sábado, 25 de febrero de 2017

Carta a los Hebreos 12,1-4

 La Carta a los Hebreos sitúa nuestro presente entre un pasado y un futuro, bueno, el presente está siempre entre el pasado y el futuro, pero lo que hace la Carta a los Hebreos es ayudarnos a descubrir de qué pasado venimos y hacia qué futuro vamos.
El pasado del que nosotros venimos, del cual hemos nacido, es triste, es de sacrificio, es aquel que como dice el texto que hemos leído: "soportó dura ignominia de parte de los pecadores" Carta a los Hebreos 12,1-4.
Ese es nuestro pasado, esa es nuestra raíz, ese es el comienzo de nuestra historia, ¿y cuál es nuestro futuro? Pues es lo que oímos al principio de la lectura: "un multitud de testigos nos miran desde los cielos" Carta a los Hebreos 12,1-4, aquellos que pasaron por dificultades, pruebas, dolores, oposición, tentaciones, sequedades semejantes a las nuestras.
Los que vencieron, los que llegaron hasta el final, los que no se reservaron, los que se entregaron hasta el fondo ellos son nuestro futuro.
El presente es algo tan breve, Catalina de Siena lo califica como "la punta de un alfiler", y en efecto, apenas decimos: "Ya, ese ya, ya pasó", apenas decimos ahora: "Ése ahora ya pasó", y sin embargo, el presente es lo único que tenemos.
Toda nuestra riqueza, y al mismo tiempo, toda nuestra fragilidad es nuestro presente, no disponemos del pasado al que no podemos cambiar, no disponemos del futuro que todavía no ha llegado, sólo disponemos del presente, pero el presente es fugaz.
Pues lo que hace la Carta a los Hebreos es ayudarnos a situar nuestro presente para que sepamos de quién venimos, y por lo tanto, qué fuerza nos acompaña y para que sepamos también a dónde vamos, y por tanto, qué alegría nos espera.
Enmarquemos nuestro presente en ese pasado y en ese futuro, y descubriremos su grandeza, su belleza y descubriremos que podemos aprovechar mejor la única riqueza que realmente tenemos: ese breve estado, período, que se llama nuestro hoy, nuestro ahora


San Marcos 5,34.

Conviene que nosotros nos preguntemos qué le pedimos a Dios: ¿que nos quite problemas?, ¿o que nos cambie la vida? Y conviene preguntarnos, porque muchos aquí somos evangelizadores: ¿cómo tratamos nosotros a las personas? Porque es muy posible que nosotros vendamos la idea de un Dios que quita problemas y nos dé pena presentar a un Dios que cambia la vida.
Esa fue la sanación, pero la sanación está metida dentro de otro milagro que de pronto es más grande. El jefe de la sinagoga le pide a Jesús, yo creo que es de las súplicas más entrañables que puede haber, cuando un papá pide por su hijo.
Dios ha querido que el amor de papá, que el amor de mamá, sea tal vez el amor más intenso que se pueda sentir en esta tierra. Y es un amor de esa naturaleza el que se acerca a Jesús para decirle las palabras que hemos oído; le dice: "mira, mi niña está en las últimas; pon las manos sobre ella para que se cure y viva" San Marcos 5,23.
¡Qué petición tan humilde y tan profundamente necesitada! La respuesta del Señor es inmediata. Jesús se fue con él, ¡ojo!, acompañado de mucha gente. Porque si hay una cosa interesante es cómo Jesús empieza acompañado de mucha gente. pero Él sabe que el milagro sólo puede suceder acompañado de poca gente. Y vamos a ver que ahí hay una enseñanza para nosotros.
Nos suceda el episodio de la mujer, mientras termina la curación de la mujer, la noticia de la casa: "Ya no molestes al Maestro" San Marcos 5,35; "se ha muerto tu hija" San Marcos 5,35. Dos noticias brutales.
¡La diplomacia de esta gente! "Tu hija se ha muerto" San Marcos 5,35; "ya no molestes más" San Marcos 5,35, brutales, brutales.
El hombre queda en silencio, Jesús responde por él. Esa parte me parece tan tierna del corazón de Cristo. Fíjense el hombre no dice nada. Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y dijo al jefe de la sinagoga, no le dejó pensar, no le dejó hablar: "mira, no temas; basta que tengas fe" San Marcos 5,36. Jesús habló por él, Jesús salió a defenderlo.
Esto me parece maravilloso y me parece muy propio de Jesús: salió a defenderlo cuando ya a él se le había muerto la esperanza, cuando ya a él se le había muerto su ilusión, cuando ya no tenía nada.











