El Antiguo Testamento nos ayuda a descubrir nuestra hambre, nos
ayuda a descubrir nuestra necesidad, y luego el Nuevo Testamento cumple o llena
esa necesidad, ese vacío que se tenía lo llena a través de Jesucristo, en su
presencia.
Eso es también lo mismo que sucede entre el Adviento y la
Navidad. ¿Para qué es este tiempo de Adviento? Para hacer hambre. Este tiempo
de Adviento es para que, a lo largo de todas estas lecturas, uno se dé cuenta
cuánto necesita de Jesucristo, uno se dé cuenta que realmente sin Cristo la
vida está gravemente incompleta. Para que cuando llegue la Navidad, cuando
llegue Jesús, entonces nosotros digamos: "Éste es el que estábamos
esperando".
Aparece una realidad humana, un drama humano muy claro que es el
cansancio, el tedio, el agotamiento, el sentirse sin fuerzas, el no poder
encontrar una razón para seguir adelante. Esta es una experiencia que muchas
personas tienen.
Es muy interesante lo que dice el Señor. Él no promete un paraíso,
Él no nos está diciendo: "Vengan y se les acabarán los problemas, vengan y
no habrá dificultades. Él lo que dice es: "Les voy a cambiar de
yugo". Es decir: "Dejen de cargar el yugo que están llevando ustedes
y carguen ahora el yugo mío". El texto que leímos fue: “Cargad con mi yugo
y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro
descanso” San Mateo 11,29 .
Jesús sí nos ofrece un descanso, pero es un descanso
muy particular. .
Cristo no nos habla de un descanso de inactividad sino nos habla
de un descanso productivo. Es el trabajar sin cansarse, es el producir frutos
sin agobiarse, es avanzar sin fatigarse. Fíjate que en el fondo es lo mismo que
nos había dicho la primera lectura: “Los que esperan en el Señor,esto tiene
su famoso canto carismático, los que esperan en el Señor renuevan sus
fuerzas, corren sin cansarse y marchan sin fatigarse” Isaías
40,31.
El
descanso que nos propone la Biblia es: "Encuéntrale el sabor y el sentido
a todo lo que haces. Encuéntrale el sabor y el sentido a tu existencia y descubrirás
que no te cansas"
Pero si uno dice: "Voy a hacer lo que hago cumpliendo la voluntad de Dios, y esto lo voy a hacer por amor al Señor,
y que mi Señor se glorifique en todo.
Cada pedacito de la vida se llena de significado y cada pedacito
de la vida se llena del color y del perfume y del sabor de Cristo. Todo
adquiere ese esplendor de Él, y si adquiere ese color y adquiere ese esplendor,
entonces uno no siente el cansancio. Este es el secreto de grandes santos. Por
eso nos maravilla la manera como vivieron tan activamente.
Que Dios nos regale esa presencia de Cristo en todas las horas
de nuestro día y sentiremos, como dice Isaías, que "corremos sin cansarnos
y que marchamos sin fatigarnos” Isaías
40,31
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