Detenernos en ese Corazón misericordioso y manso de Jesucristo,
especialmente en esta palabra "manso", en una época de tanta
agresividad como la que vivimos, qué descanso encontrar el Corazón de
Jesucristo, un corazón que tiene en primer lugar palabras de perdón, de
conversión, de misericordia.
Llamamos manso, en sentido propio, a aquél que estamos seguros
de que no nos va hacer daño, a aquello que es inofensivo para nosotros, a
aquello que nos puede acoger. Este es el Corazón misericordioso de Jesucristo.
Nos acercamos a Él sin temor, y nosotros los pecadores somos los que primero
debemos venir a esta fuente preciosa de amor, de dulzura, de conversión.
Cristo, no es que va a aprobar nuestros pecados, sino que nos va
a liberar de ellos. No es que Cristo por manso es muy capaz, muy fuerte, vigoroso. Pero su poder no se dirige
contra nosotros sino contra nuestros enemigos, especialmente contra ese enemigo
que es veneno del alma, el pecado.
Acojamonos a Cristo con amor, con confianza como nos enseñó San
Lucas; acojamonos a su piedad, a su bondad; regalémosle también nuestro
corazón.
Nos has ganado para ti Jesucristo, con tu pureza con tu
misericordia con tu mansedumbre y ahora somos tuyos y tuyos queremos ser.
No hay comentarios:
Publicar un comentario