No sólo quería quitarle el problema, sino quería cambiarle la vida, por eso le dice: "Vete en paz y con salud" San Marcos 5,34. Ella no estaba pidiendo esa paz, solamente estaba pidiendo la salud.
Pero Jasús le dió un añadido, un tremendo añadido: la paz, que Santo Tomás de Aquino dice: Es el resumen de todos los bienes, porque la paz sólo existe como tranquilidad en el orden".
Eso es bellísimo, porque uno tiene muchos momentos así, en que ya a uno se le mueren las fuerzas, en que ya no hay nada. Es emocionante pensar que en ese momento, Jesús toma la voz de él, toma la causa de ese papá que ya no podía decir nada más, toma la causa de él y le dice: "no temas; basta con que tengas fe" San Marcos 5,36.
Esto debe reanimar nuestro amor a Jesucristo y reanimar nuestra fe. El Señor puede tomar mi causa.
Eso fue lo que hizo este papá. Él sufrió, pero ya no habló más. Él se dejó llevar de la mano de Jesús. Y Jesús quita a esa multitud y se queda con unos poquitos: el papá, la mamá y tres de los Apóstoles; quita la multitud y se queda con unos poquitos. El hombre se deja llevar por Jesús.
"¡Ahí te entrego a ese muerto!". Yo les recomiendo en situaciones donde ustedes ven todo perdido, todo perdido, ustedes le pueden decir al Señor eso: "¡te entrego a ese muerto!.
 Es un matrimonio que fue celebrado ante Jesús, ante Jesús. Es que lo grave del matrimonio es eso, que es ante Jesús, es que estamos tomando por testigo a Dios; con Dios no se juega.
El matrimonio fue celebrado ante Jesús, es el sacramento del Matrimonio. Y todo el mundo me ha dicho: "Ahí no hay nada que hacer". Se reconoce que el hombre cometió muchos errores, que la mujer cometió muchos errores,  "Ahí te entrego ese muerto".
Cada vez que me acuerdo de esa pareja a la que quiero muchísimo, le digo a Dios: "ahí te entrego a ese muerto". Yo quisiera poder decirles: " Dios lo escuchó, todo se arregló".  Todavía no hay esa buena noticia. Pero parece increíble la manera como Dios está obrando, está deteniendo las fuerzas del mal, porque hay demasiada gente interesada en destruir esa pareja.Yo cierro los ojos y veo a Jesús poniendo escudos y defendiendo a esa pareja, defendiendo a eso que parece muerto. Eso es lo que Jesús hace aquí, Jesús toma ese caso muerto y le defiende de la multitud.
¿Qué dice la multitud? ¡Ojo a la voz de la multitud! "No hay nada que hacer, nada qué hacer". ¡Ojo a la multitud! "Ya la niña se murió, lloremos, la niña se murió"; "no hay nada qué hacer", dice la la multitud.
Por eso Jesús quita a la multitud: "váyanse, quítense, aléjense"; "Ahí te entrego a ese muerto". Jesús llega donde la niña y le habla. Esto también es muy lindo, ¿ah? La despierta con la voz. Esto es muy bello por muchas razones, ¿por qué? Porque es la voz de Jesús la que nos despierta del pecado.
Es muy lindo, porque es la voz de Jesús la que nos va a despertar en el último día. Aquí se lo dijo sólo a esta niña ¿no? Talitha kumi. "A ti te lo digo: ¡levántate!" San Marcos 5,41. Pero en el último día nos lo va a decir a cada uno de nosotros.
La voz de Jesús que levanta. Fíjense que en el libro del Génesis es la voz de Dios la que crea todas las cosas. Aquí es la voz de Jesús la que recrea, la que restaura todas las cosas.
Y la niña se despierta, la niña se levanta y todos quedan admirados. ¡Qué alegría la de ese papá: Puse mi causa en quien podía defenderme y sacarla adelante!".

