Encontrar el camino hacia la oración es encontrar el camino hacia
Dios, es encontrar que Él nos estaba buscando; este es el encuentro más
maravilloso que puede realizar el ser humano; esta es la transformación más
preciosa de nuestra vida; en esto está toda nuestra grandeza, porque esta
grandeza de la unión con Dios es más fuerte que todo, más fuerte que el dolor,
más que la pobreza, más que la enfermedad, incluso más fuerte que la muerte.
El Evangelista Lucas el que nos muestra varias veces a
Jesucristo orando y a Jesucristo predicando sobre la oración.
El fariseo ora por lo que no es; el publicano ora por lo que
Dios sí es; el fariseo, en su oración, da vueltas en torno a sí mismo y en
torno a los demás; su oración no le levanta de la tierra; está pendiente de sí
y está pendiente de los otros, no está pendiente de Dios.
Pero si es verdad que Dios en los templos tiene lluvias de
bendiciones divinas.
El publicano se quedó atrás, no se atrevía ni a levantar los
ojos al cielo, sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Dios, ten compasión
de este pecador!" San Lucas 18,13.
Él no miraba al cielo, pero el cielo sí lo miraba a él, cuando
golpeaba su pecho, en ese corazón estaba ya golpeando las puertas del cielo. No
es difícil golpear a las puertas del cielo, están aquí cerquita, están al
alcance de tu mano y ahí puedes golpear a las puertas del cielo.
Cuando uno golpea las puertas del cielo, arrepintiéndose de sus
pecados, Dios sale y abre, porque Él dijo: "Pedid, y se os dará; llamad, y
se os abrirá; buscad, y hallaréis" San Mateo 7,7. Eso fue lo que hizo el publicano.
Dios dejó la puerta de su cielo aquí, aquí en nuestro propio
pecho, en nuestro pecho contrito, en nuestro corazón humillado.
De manera que si se golpea a las puertas del cielo, si uno
golpea el propio corazón, es Dios quien sale a abrir, es Dios quien nos
atiende, es Dios quien está cerca de esos corazones arrepentidos. El
arrepentimiento, mis hermanos, es un don precioso. Pidámosle al Señor ese don
del arrepentimiento, pídámosle el don de la contrición.
Santa Teresa de Jesús; que es maestra de vida espiritual; si hay
gente que sepa orar, entre ellos haría que contar a Santa Teresa de Jesús.
Santa Teresa de Jesús decía que a veces se lograba más en un minuto, en un
momento, en un instante de contrición, que en largas horas de meditaciones,
agradecimientos o incluso alabanzas. Puerta santa, permanece siempre
abierta de par en par para nosotros la verdadera puerta de la misericordia, que
es el Corazón de Cristo. Del costado traspasado del Resucitado brota hasta el
fin de los tiempos la misericordia, la consolación y la esperanza”.
La contrición tiene una gracia muy grande, porque nos hace, a
través del abismo de nuestra miseria, asomarnos al abismo de la misericordia de
Dios.
Nadie tiene un retrato tan cercano del amor de Dios, nadie tiene
una experiencia tan inmediata del amor de Dios como la persona que se reconoce
pecadora, como la persona que puede ver su pecado superado, su pecado vencido.
Dios está tan cerca del pecador arrepentido, está tan cerca tan
increíblemente cerca, que es casi como si a carne de ese pecador, el cuerpo de
ese pecador y la vida de ese pecador fueran tomados por Dios, fueran tomados
por Jesucristo.
Sabemos que hay una presencia de Cristo en el sacerdote que
absuelve, pero hay que saber también que hay una presencia de Cristo en el
pecador que se arrepiente.
Cuando las personas se arrepienten, como este publicano, cuando
lloran con sinceridad sus culpas, cuando gimen pidiendo misericordia, se siente
que eso sucede en persona de Cristo también. ¡Qué maravillosa es la confesión!
Es muy alta y muy bella la dignidad que el Señor les concede a
los sacerdotes, sin mérito alguno, para absolver los pecados, eso es muy grande;
pero la admiración que se tenga por la dignidad del sacerdote, que no disminuya
la admiración que debemos tener por Cristo que los conduce, que guía
maravillosamente hacia el arrepentimiento. ¡Es El el que hace ese duro trabajo
Cristo!
Aprendamos entonces a orar con arrepentimiento, con sinceridad,
con humildad; aprendamos a tocar las puertas del cielo, que ahora sabemos que
están muy cerca, y recibamos de Dios su unción para tener sus mismos
sentimientos.
