miércoles, 30 de noviembre de 2016

Glorificate

La oración es la concentración de mi fe, la concentración de mi esperanza y de mi amor. Estoy convencida de quién es el Dios en el que creo, yo le abro espacio. Entonces  “Lúzcase, mi Dios”, “lúzcase Señor”, “mire, aquì está esta criatura, lúzcase; tenga la bondad, Señor, haga su obra maravillosa , que brille ahí su gloria”.



















Jesús, dice, echando entorno una mirada de ira le dijo al hombre de la mano seca: “Párate ahí” San lucas 6,8.
 “A ver, ¿qué es lo bueno y qué es lo malo? ¿Echar a perder una vida o salvarla?"San lucas 6,9.
“Señor, todo está dado, tú lo amas, él te ama, todo está dado, el terreno es tuyo, hazlo, glorifícate, que sea santificado tu Nombre”.
 Dios obra con poder y hace maravillas. Todos podemos orar, y tenemos que orar con perseverancia, por eso la perseverancia en la oración es posible.
Él decía: “Y ahora verá lo maravilloso que es mi Dios, seguro que Dios va a hacer una cosa lindísima como no la ha hecho nunca y nos vamos a gozar esto aquí”. Ese es Emiliano Tardif, es el hombre que le deja el espacio a Dios, es el hombre que dice: “Dios lo puede hacer”.
Por eso los carismas no dependen de la capacidad de darle el espacio a Dios.
El hecho de que Dios es amor, no quita nada sino que añade mucho a la seriedad y a la profundidad de su juicio. Precisamente porque su amor es total, irreversible, irrevocable, continuo, gratuito, precisamente por éso, juzga.
Un amor así nos ha dejado sin ninguna excusa.
Cuando descubrimos y en la medida en que descubrimos la potencia de la gracia de Jesucristo, descubrimos que por éso Él es el Juez, precisamente por ser tan amoroso, precisamente por ser tan tierno, precisamente por haberse ocupado tanto y tantas veces de tantas maneras de cada uno de nosotros.

Él es el único Juez. Porque, ante la verdad del amor de Jesucristo, ninguna excusa. Como el juicio es ante Él y Él nos ha amado así,  sabemos que nos ha amado así.

Alabanza







Se hace tanto énfasis a la alabanza.La alabanza es la conciencia crecida que tenemos de ese Dios que es más bello, que es más puro, que es más bueno, que es más sabio, que es más fuerte. Esa es la alabanza. La alabanza no cambia nada en Dios. Hay una oración en la misa que dice eso, un prefacio.
La alabanza no cambia nada en Dios. Dios está más allá de todo pensamiento, de todas nuestras palabras, de todas nuestras danzas, de todo nuestro don de lenguas. Dios está mucho más allá. Es tan grande, tan grande, rebasa nuestro entendimiento.
La alabanza no es para que cambie algo en Dios. La alabanza me ayuda a mí a convencerme de que ese Dios de verdad piensa cosas que a mí no se habían ocurrido.

Entonces la oración, especialmente la oración de alabanza, es la oportunidad que le damos a Dios para que Él se luzca.

Grabado









Logramos incorporar de tal modo nuestra voluntad a la de Dios, que incluso aquellas cosas que parecerían imposibles, esas conversiones, esas transformaciones de las que a veces desesperamos, incluso esas son posibles para un corazón que todo lo espera de Él. Y este es el día Unamos nuestras luces, como esas que tienen en sus manos, unamos nuestras luces a la hoguera de Dios, y en esta fogata del amor que se ofrece, del amor que se parte para poder repartirse, en esta fogata acrecentemos nuestro amor, para ser enteramente de la Presentación, enteramente de la caridad.
La oración no consiste en convencer a Dios; la oración consiste en abrir la puerta para que Él, que es tu gran Aliado, pueda batallar junto a ti, pueda defender tu causa.
La oración no es un cambio que nosotros producimos en Dios; la oración es el cambio, la oportunidad que nosotros le damos a Dios para que Él cambie lo que nosotros somos, lo que nosotros pensamos, lo que nosotros decimos y obramos, y esperamos también.
Quisiera que  esa frase quedara bien grabada en el corazón de todos : “La oración es la oportunidad que le doy a mi gran Aliado”. Tengo un Aliado grande. Yo no sólo tengo grandes problemas para Cristo, sino tengo un gran Cristo para mis problemas.
Tengo un gran Aliado, pero tengo que dejarlo obrar, tengo que darle oportunidad a Él para que obre.  La oración es eso, la oración es abrirse a las obras, a los planes, abrirse al tamaño de Dios.
Muchas veces uno entra a la oración solamente cuando ha descubierto las propias limitaciones. Hasta cierto punto es normal que suceda así. Uno descubre que es limitado y entonces se abre al Infinito, se abre al Ilimitado, al que no tiene límites: Dios nuestro Señor.
Se empieza a orar cuando descubre que Dios de pronto tiene ideas mejores que las nuestras. A Dios se le pueden ocurrir cosas que a mí no se me han ocurrido. Él ve lo que yo no estoy viendo. Los planes de Él van más allá de lo que yo quisiera planear, planificar. Como Dios es más grande, entonces yo le doy oportunidad al más grande.

