domingo, 27 de noviembre de 2016

Presentaciòn






Presentaciòn de la Santísima Virgen, la Iglesia celebra esa donación de sí misma a Dios que realiza María, pero no independientemente de su familia, sino precisamente como fruto de esa familia, y en realidad, como el fruto de todo el caminar de un pueblo.
María es un regalo de Dios para la historia de los hombres, pero María es también el fruto precioso que el largo camiar de un pueblo finalmente puede ofrecer a su Señor.
Esta fiesta de la Presentación de la Virgen, es la fiesta de un doble regalo que el pueblo de Dios ofrece a su Señor, pero también es el regalo que Dios ofrece a su pueblo.
Es regalo del pueblo a su Señor, porque sólo a través de ese camino, de ese largo camino marcado por el pecado o por la desgracia, pero también por la esperanza y por la alegría, sólo a través, de ese largo camino, se hace posible este momento de la autodonación de la Virgen.
Es regalo de Dios a su pueblo, porque precisamente en esa generosidad de la Virgen, se abre por fin la puerta de la salvación por la que habrá de entrar el Rey de la gloria, por la que el Verbo encarnado podrá ofrecerse enteramente a nosotros.
 María se nos descubre como puerta de Dios para los hombres y como puerta de los hombres para Dios. ¿A qué precio? Al precio de desaparecer en cierto modo Ella misma.
Para ser enteramente puente, para ser totalmente puerta, hasta cierto punto hay que desaparecer .La Presentación de la Virgen significa también como su perfecta conformidad con la voluntad de Dios, con lo cual la voluntad de Ella, su voluntad de persona, de mujer, de discípula, queda totalmente anonadada y totalmente exaltada al mismo tiempo.
De aquí en adelante ya no va a aparecer voluntad de María que no sea voluntad de Dios; y en ese sentido, en esa perfecta esclavitud que luego Ella declarará ante el Ángel cuando dice: "Soy la esclava del Señor" San Lucas 1,38, esa plena esclavitud no nos dejará ver a María sin descubrir a Dios.  La voluntad de María queda absolutamente anonadada, pero también queda absolutamente exaltada.
En ninguna creatura como en Ella se cumplen tan perfectamente las palabras de Cristo: "El que se humilla será ensalzado" San Mateo 6,6, porque efectivamente, sometiendo por completo su voluntad a la de Dios Padre, que de tal manera la ama, María se convierte en cierto sentido en omnipotente y en omnisapiente y en omnipresente.
María participa de modo singular de la eficacia de la obra divina en las creaturas, y por eso goza de un poder, de una sabiduría, de una misericordia, que ninguna otra creatura puede tener.
Lo goza por participación ciertamente, pero como Dios no es mezquino, sino gozoso en darse, no hay medida para el poder de la Virgen. Por algo la Iglesia le ha aplicado aquellas palabras de que "es terrible como un ejército formado para la batalla"; pero también goza del poder de la misericordia de Dios, y por eso en su corazón compasivo encontramos refugio todos nosotros los pecadores.

Necesitamos de Dios no sólo para que nos atraiga con sus bienes, sino para que nos impulse, nos impela, desde nuestra misma historia nos mueva hacia Él.

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