Dios es nuestro Padre. Un Padre amoroso y providente que nos ama con “un amor personal, puntual y extraordinariamente concreto por cada ser humano (Mt.6,25-30).Una paternidad por tanto que genera eficazmente fraternidad , porque el amor de Dios cuando es acogido, se convierte en el agente más asombroso de transformación de la existencia y de las relaciones con los otros , abriendo a los hombres a la solidaridad y a la reciprocidad”
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