sábado, 19 de noviembre de 2016

Sentido









El sentido de este tiempo de Adviento, una actitud de conversión, una actitud de arrepentimiento, una actitud de darle a Dios la oportunidad de entregarnos una palabra nueva.
Aunque es muy bello compartir regalos, es muy bello compartir la alegría, hay que darle una sustancia a esa alegría, no podemos dejar que por el ruido de las cosas perdamos esa palabrita preciosa, discreta, humilde, cariñosa que Dios nos entrega en la Navidad.
La Iglesia quiere que entendamos que la conversión es abrir la puerta a la alegría de Dios en nuestras vidas.
“Mira hay una puerta de gozo, hay una puerta de júbilo, hay una puerta de alegría que está esperando abrirse para ti”  “El desierto, y el yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, se alegrará con gozo y alegría” Isaías 35,1.
¡Qué hermosura!  Esa misma alegría es la que tiene el mensaje que Jesús le envía a Juan: “Id a anuncia lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la buena noticia” San Mateo 11,5-6.
Hay una alegría, la alegría de Dios que está esperando abrir su puerta para nosotros, y por eso, para darnos esa alegría suya, Dios quiere llamarnos a la conversión en este Adviento; el mensaje es “Así como hay una alegría del mundo, hay también una alegría de Dios”
 Dios, a través del misterio de Cristo, quiere colmar nuestra esperanza; Juan en la cárcel, estando ya a las puertas de la muerte, manda a preguntar: "¿Eres tú el que tenía que venir o debemos esperar a otro?! San Mateo 11,3.
Únicamente, para confirmar a estos discípulos en la fe en Cristo, los mandó para entregar sus discípulos, los discípulos que él tenía entregárselos a Jesús, y Jesús colmó la esperanza de Juan, y le dio toda esa buena noticia.
La alegría de Jesús es distinta, la alegría que viene a nosotros porque el ser humano no puede vivir sin alegrìa, en medio de esa paz grande, que deja en el corazón un sabor dulce, y no produce arrepentimiento, sino todo lo contrario, una sensación de gratitud, de humildad, de gozo, y de querer compartir con todos los demás, lo que Jesús ha hecho con nosotros.
Vamos a darle espacio a la alegría en esta Navidad; esta tiene que ser la Navidad más alegre de nuestra vida, pero con esa alegría que no defrauda, con esa maravillosa noticia que nunca acaba, que nunca deja de asombrarnos, y que nunca deja de despertar la gratitud en nuestro corazón.
: Señor, tú eres mi gozo, eres mi alegría, la alegría que no defrauda, como decía Catalina de Siena: “Tu eres dulce, sin mezcla de amargor”"

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