Pongamos nuestras causas en Jesús. Pidámosle a Jesús que defienda nuestras causas, que defienda nuestros intereses, que se compadezca siempre de nosotros. Si hay algunos cuantos muertos en nuestra vida, que la voz de Jesús los pueda despertar.

viernes, 24 de febrero de 2017

San Lucas 2,32-34






Pensemos en el poder que tiene esta luz Hay que dejar que su luz impregne, que su luz lo llene todo; hay que dejar que su luz nos juzgue; hay que dejar a Cristo que opine de nosotros, que opine de nuestros pensamientos; hay que dejar que Cristo diga su palabra sobre nuestras palabras; hay que dejar a Cristo que obre en nuestras obras, que haga de nosotros aquello que Él quiere
Este niño es luz para las naciones, y Gloria de Israel" San Lucas 2,32, pero luego dijo: "Es un signo de contradicción" San Lucas 2,34.
Es la parte profunda y misteriosa: Jesús es un signo de contradicción: Él va a hacer a que en Israel unos caigan y otros se levanten.
Frente a Jesús tenemos que tomar una opción, Él mismo lo dijo: "El que no está conmigo, esta contra mi" San Lucas 11,23; frente a Jesús hay que tomar una opción. Es un signo de contradicción, ¿por qué? Vamos a explicarlo de esta manera:
Ese es Jesús: te da todas las posibilidades, todas las oportunidades, todas las herramientas, te ama incondicionalmente, se entrega por ti, te espera, ora, llega hasta a derramar su sangre por ti. Jesús te dejó sin disculpa y a mi también

1 Cor 9,18









 La aventura de ser amados en toda circunstancia, de ser como continuamente salvados y de sentir la alegría que no se compara con nada, la alegría de ver al universo renovándose, aunque sea en una escala pequeña, aunque sea en una escala tan modesta.
Esa aventura en las tierras de la Providencia y del amor creador de Dios, trae un gozo embriagante, que es suficiente para decir lo que dijo San Pablo: “Mi paga es servir al Evangelio y participar de su fruto” 1 Corintios 9,18. El sólo hecho de ver éso, de experimentar éso.
Pidamos a Cristo que nos dé generosidad, que abra nuestros ojos a la fe, que abra nuestros corazones a la esperanza, que abra nuestras vidas al amor. Que nosotros tengamos la aventura, esta aventura grabada, impresa en nuestros corazones, lista para ser testificada en nuestros labios.

Que le podamos contar a otros todo lo que significa ver a Dios mismo creando el universo de nuevo

domingo, 19 de febrero de 2017

Eclesiàstico35,7,8







Cuando nosotros vivimos en la gratitud, descubrimos también todo lo que nos perdemos simplemente por obra del pecado; cuando vivimos en el agradecimiento a Dios, descubrimos también cuál ha de ser nuestra escala de valores, qué tiene que ir primero y qué tiene que ir después.  volviendo a nuestra lectura, aquí de lo que se trata es de contar que hay una relación estrechísima entre ese amor por el que abro el corazón a mi hermano y ese amor que abre el corazón para mí. Si abro el corazón a mi hermano, en ese mismo acto estoy abriendo el corazón de Dios para mí. Y eso es lo que se quiere con las ofrendas de propiciación, con las ofrendas litúrgicas, con los actos de culto.
Pero ese es sólo un aspecto de la enseñanza, el aspecto que nos enseña a evitar el extremo del culto vacío. Pero hay personas que entonces horizontalizan completamente su fe y convierten todos sus actos de amor a Dios como en equivalentes de actos de amor al prójimo, o como si bastara con amar al prójimo porque en el prójimo ya está Dios.
Tal vez no sea la tentación directamente de quienes nos encontramos aquí, o tal vez sí, pero en todo caso, sí es una tentación que asecha a muchas personas; ver que su trabajo por la comunidad, que su trabajo por los pobres, que su trabajo por los necesitados es ya toda su religión.
Y resulta que esta lectura, así como nos invita a hacer del amor al prójimo el lugar del culto a Dios, así también nos invita a perfeccionar el amor al prójimo en la ofrenda litúrgica, y por eso dice: "Honra al Señor con generosidad, y no seas mezquino en tu ofrenda" Eclesiástico 35,7; "cuando ofreces pon buena cara, y paga de buena gana los diezmos" Eclesiástico 35,8.
Indudablemente, ya ahí no se está refiriendo a ningún acto específico de amor al prójimo o con el prójimo, sino se está refiriendo a actos propiamente religiosos, y está invitando a que seamos perfectos en el amor a Dios.
De manera que, valga aquí lo que dijo Jesús en otro contexto: "Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre" San Mateo 19,6. Y Dios ha querido que un mismo amor santifique, unja, sane, eleve nuestra relación con nuestros hermanos, y al mismo tiempo, nos santifique, nos perdone, nos eleve en los actos de religión de amor a Dios.
¿Por qué hemos de separarlos? ¿Por qué buscar vanamente, estérilmente, mentirosamente un amor a Dios si no amamos a los hermanos? Pero al mismo tiempo, ¿por qué excluir del amor específicamente a Dios de nuestras relaciones con los hermanos?
Es profunda la enseñanza de amor a Dios y al prójimo que nos ha traído esta lectura.

