Es algo que
brota en todos los corazones, pero Jesús nos dice que "el árbol se conoce
por sus frutos" San Mateo 7,20.
Este árbol de
las peticiones crece en todas partes, hay que ver la calidad de fruto que da en
cada una de esas partes, es decir, en cada corazón; hay que ver cuál es el
fruto que da, que por decirlo más sencillamente, hay que ver cuál es la calidad
de nuestras peticiones.
Todos los
seres humanos o casi todos oramos, y de alguna u otra forma, pedimos. No se
aparta de esta misma regla el mismo Señor Jesucristo que pidió y dio tantas
cosas y dijo: "Lo que pida al Padre me lo concederá” San Mateo 18,19.
No
se exime Jesucristo de esta ley universal, pero lo que pide cada corazón
muestra el amor y el interés que hay en cada uno de ellos.
“Dime qué pides cuando oras, y te diré quién
eres"; dime como es tu oración de petición, y te diré qué intereses hay en
tu alma y te diré, cuál es la estatura, cuál es el recorrido, cuál es la
profundidad de la vida del Espíritu en ti”.
Está
claro que sólo en la oración está la clave del crecimiento espiritual, y por
consiguiente, de la fecundidad apostólica, y la evangelización de la vida toda de la
Iglesia.
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