Tuvo que andar por el desierto, los cuervos le traían pan en
el pico, un ángel lo despertó porque se le acabaron las fuerzas y se deseó la
muerte, pero permaneció fiel a Dios. Tuvo que caminar hasta la montaña santa
donde Dios había dado la Ley de Moisés, el Horeb, el monte Sinaí, y permaneció
fiel a Dios. Es decir, este es el profeta de la fidelidad a Dios, este es el
profeta que nos enseña que Dios está primero que todo. Y ese estilo de vida y
esa manera de hablar fue la que tuvo Juan el Bautista.
Para encontrarse con Cristo, que ese es el objetivo de la
Navidad, se necesita un corazón así, un corazón que esté dispuesto a perder
todo.
Hay un ejemplo tan bonito en la Biblia, que no es de la lectura
del evangelio de hoy, pero es tan bello, y viene tan a punto que vamos a
mencionarlo.
¿Usted se acuerda cuando había un ciego por allá al borde del
camino que le gritaba al Señor: “Jesús, hijo de David, ten compasión de mí”? San
Marcos 10,47, y la gente le decía que se callara, pero él seguía gritando,
entonces Jesús les dijo: "Bueno, entonces díganle que venga" San
Marcos 10,49.
El hombre, dice el texto bíblico, "dando un salto, tiró el
manto y se fue donde Jesús".San
Marcos 10,50."Tiró el manto" San
Marcos 10,50.
Pero él tira el manto, es decir, él se arriesga. Una actitud así
es la que necesitamos en este Adviento: apostarle radicalmente a Jesucristo,
creerle a Él.
No solamente creer en Dios, es creerle a Dios, apostar por Dios,
tirar también nosotros el manto y decir: "Señor, no se qué va a pasar
conmigo. Yo necesito mucho abrigo, necesito mucha protección, necesito mucho
cariño, necesito mucha ayuda, pero estoy dispuesto a dejar todo".
"Quiero encontrarme
contigo, aunque tenga que perder todo, aunque no sepa más; quiero encontrarme
contigo, quiero estar contigo, quiero vivir contigo, quiero recibir lo que tú
ofreces".
Esa es la actitud del Adviento, por eso la Iglesia nos regaló
esta lectura para que nosotros tomemos esa actitud, para que nosotros digamos:
"Señor, páseme lo que me pase, sucédame lo que me suceda, piérdase lo que
se pierda, quiero apostar por ti, quiero salir a tu encuentro".
También yo quiero incluso tirar por el lado mis certezas; quiero
saber qué es estar contigo. Decía San Pablo que quería tener una experiencia
íntima de la muerte de Cristo y del poder de la resurrección, y eso es lo que
nosotros vamos a vivir en este Adviento: que nazca en nosotros la resolución
total, la resolución de Elías, la resolución de Juan Bautista.
Lo que sea, que se pierda lo que sea, que suceda lo que sea;
tengo que encontrarme con El, Él me espera, yo lo espero, tenemos que
encontrarnos. ¡Vamos a salir al encuentro del Señor!
El Adviento con el evangelio va acompañando el ritmo De manera que
el evangelio va mostrando cómo en Jesús se sacia esa hambre que hay en nuestro
corazón, y cómo en Jesús se cumplen las promesas que Dios había hecho.
Por eso la lectura de la genealogía de Jesucristo según San Mate
que nos cuenta cómo entra José en ese plan misterioso y bello por el que Dios
quiso darnos el regalo de los regalos: la presencia de su Verbo en nuestra
tierra, para rescatarnos del pecado y para abrir un camino y comunicarnos el
Espíritu Santo.
Dios quería no solamente darnos a su Hijo, sino por medio de Él,
abrir un camino que nos permitiera participar de su naturaleza y ser con Él y
habitar para siempre con Él.
"El nacimiento de
Jesucristo fue de esta manera" San Mateo 1,18, se
cuenta el lugar que tiene San José.
Guiados por la Palabra de Dios, cuál es el papel de este gran hombre
. Porque resulta mucho menos evidente, desde luego, que el de la Santísima
Virgen. Y como es tan grande la santidad de Ella, la pureza de Ella, y el
milagro sucedido en Ella, pues ante un brillo tan grande, casi podemos
descuidar el brillo que también tiene la obra de Dios en el corazón de San José.
Resulta que la genealogía que nos ha presentado Mateo termina en
San José, el esposo de María. Es evidente en la intención de Mateo, que si a
Jesús se le llama Hijo de David, este no es un título accidental sino esencial,
como repuesta a su vocación mesiánica, como respuesta a la expectativa
mesiánica del pueblo.
Si a Jesús se le llama Hijo de David, es por José. Dice la
genealogía al final:" Matthán engendró a Jacob, Jacob engendró a José, el
esposo de María, de la cual nació Jesús" San
Mateo 1,15-16.