Que Cristo Jesús, presente y dador de su propia vida en el Sacrificio Eucarístico, nos conceda reunir, como lo reunió su Corazón, el perfecto amor a Dios y el perfecto amor a nuestros hermanos.

Eclesiàstico 17,23.



11 de febrero a las 16:28

Muchas gracias María Eugenia Chavarría V. Que Dios nos siga acompañando en todo y que su amor invade toda nuestra vida. Bendiciones mi hermana. Un fuerte abrazo. Te quiero mucho. Saludos a todos.
Marcel Gabriel Mosoll,a Jesùs Lumen Gentium,Cecilia Parra de Gomèz y Elena S ebastian,Evangeliza fuerte,les gusta las publicaciones,Antonucci Enrico.
"Retorna al Altísimo" Eclesiástico 17,23, vuelve al Señor, abandona el pecado.
Ser realista en la vida espiritual es caer en la cuenta de que para ganar algo hay que perder algo, y uno no progresa porque le falten ganas de avanzar, sino porque le faltan ganas de dejar lo que tiene que dejar. Eso es lo que amarra.
Entonces nos ponemos en camino. La palabra que pone en camino no es la palabra “sí”, sino la palabra “no”; cuando uno dice no, entonces ahí empieza a avanzar.
El alma, por su propio peso, se va hacia Dios. Dios tiene suficiente atractivo y Él tiene suficiente fuerza para seducir, para cautivar el corazón.
La palabra que pone en marcha la vida espiritual no es tanto la palabra “sí”; el esfuerzo por ser buenos, sino la palabra “no”, es decir, voy a quitar el obstáculo y, por mi propio peso hay personas muy pesadas por mi propio peso, me iré hacia Dios
El corazón humano tiene una tendencia natural hacia Dios, y una vez que la palabra del Evangelio ha sido pronunciada en nuestras vidas, toda la fuerza cautivante del amor de Dios está en nuestra disposición; lo que se necesita es empezar a decir "no".

"Vuelve al Señor", eso se entiende, abandona el pecado; hay que abandonar el pecado. Suplica en su presencia, eso lo hacemos y disminuye tus faltas.

sábado, 18 de febrero de 2017

Canto de Amor






Las Bienaventuranzas son el canto de amor, de revolución, de poesía, que surge del corazón de un hombre que ama, y que tiene el corazón al revés de todo el mundo, y que tiene ojos para ver una poesía y una belleza que nadie más estaba viendo.
 Pensemos en las Bienaventuranzas como salidas del corazón de un hombre, que porque había vivido estas cosas, porque las estaba viviendo, y porque estaba dispuesto a hacerse matar por estas cosas y se murió por ellas, por eso las dice, porque no pudo hablar de otra cosa.