La oración es darle la oportunidad al gran Aliado, al Aliado grande que tenemos. Darle una oportunidad a Él para que obre, darle una oportunidad a Él para que se luzca.

lunes, 28 de noviembre de 2016

Aliado






Se logra incorporar de tal modo nuestra voluntad a la de Dios, que incluso aquellas cosas que parecerían imposibles, esas conversiones, esas transformaciones de las que a veces desesperamos, incluso esas son posibles para un corazón que todo lo espera de Él. Y este es el día para aprender a esperarlo todo de Él.
Unamos nuestras luces, como esas que tienen en sus manos, unamos nuestras luces a la hoguera de Dios, y en esta fogata del amor que se ofrece, del amor que se parte para poder repartirse, en esta fogata acrecentemos nuestro amor, para ser enteramente de la Presentación, enteramente de la caridad.
La oración no consiste en convencer a Dios; la oración consiste en abrir la puerta para que Él, que es tu gran Aliado, pueda batallar junto a ti, pueda defender tu causa.
La oración no es un cambio que nosotros producimos en Dios; la oración es el cambio, la oportunidad que nosotros le damos a Dios para que Él cambie lo que nosotros somos, lo que nosotros pensamos, lo que nosotros decimos y obramos, y esperamos también.
Quisiera que  esa frase quedara bien grabada en el corazón de todos : “La oración es la oportunidad que le doy a mi gran Aliado”. Tengo un Aliado grande. Yo no sólo tengo grandes problemas para Cristo, sino tengo un gran Cristo para mis problemas.
Tengo un gran Aliado, pero tengo que dejarlo obrar, tengo que darle oportunidad a Él para que obre.  La oración es eso, la oración es abrirse a las obras, a los planes, abrirse al tamaño de Dios.
Muchas veces uno entra a la oración solamente cuando ha descubierto las propias limitaciones. Hasta cierto punto es normal que suceda así. Uno descubre que es limitado y entonces se abre al Infinito, se abre al Ilimitado, al que no tiene límites: Dios nuestro Señor.
Se empieza a orar cuando descubre que Dios de pronto tiene ideas mejores que las nuestras. A Dios se le pueden ocurrir cosas que a mí no se me han ocurrido. Él ve lo que yo no estoy viendo. Los planes de Él van más allá de lo que yo quisiera planear, planificar. Como Dios es más grande, entonces yo le doy oportunidad al más grande.
La oración es darle la oportunidad al gran Aliado, al Aliado grande que tenemos. Darle una oportunidad a Él para que obre, darle una oportunidad a Él para que se luzca.
Por eso hace tanto énfasis a la alabanza. La alabanza no es adulación; la alabanza no es negociar con Dios, no es persuadir a Dios.
La alabanza es la conciencia crecida que tenemos de ese Dios que es más bello, que es más puro, que es más bueno, que es más sabio, que es más fuerte. Esa es la alabanza. La alabanza no cambia nada en Dios. Hay una oración en la misa que dice eso, un prefacio.
La alabanza no cambia nada en Dios. Dios está más allá de todo pensamiento, de todas nuestras palabras, de todas nuestras danzas, de todo nuestro don de lenguas. Dios está mucho más allá. Es tan grande, tan grande, rebasa nuestro entendimiento.
La alabanza no es para que cambie algo en Dios. La alabanza me ayuda a mí a convencerme de que ese Dios de verdad como que piensa cosas que a mí no se habían ocurrido. Ese Dios como que puede cosas que yo no podía.

Entonces la oración, especialmente la oración de alabanza, es la oportunidad que le damos a Dios para que Él se luzca.

