sábado, 19 de noviembre de 2016

Mateo 21,23

La predicación de Juan era como un llamado supremo a la conversión, un llamado vigoroso, casi brusco, hacia la conversión. "¡Deje de decirse mentiras y vuélvase a Dios!"
La predicación de Jesús es un mensaje de gracia, de ternura, de perdón. Pero, esta ternura no se entiende sino sobre el fondo del llamado brusco a la conversión de Juan.
Con otras palabras, si nosotros queremos quedarnos sólo con la parte tierna del evangelio, la parte dulce de las palabras de Dios, seguramente no entendemos, ni a Jesús, ni a Juan, ni a Dios, ni a nadie.
Es necesario haber pasado un poco por esa puerta estrecha de Juan. Es necesario haber pasado por esa convicción de que de veras debo cambiar de vida. Pero, basta con que yo tenga esa convicción, para que de inmediato la presencia de Jesús y la gracia de Jesús me transforme.
Esta es una enseñanza importante que nos da el evangelio .
De modo que hay una relación profunda entre la predicación de Juan y la de Jesús. Eso tiene una aplicación muy concreta, y es que cada uno de nosotros debe saber de qué tiene que convertirse, y ahí sí apelar a Cristo.
Para los enemigos de Jesús, se convertirá, entonces, en una alabanza en nuestro corazón: "¡Con qué autoridad, Jesús, haces Tú cada cosa! ¡Con cuánto poder! ¡Con cuánto amor!"
Que sirva, por tanto, este evangelio, primero, para recordar que habrá Navidad, Navidad cristiana, sólo para aquellos que se vuelvan hacia Dios, que sientan por lo menos la necesidad de volverse hacia Él.

 Navidad la ocasión y el momento de alegrarnos, de alabar la autoridad y el poder que Dios le ha concedido a Su Santísimo Hijo Jesucristo, para que obre prodigios de conversión entre nosotros.

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