del bautismo en adelante recibe su nombre completo, es Jesucristo.
Cristo es ahora este Jesús, porque ahora este Jesús ha recibido gracia, ha recibido unción del Espíritu Santo, y precisamente, ungido, en este caso, ungido por el Espíritu Santo, eso es lo que dice la palabra griega Jristós.
En esta fiesta del Bautismo del Señor, se completa el nombre de Jesús, se completa con el nombre Cristo; y así, si en la noche de Natividad estábamos celebrando el nacimiento de Jesús, en este día del Bautismo, estamos, por así decirlo, el comienzo de Cristo, porque si fue Jesús desde Natividad, sólo es Cristo desde el bautismo.
Navidad queda enmarcado por Jesús en Natividad y por Cristo en el Bautismo, no se le vuelve a uno a olvidar para qué sirve el tiempo de Navidad. El tiempo de Navidad sirve para ir desde Jesús, ese Jesús anunciado, esperado, amado, creído, hasta Cristo.
El mismo Jesús, cuando recibe la unción del Espíritu, el don del Espíritu inhabita en Jesús desde el principio; pero aquí recibe el don del Espíritu, ya no para sí, sino para nosotros. San Juan predica fundamentalmente para la conversión. Jesús se mezcla en esa multitud de pecadores, y como un pecador más pide el bautismo.
Enseñanza para nosotros: allí donde hay arrepentimiento del pecado, Jesús está muy cerquita; allí donde hay confesión de las propias culpas, está pronto para llegar Jesús; y este Jesús, que lo vemos aquí tan cercano de los pecadores arrepentidos.
 Carta a los Hebreos: "Es el mismo ayer, hoy y siempre” Carta a los Hebreos 13,8. Este Jesús no ha cambiado. Esa costumbre que le vemos aquí, la sigue teniendo.
Él sigue estando cerca de ese corazón que se arrepiente, de ese corazón que busca el perdón de Dios, porque el que busca el perdón de Dios, ya está buscando salvación, ya está buscando a Jesús y a él le saldrá al paso, al que se arrepiente pronto le saldrá al paso Jesucristo.

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