Aspirar







Nuestra primer tarea, en este tiempo es la de abrir bien los ojos, la de abrir bien el corazón y la de aspirar el aroma, el suave aroma de la generosidad de Dios y de María.
 Doble regalo de Dios y del pueblo de Dios.En este tiempo de tantos aromas lo primero es aspirar esos aromas de generosidad, de gracia; lo primero es dejar que se pegue a nuestra ropa, a nuestro cuerpo, a nuestro corazón ese amor, que se peguen esos amores a nosotros, que podamos deleitarnos en esos amores. Viendo amar, seguramente nos moverá el amor; y viendo amar, llegará el día en el que todos nosotros unamos nuestra pequeña lamparita a estas hogueras de amor; y viendo amar, llegará el momento en que también nosotros unamos tímidamente nuestro canto a los cánticos de alabanza de los Ángeles y de la misma Virgen.

En ese momento, sólo en ese momento, podremos empezar también nosotros a presentarnos enteramente a Dios, a buscar que su voluntad sea nuestra dicha, y a encontrar en Él y sólo en Él nuestra fortaleza .

domingo, 27 de noviembre de 2016

Incorporar









Nuestra primer tarea, en este tiempo es la de abrir bien los ojos, la de abrir bien el corazón y la de aspirar el aroma, el suave aroma de la generosidad de Dios y de María.
 Doble regalo de Dios y del pueblo de Dios.En este tiempo de tantos aromas lo primero es aspirar esos aromas de generosidad, de gracia; lo primero es dejar que se pegue a nuestra ropa, a nuestro cuerpo, a nuestro corazón ese amor, que se peguen esos amores a nosotros, que podamos deleitarnos en esos amores. Viendo amar, seguramente nos moverá el amor; y viendo amar, llegará el día en el que todos nosotros unamos nuestra pequeña lamparita a estas hogueras de amor; y viendo amar, llegará el momento en que también nosotros unamos tímidamente nuestro canto a los cánticos de alabanza de los Ángeles y de la misma Virgen.
En ese momento, sólo en ese momento, podremos empezar también nosotros a presentarnos enteramente a Dios, a buscar que su voluntad sea nuestra dicha, y a encontrar en Él y sólo en Él nuestra fortaleza 

Presentaciòn






Presentaciòn de la Santísima Virgen, la Iglesia celebra esa donación de sí misma a Dios que realiza María, pero no independientemente de su familia, sino precisamente como fruto de esa familia, y en realidad, como el fruto de todo el caminar de un pueblo.
María es un regalo de Dios para la historia de los hombres, pero María es también el fruto precioso que el largo camiar de un pueblo finalmente puede ofrecer a su Señor.
Esta fiesta de la Presentación de la Virgen, es la fiesta de un doble regalo que el pueblo de Dios ofrece a su Señor, pero también es el regalo que Dios ofrece a su pueblo.
Es regalo del pueblo a su Señor, porque sólo a través de ese camino, de ese largo camino marcado por el pecado o por la desgracia, pero también por la esperanza y por la alegría, sólo a través, de ese largo camino, se hace posible este momento de la autodonación de la Virgen.
Es regalo de Dios a su pueblo, porque precisamente en esa generosidad de la Virgen, se abre por fin la puerta de la salvación por la que habrá de entrar el Rey de la gloria, por la que el Verbo encarnado podrá ofrecerse enteramente a nosotros.
 María se nos descubre como puerta de Dios para los hombres y como puerta de los hombres para Dios. ¿A qué precio? Al precio de desaparecer en cierto modo Ella misma.
Para ser enteramente puente, para ser totalmente puerta, hasta cierto punto hay que desaparecer .La Presentación de la Virgen significa también como su perfecta conformidad con la voluntad de Dios, con lo cual la voluntad de Ella, su voluntad de persona, de mujer, de discípula, queda totalmente anonadada y totalmente exaltada al mismo tiempo.
De aquí en adelante ya no va a aparecer voluntad de María que no sea voluntad de Dios; y en ese sentido, en esa perfecta esclavitud que luego Ella declarará ante el Ángel cuando dice: "Soy la esclava del Señor" San Lucas 1,38, esa plena esclavitud no nos dejará ver a María sin descubrir a Dios.  La voluntad de María queda absolutamente anonadada, pero también queda absolutamente exaltada.
En ninguna creatura como en Ella se cumplen tan perfectamente las palabras de Cristo: "El que se humilla será ensalzado" San Mateo 6,6, porque efectivamente, sometiendo por completo su voluntad a la de Dios Padre, que de tal manera la ama, María se convierte en cierto sentido en omnipotente y en omnisapiente y en omnipresente.
María participa de modo singular de la eficacia de la obra divina en las creaturas, y por eso goza de un poder, de una sabiduría, de una misericordia, que ninguna otra creatura puede tener.
Lo goza por participación ciertamente, pero como Dios no es mezquino, sino gozoso en darse, no hay medida para el poder de la Virgen. Por algo la Iglesia le ha aplicado aquellas palabras de que "es terrible como un ejército formado para la batalla"; pero también goza del poder de la misericordia de Dios, y por eso en su corazón compasivo encontramos refugio todos nosotros los pecadores.