 Jesús, cuando se sienta y mirar esta multitud, Jesús cuando está frente a la montaña, junto a esos discípulos y junto al cielo, imagen del Cielo Eterno, lo que le sale del alma son estas palabras porque ÉIr tras de Jesucristo es hacer un vacío grande como ese de la cruz. Es pasear un absurdo grande por la superficie de esta tierra. ¡Qué poco servicio le han prestado a la Iglesia los que han hablado de la vida religiosa como un modo de plenitud humana! No. Es un modo sublime de estar vacío,  por eso parece una plenitud, precisamente, porque no hay muletas, porque no hay bastones, por eso parece que la persona estuviera llena.
 Si miramos nosotros a Jesucristo, Jesucristo no está pleno, no está lleno, está vacío. Está vacío de sí mismo. Parece que está lleno, porque da mucho; parece que está lleno, porque no pide, porque no se apoya, porque no mendiga de las fuerzas de este mundo, de los poderes de esta tierra.
Parece que está lleno, por eso, porque no pide y porque da; pero es una pura ilusión. Jesucristo no pide de esta tierra, y sí da a esta tierra, porque todo lo recibe y porque completamente depende de Dios, su Padre.
 Jesús se convierte en un canal de las obras y del amor de Dios Padre. Sostenido sólo en el Invisible, agarrado sólo de lo que no se ve. Ese es el Señor que nos ha hablado en el evangelio.
Es el Señor que nos invita a vivir también así: una extraña actitud, una nada en esperanza, un hambre repleta de confianza, una pobreza que enriquece a todos, y no tener repuesta para convertir nuestro silencio en una pregunta a todos los que quieren las cosas de esta tierra.
Pidamos "Crea en mí un inmenso vacío. Hazme de tal manera que nada, sino tú seas mi alimento. Obra así conmigo. Camine yo así por esta tierra, y sáciame después de ella en la dulzura de tu rostro".
Amén.
Luego Jesús en el evangelio: “Dichosos los que tienen espíritu de pobres” San Mateo 5,3, y más adelante: “Dichosos los humildes” San Mateo 5
 Definitivamente, Dios ama la humildad; eso tenemos que llevarlo en el corazón.
Hay un pasaje donde incluso leemos esto: “El Señor resiste a los soberbios, pero da su gracia a los humildes” Santiago 4,5; Dios ama la humildad, pero no es tan fácil entender cuál es el misterio de la humildad. ¿La humildad qué es? ¿Dejarse uno y que hagan con uno lo que quieran? Eso no debe ser.
¿La humildad qué es? ¿Esconderse uno para que no lo tomen en cuenta y para que siempre hagan las cosas otras personas? Tampoco debe ser eso. ¿La humildad qué es? ¿Es como una especie de acomplejamiento, como una especie de complejo que tiene la persona? Tampoco eso es la humildad.
Debe quedarnos claro que Dios ama la humildad, pero para aprender cuál es la humildad necesitamos la Palabra de Dios, es ella la que nos muestra.
Y sobre todo hay uno en quien podemos aprender qué significa humildad, y ese es Nuestro Señor Jesucristo, que nos mandó expresamente: “Aprended de mí que soy manso y humilde de corazón” San Mateo 11,29.
La humildad no es lo que a nosotros se nos ocurra, la humildad es un misterio bello, grande, profundo, que tiene su máxima manifestación en Jesucristo y que está en la Sagrada Escritura para que lo aprendamos; yo creo que muchas veces no somos humildes, porque no sabemos lo que es ser humilde.
Por ejemplo, mire que los Apóstoles estando tan cerca de Jesucristo tuvieron mucha dificultad con esto. ¿Ustedes se acuerdan de algún pasaje bíblico donde se diga de cualquiera de los Apóstoles que fulanito de tal no siguió más en el grupo de apóstoles porque se enamoró y se fue con una mujer? ¿Eso lo encontramos en la Biblia? ¿Se acuerdan de eso? ¿Aparece o no aparece? No aparece eso.
De Judas se dice que le gustaba mucho el dinero, pero aparecen problemas de dinero en los Apóstoles: "Que usted tiene, que por qué tiene, que por qué tuvo, qué va a tener", eso tampoco aparece.
Las peleas, las dificultades en la vocación de los Apóstoles no fueron dificultades por el afecto, ni por el sexo, ni por el dinero.