Es, por San José, por quien se llama a Jesús Hijo de David.
Claro, está en discusión la relación de la Santa Virgen con la raíz dadívica;
si María pertenecía o no pertenecía a la descendencia de David, digamos que eso
no lo podemos resolver completamente con lo que nos ofrece la Biblia.
Lo que sí nos queda claro es, que en la mentalidad de Mateo, que
es el que trata realmente esto, Jesús es Hijo de David por San José. Y así lo
llama el Ángel en ese mensaje del sueño: "Jose, hijo de David" San Mateo 1,20.
¿Que es lo que le comunica el Ángel después de llamarlo
"hijo de David" y de llamar a María "su mujer"? Le dice:
"La creatura que hay en Ella viene del Espíritu Santo" San Mateo 1,20, y
luego dice: "Tú le pondrás por nombre Jesús" San Mateo 1,21.
Es evidente que el acto de poner el nombre es una acto paterno,
lo vemos por lo que sucede en el acontecimiento del nacimiento del Bautista y
por muchos otros pasajes en la Biblia.
San José es veraderamente hijo de David, y el Ángel trata a José como
verdadero padre de Jesús.
De manera que el Espíritu Santo, que hace que la Virgen sea
madre, es el Espíritu Santo que hace que este virgen sea padre. Y ese primer
dato me parece que es fundamental y que además es hermosísimo. Es el Espíritu
Santo el que hace fecunda la virginidad de María, y es el Espíritu Santo el que
hace fecunda la virginidad de San José.
Así como es el Espíritu, obrando con su amor en María, la hace
Madre, así también el Espíritu Santo, obrando con su amor, hace de San José padre.
Pero hay un poco más. Indudablemente, en José hay un amor hacia
María. Dice aquí: "No quiere denunciarla" San Mateo 1,19. Esto
indica una aprecio, esto indica una conciencia de la grandeza del don que hay
en esa mujer, esto indica amor, una amor que va más allá de toda sombra,
podríamos decir de duda, un amor que quiere ser más grande que la duda.
De modo que lo que hace el Espíritu Santo no es reemplazar a
José; lo que hace el Espíritu Santo es bendecir y hacer fecundo el amor
virginal de María y San José. El padre de jesús no es el Espíritu Santo, el
Padre de Jesús es Dios Padre.
El Espíritu Santo no es el papá de Jesús, que es la mentalidad
que tiene un poco la gente, o mucha gente; como que el Espíritu Santo venía a
reemplazar la parte masculina en la concepción de Jesús de las entrañas de
María.
El Espíritu Santo viene como una bendición de amor, una
bendición celestial, una bendición del Padre, y una bendición que llega al amor
de una pareja, y hace de esta pareja de vírgenes, una pareja de padre y madre.
Si nosotros atendemos las palabras del Ángel, y la manera como
obra San José, y la manera como habla María, en el acontecimiento aquel de pérdidaen el
Templo, lo que tenemos es distinto: María y José sienten que Jesús es el regalo
que Dios les dio a los dos; Jesús es la bendición de Dios, entregada por la
obra del Espíritu Santo, al amor de ellos.
Claro, Jesús es formado de las entrañas, es formado de la carne
de María, no es formado de la nada, es formado de las entrañas de María. Pero
es que San José siente que la carne de María es carne suya, por eso dice San
Pablo, en esta misma mentalidad: "Amar a la mujer es amar al propio
cuerpo" Carta
a los Efesios 5,28.
San José siente que María es de él. Antes y más allá de toda
intimidad física, José siente que María es de él. Y por eso, la bendición que
el Espíritu Santo trae, bendición más grande que cualquier otra, a las entrañas
de María, es una bendición para la carne de María y es una bendición para una
carne que José siempre siente suya.
San José lo que siente es: "El amor ha bendecido nuestra
carne; el amor de Dios ha bendecido nuestra unión". Es una visión muy
distinta: "La amo, la admiro, la siento mía".
El amor de Dios viene a
decir: "Ahora, yo tomo ese amor de ustedes, y ese amor de ustedes lo
colmo, lo bendigo, lo elevo, lo levanto más allá de todo amor de pareja; lo
tomo y lo levanto más allá de lo que ustedes hubieran podido amarse".
San José se siente bendecido sobre toda bendición; se siente
amado: "Dios ha tomado nuestro amor y ha hecho de aquella mujer, que es el
regalo que Él mismo me ha dado, ha hecho de Ella instrumento del regalo más
grande, del don más grande que yo podría recibir".
A Rosa de Lucho,Beatriz Rodrìguez Viviana Alvarez,Julian Gordo, Aracelli Garcìa Y 18 PERSONAS MÀS les gusta las reflexiones. Gratitud
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