Necesitamos de Dios no sólo para que nos atraiga con sus bienes, sino para que nos impulse, nos impela, desde nuestra misma historia nos mueva hacia Él.

Testigo







San Mateo es aquel famoso cobrador de impuestos que fue llamado por Jesús para que se convirtiera en discípulo y apóstol suyo, y así San Mateo acompañó al Señor hasta el momento de la cena y la cruz y luego fue testigo de la resurrección. Lo mismo el último de los evangelistas, San Juan, San Juan hermano de Santiago llamado el mayor, era uno de los dos hijos de Zebedeo, ellos eran pescadores.
 También hay un pasaje del evangelio que recuerda cuando Cristo llama a este par de pescadores para que se conviertan en apóstoles, así que Mateo y Juan eran Apóstoles, ¿pero que pasa con los otros dos, con Marcos y con Lucas? pues resulta que Marcos fue discípulo de dos de los apóstoles.
Marcos se llamaba Juan Marcos y fue discípulo primero de San Pablo .
Marcos y Pablo empezaron misionando juntos, Marcos siguió un tiempo evangelizando por su cuenta, pero luego se unió a la Misión del apóstol San Pedro y según la tradición Marcos llegó hasta Roma donde Pedro, según cuenta la misma tradición, vino a constituirse en cabeza de esa comunidad cristiana.
Por eso el papa es el obispo de Roma, porque el primero entre los apóstoles, es decir, San Pedro, el que recibió el encargo de confirmar en la fe a los hermanos, llegó hasta allá, hasta Roma, entonces Juan Marcos llegó allá.
De modo que el evangelio de San Marcos en buena parte contiene los recuerdos del apóstol San Pedro, con el que Marcos gastó unos buenos años. SanLucas fue discípulo y amigo de San Pablo, nos dice : la Segunda Carta de san Pablo a Timoteo, en un momento de desconsuelo, de cierta frustración, de cierto dolor, el hace cuentas de toda la gente que lo ha dejado, dice Demas me ha abandonado por amor a este mundo, (2 Carta de Timoteo 4, 10) donde se ve que también Pablo experimentó fracasos.
El evangelio de San Lucas y los Hechos de los Apóstoles, que también es de San Lucas, tenemos  una versión del evangelio como tal vez lo predicó, como tal vez lo quiso imprimir en los corazones el apóstol San Pablo y esto a nosotros nos dice mucho, porque San Lucas no era de familia judía, Lucas era de origen pagano, Lucas no tenía en su corazón, en su tradición de familia la ley de Moisés.
Lo que va a insistir Lucas en sus escritos, porque él tampoco era de familia judía y porque en cambio, sí estuvo cercano y en estrecho contacto con el gran predicador de la gracia de Dios, de la misericordia de Dios que fue el apóstol san Pablo.
Démosle gracias a Dios por el regalo del evangelio y recordemos siempre que en medio de nuestros dolores, que son los dolores que nos suceden como seres humanos, está presente esa oferta, ese regalo del Padre Celestial que es nuestro Señor Jesucristo.
San Lucas hace una serie de énfasis en su evangelio, el enfatiza en el poder del Espíritu Santo, enfatiza en el lugar irremplazable que tienen las mujeres en la difusión del evangelio; Y también, cómo la mujer puede frenar o bloquear la obra de la predicación, el destaca este aspecto de la mujer, que no lo hacen los demás escritores del Nuevo Testamento.
San Lucas  el evangelio es para los últimos, para los pobres, para los más tristes, esos son como predilectos de Dios para recibir el evangelio y Lucas insiste también en la alegría y en el poder del Espíritu Santo, podríamos decir, “democratizando la salvación” como enseñando que el espíritu es para todos, que el poder del espíritu llega a todos y que desde ese espíritu nosotros tenemos libre acceso a Dios Padre.

Este maravilloso mensaje de esperanza llegue a cada uno de nosotros.

Liberar

Detenernos en ese Corazón misericordioso y manso de Jesucristo, especialmente en esta palabra "manso", en una época de tanta agresividad como la que vivimos, qué descanso encontrar el Corazón de Jesucristo, un corazón que tiene en primer lugar palabras de perdón, de conversión, de misericordia.






