sábado, 12 de noviembre de 2016

Dulce





Observemos que Cristo es plenamente consciente de la maldad que muchas veces hay en el corazón humano; nos da una dulce esperanza, porque nos está diciendo que Dios no va a detener su bondad por nuestra maldad; y esa es la señal propia de la misericordia. Dios, aun sabiendo de nuestra limitación, nuestro pecado y nuestra maldad, no deja de ser bueno, y nos da ese auxilio fundamental, el auxilio de su Espíritu que nos pondrá en la ruta del reconocimiento de nuestras culpas, y nos pondrá en la ruta del arrepentimiento por el mal que hemos hecho, y luego va a derramar sobre nosotros el don de la justificación, y luego nos va a dar fuerza para que emprendamos el camino de una vida cristiana; todo eso es lo que va a hacer el Espíritu Santo en nosotros. Evidentemente, lo que Cristo nos está diciendo es que esa bondad divina, inmerecida, es la que puede transformar nuestra vida.

Excelente el sentido de justicia de Abraham; magnífico que él tenga claridad sobre cómo obrará Dios; aún más maravilloso, aún más consolador, aún más necesario el mensaje que recibimos de Jesucristo.Hay un Dios compasivo, hay un Dios que sabe quién eres, pero que más allá de lo que eres, te ama y se ha pronunciado en favor tuyo.

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