Nuestra primer tarea, en este tiempo es la de abrir bien los
ojos, la de abrir bien el corazón y la de aspirar el aroma, el suave aroma de
la generosidad de Dios y de María.
Doble regalo de Dios y
del pueblo de Dios.En este tiempo de tantos aromas lo primero es aspirar esos
aromas de generosidad, de gracia; lo primero es dejar que se pegue a nuestra
ropa, a nuestro cuerpo, a nuestro corazón ese amor, que se peguen esos amores a
nosotros, que podamos deleitarnos en esos amores. Viendo amar, seguramente nos
moverá el amor; y viendo amar, llegará el día en el que todos nosotros unamos
nuestra pequeña lamparita a estas hogueras de amor; y viendo amar, llegará el
momento en que también nosotros unamos tímidamente nuestro canto a los cánticos
de alabanza de los Ángeles y de la misma Virgen.
En ese momento, sólo en ese momento, podremos empezar también
nosotros a presentarnos enteramente a Dios, a buscar que su voluntad sea
nuestra dicha, y a encontrar en Él y sólo en Él nuestra fortaleza .
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