Llamamos manso, en sentido propio, a aquél que estamos seguros de que no nos va hacer daño, a aquello que es inofensivo para nosotros, a aquello que nos puede acoger. Este es el Corazón misericordioso de Jesucristo. Nos acercamos a Él sin temor, y nosotros los pecadores somos los que primero debemos venir a esta fuente preciosa de amor, de dulzura, de conversión.
Cristo, no es que va a aprobar nuestros pecados, sino que nos va a liberar de ellos. No es que Cristo por manso es muy capaz, muy fuerte, vigoroso. Pero su poder no se dirige contra nosotros sino contra nuestros enemigos, especialmente contra ese enemigo que es veneno del alma, el pecado.
Acojamonos a Cristo con amor, con confianza como nos enseñó San Lucas; acojamonos a su piedad, a su bondad; regalémosle también nuestro corazón.

Nos has ganado para ti Jesucristo, con tu pureza con tu misericordia con tu mansedumbre y ahora somos tuyos y tuyos queremos ser.

Dignidad









Encontrar el camino hacia la oración es encontrar el camino hacia Dios, es encontrar que Él nos estaba buscando; este es el encuentro más maravilloso que puede realizar el ser humano; esta es la transformación más preciosa de nuestra vida; en esto está toda nuestra grandeza, porque esta grandeza de la unión con Dios es más fuerte que todo, más fuerte que el dolor, más que la pobreza, más que la enfermedad, incluso más fuerte que la muerte.
El Evangelista Lucas el que nos muestra varias veces a Jesucristo orando y a Jesucristo predicando sobre la oración.
El fariseo ora por lo que no es; el publicano ora por lo que Dios sí es; el fariseo, en su oración, da vueltas en torno a sí mismo y en torno a los demás; su oración no le levanta de la tierra; está pendiente de sí y está pendiente de los otros, no está pendiente de Dios.
Pero si es verdad que Dios en los templos tiene lluvias de bendiciones divinas.
El publicano se quedó atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Dios, ten compasión de este pecador!" San Lucas 18,13.
Él no miraba al cielo, pero el cielo sí lo miraba a él, cuando golpeaba su pecho, en ese corazón estaba ya golpeando las puertas del cielo. No es difícil golpear a las puertas del cielo, están aquí cerquita, están al alcance de tu mano y ahí puedes golpear a las puertas del cielo.
Cuando uno golpea las puertas del cielo, arrepintiéndose de sus pecados, Dios sale y abre, porque Él dijo: "Pedid, y se os dará; llamad, y se os abrirá; buscad, y hallaréis" San Mateo 7,7. Eso fue lo que hizo el publicano.
Dios dejó la puerta de su cielo aquí, aquí en nuestro propio pecho, en nuestro pecho contrito, en nuestro corazón humillado.
De manera que si se golpea a las puertas del cielo, si uno golpea el propio corazón, es Dios quien sale a abrir, es Dios quien nos atiende, es Dios quien está cerca de esos corazones arrepentidos. El arrepentimiento, mis hermanos, es un don precioso. Pidámosle al Señor ese don del arrepentimiento, pídámosle el don de la contrición.
Santa Teresa de Jesús; que es maestra de vida espiritual; si hay gente que sepa orar, entre ellos haría que contar a Santa Teresa de Jesús. Santa Teresa de Jesús decía que a veces se lograba más en un minuto, en un momento, en un instante de contrición, que en largas horas de meditaciones, agradecimientos o incluso alabanzas.  Puerta santa, permanece siempre abierta de par en par para nosotros la verdadera puerta de la misericordia, que es el Corazón de Cristo. Del costado traspasado del Resucitado brota hasta el fin de los tiempos la misericordia, la consolación y la esperanza”.
La contrición tiene una gracia muy grande, porque nos hace, a través del abismo de nuestra miseria, asomarnos al abismo de la misericordia de Dios.
Nadie tiene un retrato tan cercano del amor de Dios, nadie tiene una experiencia tan inmediata del amor de Dios como la persona que se reconoce pecadora, como la persona que puede ver su pecado superado, su pecado vencido.
Dios está tan cerca del pecador arrepentido, está tan cerca tan increíblemente cerca, que es casi como si a carne de ese pecador, el cuerpo de ese pecador y la vida de ese pecador fueran tomados por Dios, fueran tomados por Jesucristo.
Sabemos que hay una presencia de Cristo en el sacerdote que absuelve, pero hay que saber también que hay una presencia de Cristo en el pecador que se arrepiente.
Cuando las personas se arrepienten, como este publicano, cuando lloran con sinceridad sus culpas, cuando gimen pidiendo misericordia, se siente que eso sucede en persona de Cristo también. ¡Qué maravillosa es la confesión!
