miércoles, 30 de noviembre de 2016

Glorificate

La oración es la concentración de mi fe, la concentración de mi esperanza y de mi amor. Estoy convencida de quién es el Dios en el que creo, yo le abro espacio. Entonces  “Lúzcase, mi Dios”, “lúzcase Señor”, “mire, aquì está esta criatura, lúzcase; tenga la bondad, Señor, haga su obra maravillosa , que brille ahí su gloria”.



















Jesús, dice, echando entorno una mirada de ira le dijo al hombre de la mano seca: “Párate ahí” San lucas 6,8.
 “A ver, ¿qué es lo bueno y qué es lo malo? ¿Echar a perder una vida o salvarla?"San lucas 6,9.
“Señor, todo está dado, tú lo amas, él te ama, todo está dado, el terreno es tuyo, hazlo, glorifícate, que sea santificado tu Nombre”.
 Dios obra con poder y hace maravillas. Todos podemos orar, y tenemos que orar con perseverancia, por eso la perseverancia en la oración es posible.
Él decía: “Y ahora verá lo maravilloso que es mi Dios, seguro que Dios va a hacer una cosa lindísima como no la ha hecho nunca y nos vamos a gozar esto aquí”. Ese es Emiliano Tardif, es el hombre que le deja el espacio a Dios, es el hombre que dice: “Dios lo puede hacer”.
Por eso los carismas no dependen de la capacidad de darle el espacio a Dios.
El hecho de que Dios es amor, no quita nada sino que añade mucho a la seriedad y a la profundidad de su juicio. Precisamente porque su amor es total, irreversible, irrevocable, continuo, gratuito, precisamente por éso, juzga.
Un amor así nos ha dejado sin ninguna excusa.
Cuando descubrimos y en la medida en que descubrimos la potencia de la gracia de Jesucristo, descubrimos que por éso Él es el Juez, precisamente por ser tan amoroso, precisamente por ser tan tierno, precisamente por haberse ocupado tanto y tantas veces de tantas maneras de cada uno de nosotros.

Él es el único Juez. Porque, ante la verdad del amor de Jesucristo, ninguna excusa. Como el juicio es ante Él y Él nos ha amado así,  sabemos que nos ha amado así.

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