El
sentido de este tiempo de Adviento, una actitud de conversión, una actitud de
arrepentimiento, una actitud de darle a Dios la oportunidad de entregarnos una
palabra nueva.
Aunque
es muy bello compartir regalos, es muy bello compartir la alegría, hay que darle
una sustancia a esa alegría, no podemos dejar que por el ruido de las cosas perdamos
esa palabrita preciosa, discreta, humilde, cariñosa que Dios nos entrega en la
Navidad.
La
Iglesia quiere que entendamos que la conversión es abrir la puerta a la alegría
de Dios en nuestras vidas.
“Mira
hay una puerta de gozo, hay una puerta de júbilo, hay una puerta de alegría que
está esperando abrirse para ti” “El desierto, y el
yermo se regocijarán, se alegrarán el páramo y la estepa, se alegrará con gozo
y alegría” Isaías 35,1.
¡Qué
hermosura! Esa misma alegría es la que
tiene el mensaje que Jesús le envía a Juan: “Id a anuncia lo que estáis viendo
y oyendo: los ciegos ven, los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, los
muertos resucitan, a los pobres se les anuncia la buena noticia” San Mateo 11,5-6.
Hay
una alegría, la alegría de Dios que está esperando abrir su puerta para
nosotros, y por eso, para darnos esa alegría suya, Dios quiere llamarnos a la
conversión en este Adviento; el mensaje es “Así
como hay una alegría del mundo, hay también una alegría de Dios”
Dios, a través del misterio de Cristo, quiere
colmar nuestra esperanza; Juan en la cárcel, estando ya a las puertas de la
muerte, manda a preguntar: "¿Eres tú el que tenía que venir o debemos
esperar a otro?! San Mateo 11,3.
Únicamente,
para confirmar a estos discípulos en la fe en Cristo, los mandó para entregar
sus discípulos, los discípulos que él tenía entregárselos a Jesús, y Jesús
colmó la esperanza de Juan, y le dio toda esa buena noticia.
La
alegría de Jesús es distinta, la alegría que viene a nosotros porque el ser
humano no puede vivir sin alegrìa, en medio de esa paz grande, que deja en el
corazón un sabor dulce, y no produce arrepentimiento, sino todo lo contrario,
una sensación de gratitud, de humildad, de gozo, y de querer compartir con
todos los demás, lo que Jesús ha hecho con nosotros.
Vamos
a darle espacio a la alegría en esta Navidad; esta tiene que ser la Navidad más
alegre de nuestra vida, pero con esa alegría que no defrauda, con esa
maravillosa noticia que nunca acaba, que nunca deja de asombrarnos, y que nunca
deja de despertar la gratitud en nuestro corazón.
: Señor, tú eres mi gozo, eres mi alegría,
la alegría que no defrauda, como decía Catalina de Siena: “Tu eres dulce, sin
mezcla de amargor”"
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