Es muy alta y muy bella la dignidad que el Señor les concede a los sacerdotes, sin mérito alguno, para absolver los pecados, eso es muy grande; pero la admiración que se tenga por la dignidad del sacerdote, que no disminuya la admiración que debemos tener por  Cristo que los conduce, que guía maravillosamente hacia el arrepentimiento. ¡Es El el que hace ese duro trabajo Cristo!
Aprendamos entonces a orar con arrepentimiento, con sinceridad, con humildad; aprendamos a tocar las puertas del cielo, que ahora sabemos que están muy cerca, y recibamos de Dios su unción para tener sus mismos sentimientos.
San Agustín, el gran obispo y doctor de la Iglesia :"Si no te pareciste a Dios amando el bien, ahora puedes parecerte detestando el mal".
Retirémonos, apartémonos pero por amor a Dios; apartémonos de nuestras antiguas faltas, y llenos de confianza, llenos de humildad y llenos de fe, repitamos también nosotros estas palabras del publicano: "¡Dios, ten compasión de este pecador!" San Lucas 18,13.
Encontraríamos la originalidad y la grandeza de este Evangelista.
La obra del Espíritu en Jesús, hasta hacerlo Cristo; y la obra del Espíritu en nosotros, hasta hacernos cristianos. Es la manera de describir las cosas San Lucas, la grandeza y la originalidad de este Evangelista.
Otro modo todavía de describirlo es: "Cristo, el Elegido", el Evangelio, y "Los elegidos en Cristo". Se nota muy claramente cuando, en el discurso de Pentecostés,se presenta después de esas palabras de Pedro, se les iba agregando gente. La obra de Lucas es la historia de cómo se va agregando gente, cómo el Señor va mostrando su elección.
Las obras completas de San Lucas: "Jerusalén" "Hacia Jerusalén". mirar el conjunto de la obra de San Lucas, todo es como una inmensa peregrinación hacia Jerusalén.
Jerusalén es el lugar de referencia, Jerusalén es el punto de llegada en la primera parte de la obra de San Lucas; y luego, Jerusalén es el punto de partida para la segunda parte de la obra de San Lucas.
San Lucas, es como el palpitar de un corazón, que primero tiene que contarse y luego tiene que expandirse. La obra de San Lucas es como un corazón que palpita, y el centro de ese corazón está en el Corazón de Cristo Crucificado a las afueras de Jerusalén.
En el centro está Jerusalén; todo se congrega hacia Jerusalén, allí estalla el amor de Dios, allí, "revienta", como diría Catalina de Siena, el saco de la misericordia divina, y corren entonces ríos de piedad, ríos de salvación, ríos de redención que, desde Cristo Resucitado, se van difundiendo y van llegando hasta los confines de la tierra.
Las obras completas de San Lucas; tenemos  en el capítulo primero de la primera parte,  María, y de las entrañas de esa Marìa, fecunda en el Espíritu, y por eso del Espíritu surge la Palabra de Vida.
Marìa, al principio de la segunda parte,  ya no Ella sola, sino está obrando con algunos de los discípulos de Cristo, y de las entrañas, ya no sólo de  Marìa, sino de esa comunidad, surge la Iglesia, surge el Cuerpo de Cristo; de ahí, de esas entrañas, nace la Iglesia, de ahí nace el Cristo Total.
Es la pobreza de Cristo. Y todo lo que rodea a Cristo es pobre en el evangelio de San Lucas. Este es un verdadero enamorado de la pobreza. Es la pobreza de Cristo y es la gracia de Cristo.
San Lucas. empieza a describir cómo empezó todo, entonces dice que: "Había un pueblo que se llamaba Nazaret en Galilea" San Lucas 1,26. Y tiene que hacerle una presentación a ese pueblo, porque a ese pueblo no lo conocía nadie, Nazaret.
"¿Puede salir algo bueno de Nazaret?" San Lucas 1,46. sí puede salir algo bueno de Nazaret.
Es contar cómo, desde lo más oculto y desde lo más humilde, Dios logra la victoria; y luego, cómo esa victoria humilla a los poderosos.  "Derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes" San Lucas 1,52.
"Enaltece a los humildes" San Lucas 1,52, y la segunda parte, que es la que cuenta la victoria del Evangelio hasta llegar a Roma, se llamaría: "Derriba del trono a los poderosos" San Lucas 1,52.
Gracias te damos, Señor, por San Lucas, el Evangelista, porque en él pronunciaste palabras que nos cuentan cómo viniste del cielo a la tierra, y que nos dicen cómo se va de la tierra al cielo. La mansedumbre de Cristo pobre. y evangelizador con el poder del Espíritu, para alegría de la Iglesia y del mundo.