San Agustín, el gran obispo y doctor de la Iglesia :"Si no
te pareciste a Dios amando el bien, ahora puedes parecerte detestando el
mal".
Retirémonos, apartémonos pero por amor a Dios; apartémonos de
nuestras antiguas faltas, y llenos de confianza, llenos de humildad y llenos de
fe, repitamos también nosotros estas palabras del publicano: "¡Dios, ten
compasión de este pecador!" San Lucas 18,13.
Encontraríamos la originalidad y la grandeza de este
Evangelista.
La obra del Espíritu en Jesús, hasta hacerlo Cristo; y la obra
del Espíritu en nosotros, hasta hacernos cristianos. Es la manera de describir
las cosas San Lucas, la grandeza y la originalidad de este Evangelista.
Otro modo todavía de describirlo es: "Cristo, el
Elegido", el Evangelio, y "Los elegidos en Cristo". Se nota muy
claramente cuando, en el discurso de Pentecostés,se presenta después de esas
palabras de Pedro, se les iba agregando gente. La obra de Lucas es la historia
de cómo se va agregando gente, cómo el Señor va mostrando su elección.
Las obras completas de San Lucas: "Jerusalén"
"Hacia Jerusalén". mirar el conjunto de la obra de San Lucas, todo es
como una inmensa peregrinación hacia Jerusalén.
Jerusalén es el lugar de referencia, Jerusalén es el punto de
llegada en la primera parte de la obra de San Lucas; y luego, Jerusalén es el
punto de partida para la segunda parte de la obra de San Lucas.
San Lucas, es como el palpitar de un corazón, que primero tiene
que contarse y luego tiene que expandirse. La obra de San Lucas es como un
corazón que palpita, y el centro de ese corazón está en el Corazón de Cristo
Crucificado a las afueras de Jerusalén.
En el centro está Jerusalén; todo se congrega hacia Jerusalén,
allí estalla el amor de Dios, allí, "revienta", como diría Catalina
de Siena, el saco de la misericordia divina, y corren entonces ríos de piedad,
ríos de salvación, ríos de redención que, desde Cristo Resucitado, se van
difundiendo y van llegando hasta los confines de la tierra.
Las obras completas de San Lucas; tenemos en el capítulo primero de la primera parte, María, y de las entrañas de esa Marìa, fecunda
en el Espíritu, y por eso del Espíritu surge la Palabra de Vida.
Marìa, al principio de la segunda parte, ya no Ella sola, sino está obrando con
algunos de los discípulos de Cristo, y de las entrañas, ya no sólo de Marìa, sino de esa comunidad, surge la
Iglesia, surge el Cuerpo de Cristo; de ahí, de esas entrañas, nace la Iglesia,
de ahí nace el Cristo Total.
Es la pobreza de Cristo. Y todo lo que rodea a Cristo es pobre
en el evangelio de San Lucas. Este es un verdadero enamorado de la pobreza. Es
la pobreza de Cristo y es la gracia de Cristo.
San Lucas. empieza a describir cómo empezó todo, entonces dice
que: "Había un pueblo que se llamaba Nazaret en Galilea" San Lucas 1,26. Y tiene que hacerle una presentación a ese pueblo, porque
a ese pueblo no lo conocía nadie, Nazaret.
"¿Puede salir algo bueno de Nazaret?" San Lucas 1,46. sí puede salir algo bueno de Nazaret.
Es contar cómo, desde lo más oculto y desde lo más humilde, Dios
logra la victoria; y luego, cómo esa victoria humilla a los poderosos. "Derriba del trono a los poderosos y
enaltece a los humildes" San Lucas 1,52.
"Enaltece a los humildes" San Lucas 1,52, y la segunda parte, que es la que cuenta la victoria del
Evangelio hasta llegar a Roma, se llamaría: "Derriba del trono a los
poderosos" San Lucas 1,52.
Gracias te damos, Señor, por San Lucas, el Evangelista, porque
en él pronunciaste palabras que nos cuentan cómo viniste del cielo a la tierra,
y que nos dicen cómo se va de la tierra al cielo. La mansedumbre de Cristo
pobre. y evangelizador con el poder del Espíritu, para alegría de la Iglesia y
del mundo.
Una síntesis del mensaje de San Lucas: La mansedumbre de Cristo
pobre, evangelizador con el poder del Espíritu, para gozo de la Iglesia y
conversión del mundo.