Observemos
que Cristo es plenamente consciente de la maldad que muchas veces hay en el
corazón humano; nos da una dulce esperanza, porque nos está diciendo que
Dios no va a detener su bondad por nuestra maldad; y esa es la señal propia de
la misericordia. Dios, aun sabiendo de nuestra limitación, nuestro pecado y
nuestra maldad, no deja de ser bueno, y nos da ese auxilio fundamental, el
auxilio de su Espíritu que nos pondrá en la ruta del reconocimiento de nuestras
culpas, y nos pondrá en la ruta del arrepentimiento por el mal que hemos hecho,
y luego va a derramar sobre nosotros el don de la justificación, y luego nos va
a dar fuerza para que emprendamos el camino de una vida cristiana; todo eso es
lo que va a hacer el Espíritu Santo en nosotros. Evidentemente, lo que Cristo
nos está diciendo es que esa bondad divina, inmerecida, es la que puede
transformar nuestra vida.
Excelente
el sentido de justicia de Abraham; magnífico que él tenga claridad sobre cómo
obrará Dios; aún más maravilloso, aún más consolador, aún más necesario el
mensaje que recibimos de Jesucristo.Hay un Dios compasivo, hay un Dios que sabe
quién eres, pero que más allá de lo que eres, te ama y se ha pronunciado en
favor tuyo.
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