Una síntesis del mensaje de San Lucas: La mansedumbre de Cristo pobre, evangelizador con el poder del Espíritu, para gozo de la Iglesia y conversión del mundo.

sábado, 19 de noviembre de 2016

Adviento



Tuvo que andar por el desierto, los cuervos le traían pan en el pico, un ángel lo despertó porque se le acabaron las fuerzas y se deseó la muerte, pero permaneció fiel a Dios. Tuvo que caminar hasta la montaña santa donde Dios había dado la Ley de Moisés, el Horeb, el monte Sinaí, y permaneció fiel a Dios.Es decir, este es el profeta de la fidelidad a Dios, este es el profeta que nos enseña que Dios está primero que todo. Y ese estilo de vida y esa manera de hablar fue la que tuvo Juan el Bautista.
Para encontrarse con Cristo, que ese es el objetivo de la Navidad, se necesita un corazón así, un corazón que esté dispuesto a perder todo.
Hay un ejemplo tan bonito en la Biblia, que no es de la lectura del evangelio de hoy, pero es tan bello, y viene tan a punto que vamos a mencionarlo.
¿Usted se acuerda cuando había un ciego por allá al borde del camino que le gritaba al Señor: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí”? San Marcos 10,47, y la gente le decía que se callara, pero él seguía gritando, entonces Jesús les dijo: "Bueno, entonces díganle que venga" San Marcos 10,49.
El hombre, dice el texto bíblico, "dando un salto, tiró el manto y se fue donde Jesús".San Marcos 10,50."Tiró el manto" San Marcos 10,50.
Pero él tira el manto, es decir, él se arriesga. Una actitud así es la que necesitamos en este Adviento: apostarle radicalmente a Jesucristo, creerle a Él.
No solamente creer en Dios, es creerle a Dios, apostar por Dios, tirar también nosotros el manto y decir: "Señor, no se qué va a pasar conmigo. Yo necesito mucho abrigo, necesito mucha protección, necesito mucho cariño, necesito mucha ayuda, pero estoy dispuesto a dejar todo".
"Quiero  encontrarme contigo, aunque tenga que perder todo, aunque no sepa más; quiero encontrarme contigo, quiero estar contigo, quiero vivir contigo, quiero recibir lo que tú ofreces".
Esa es la actitud del Adviento, por eso la Iglesia nos regaló esta lectura para que nosotros tomemos esa actitud, para que nosotros digamos: "Señor, páseme lo que me pase, sucédame lo que me suceda, piérdase lo que se pierda, quiero apostar por ti, quiero salir a tu encuentro".
También yo quiero incluso tirar por el lado mis certezas; quiero saber qué es estar contigo. Decía San Pablo que quería tener una experiencia íntima de la muerte de Cristo y del poder de la resurrección, y eso es lo que nosotros vamos a vivir en este Adviento: que nazca en nosotros la resolución total, la resolución de Elías, la resolución de Juan Bautista.
Lo que sea, que se pierda lo que sea, que suceda lo que sea; tengo que encontrarme con El, Él me espera, yo lo espero, tenemos que encontrarnos. ¡Vamos a salir al encuentro del Señor!
El Adviento con el evangelio va acompañando el ritmo De manera que el evangelio va mostrando cómo en Jesús se sacia esa hambre que hay en nuestro corazón, y cómo en Jesús se cumplen las promesas que Dios había hecho.
Por eso la lectura de la genealogía de Jesucristo según San Mate que nos cuenta cómo entra José en ese plan misterioso y bello por el que Dios quiso darnos el regalo de los regalos: la presencia de su Verbo en nuestra tierra, para rescatarnos del pecado y para abrir un camino y comunicarnos el Espíritu Santo.
Dios quería no solamente darnos a su Hijo, sino por medio de Él, abrir un camino que nos permitiera participar de su naturaleza y ser con Él y habitar para siempre con Él.
 "El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera" San Mateo 1,18, se cuenta el lugar que tiene  San José.
Guiados por la Palabra de Dios, cuál es el papel de este gran hombre . Porque resulta mucho menos evidente, desde luego, que el de la Santísima Virgen. Y como es tan grande la santidad de Ella, la pureza de Ella, y el milagro sucedido en Ella, pues ante un brillo tan grande, casi podemos descuidar el brillo que también tiene la obra de Dios en el corazón de San José.
Resulta que la genealogía que nos ha presentado Mateo termina en San José, el esposo de María. Es evidente en la intención de Mateo, que si a Jesús se le llama Hijo de David, este no es un título accidental sino esencial, como repuesta a su vocación mesiánica, como respuesta a la expectativa mesiánica del pueblo.
Si a Jesús se le llama Hijo de David, es por José. Dice la genealogía al final:" Matthán engendró a Jacob, Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús" San Mateo 1,15-16.
Es, por San José, por quien se llama a Jesús Hijo de David. Claro, está en discusión la relación de la Santa Virgen con la raíz dadívica; si María pertenecía o no pertenecía a la descendencia de David, digamos que eso no lo podemos resolver completamente con lo que nos ofrece la Biblia.
Lo que sí nos queda claro es, que en la mentalidad de Mateo, que es el que trata realmente esto, Jesús es Hijo de David por San José. Y así lo llama el Ángel en ese mensaje del sueño: "Jose, hijo de David" San Mateo 1,20.
¿Que es lo que le comunica el Ángel después de llamarlo "hijo de David" y de llamar a María "su mujer"? Le dice: "La creatura que hay en Ella viene del Espíritu Santo" San Mateo 1,20, y luego dice: "Tú le pondrás por nombre Jesús" San Mateo 1,21.
Es evidente que el acto de poner el nombre es una acto paterno, lo vemos por lo que sucede en el acontecimiento del nacimiento del Bautista y por muchos otros pasajes en la Biblia.  San José es veraderamente hijo de David, y el Ángel trata a José como verdadero padre de Jesús.
De manera que el Espíritu Santo, que hace que la Virgen sea madre, es el Espíritu Santo que hace que este virgen sea padre. Y ese primer dato me parece que es fundamental y que además es hermosísimo. Es el Espíritu Santo el que hace fecunda la virginidad de María, y es el Espíritu Santo el que hace fecunda la virginidad de San José.
Así como es el Espíritu, obrando con su amor en María, la hace Madre, así también el Espíritu Santo, obrando con su amor, hace de San José padre.
Pero hay un poco más. Indudablemente, en José hay un amor hacia María. Dice aquí: "No quiere denunciarla" San Mateo 1,19. Esto indica una aprecio, esto indica una conciencia de la grandeza del don que hay en esa mujer, esto indica amor, una amor que va más allá de toda sombra, podríamos decir de duda, un amor que quiere ser más grande que la duda.
De modo que lo que hace el Espíritu Santo no es reemplazar a José; lo que hace el Espíritu Santo es bendecir y hacer fecundo el amor virginal de María y San José. El padre de jesús no es el Espíritu Santo, el Padre de Jesús es Dios Padre.
El Espíritu Santo no es el papá de Jesús, que es la mentalidad que tiene un poco la gente, o mucha gente; como que el Espíritu Santo venía a reemplazar la parte masculina en la concepción de Jesús de las entrañas de María.
El Espíritu Santo viene como una bendición de amor, una bendición celestial, una bendición del Padre, y una bendición que llega al amor de una pareja, y hace de esta pareja de vírgenes, una pareja de padre y madre.
Si nosotros atendemos las palabras del Ángel, y la manera como obra San José, y la manera como habla María,  en el acontecimiento aquel de pérdidaen el Templo, lo que tenemos es distinto: María y José sienten que Jesús es el regalo que Dios les dio a los dos; Jesús es la bendición de Dios, entregada por la obra del Espíritu Santo, al amor de ellos.
Claro, Jesús es formado de las entrañas, es formado de la carne de María, no es formado de la nada, es formado de las entrañas de María. Pero es que San José siente que la carne de María es carne suya, por eso dice San Pablo, en esta misma mentalidad: "Amar a la mujer es amar al propio cuerpo" Carta a los Efesios 5,28.
San José siente que María es de él. Antes y más allá de toda intimidad física, José siente que María es de él. Y por eso, la bendición que el Espíritu Santo trae, bendición más grande que cualquier otra, a las entrañas de María, es una bendición para la carne de María y es una bendición para una carne que José siempre siente suya.
San José lo que siente es: "El amor ha bendecido nuestra carne; el amor de Dios ha bendecido nuestra unión". Es una visión muy distinta: "La amo, la admiro, la siento mía".
 El amor de Dios viene a decir: "Ahora, yo tomo ese amor de ustedes, y ese amor de ustedes lo colmo, lo bendigo, lo elevo, lo levanto más allá de todo amor de pareja; lo tomo y lo levanto más allá de lo que ustedes hubieran podido amarse".
San José se siente bendecido sobre toda bendición; se siente amado: "Dios ha tomado nuestro amor y ha hecho de aquella mujer, que es el regalo que Él mismo me ha dado, ha hecho de Ella instrumento del regalo más grande, del don más grande que yo podría recibir".