Las tensiones entre ellos está resumida en esta pregunta: ¿Y aquí quién es el más importante? Y de pronto los que vivimos en comunidad, como estos queridos amigos que nos hospedan, o como es el caso de mi comunidad religiosa, nosotros somos Dominicos, nosotros somos frailes Predicadores.
Los que vivimos en comunidad sabemos que esa sigue siendo quizá una de las tensiones más grandes, quién es el más importante, “¿yo por qué tengo que dejarme del otro?” “¿Usted por qué me va a mandar a mí?” Eso sí que cuesta trabajo. Aprender el misterio de la humildad no es fácil, fue tal vez una de las lecciones que más les costó a los Apóstoles.
¿Qué es esa humildad? Dios ama la humildad, Dios quiere que seamos humildes pero no sabemos lo que eso significa, y tal vez por eso tampoco lo vivimos.
A ver, qué nos enseña la Palabra de Dios hoy. No nos quedemos, mis hermanos, con ideas generales, no nos quedemos con ideas vagas, busquemos en la Palabra del Señor qué es lo que tiene que cambiar en nuestra vida.
Porque nosotros amamos a Dios y nosotros queremos experimentar el poder del amor de Dios en nuestra vida y Dios ama a los humildes. ¿Qué es la humildad? ¿Cómo podemos crecer en la humildad?
En el profeta Sofonías tenemos varias pistas, primera: “Buscad al Señor todos los humildes de la tierra que cumplid sus mandatos” Sofonías 2,3; la humildad está unida a la obediencia a la Palabra de Dios.
Una de las características del verdadero humilde es que se pone en el régimen de Dios, en la lógica de Dios, se deja guiar por Dios, lo primero y fundamental que tenemos que aprender de la humildad, el humilde se deja guiar por Dios, se pone en Dios y se deja guiar por Dios.
Lo primero que significa humildad es tener esa actitud de ponerse ante Dios y decirle: “Yo quiero que tú me guíes, dame un consejo, dame una luz, dame una dirección, y yo la sigo”.
No hay humildad sin el deseo puro, sin el deseo sincero de obedecer, ponerse radicalmente en la perspectiva de Dios, en el plan de Dios. Lo primero y fundamental: el deseo de ser guiado por Él.
Recordemos esa oración tan bella, tan profunda que hace Samuel en el primer libro de los Reyes o en el Segundo de Samuel, allá cuando Salomón se pone a orar y le dice: “Señor, yo soy sólo un muchacho y me has puesto al frente de todo este pueblo; dame un corazón que sepa escuchar, dame sabiduría” 1 Reyes 7,9, por ahí empieza la humildad.
Humilde es el que sabe que no se las sabe todas; humilde es el que sabe que necesita que lo guíen; humilde es el que sabe que necesita una dirección en su vida, y por eso se pone de corazón ante Dios y le dice: “Muéstrame camino, guíame, quiero obedecer tus mandatos”, nos lo dice Sofonías.
 El humilde no tiene que esconderse, por una razón muy sencilla, porque no tiene un segundo plan, ni una segunda intención, es transparente.
La humildad en cambio trae una gran paz; el que está en la humildad está en el regazo de Dios, y en el regazo de Dios no se siente la tormenta, allí existe la paz; la humildad está unida a la alegría, esta unida a la paz y a la victoria.
Que Dios Nuestro Señor, por la intercesión poderosa de la Virgen María, nos enamore de la verdadera humildad, para que nuestro corazón, transformado por el poder del Espíritu, experimente lo que significa paz, lo que significa alegría y lo que significa humildad. Para la gloria de su Nombre.l las lleva dentro, porque Él las vive.

Inmerecido












Las Bienaventuranzas son el canto de amor, de revolución, de poesía, que surge del corazón de un hombre que ama, y que tiene el corazón al revés de todo el mundo, y que tiene ojos para ver una poesía y una belleza que nadie más estaba viendo.
No pensemos en las Bienaventuranzas como salidas de la mente de un estadista, ni de la mente de un moralista. Pensemos en las Bienaventuranzas como salidas del corazón de un hombre, que porque había vivido estas cosas, porque las estaba viviendo, y porque estaba dispuesto a hacerse matar por estas cosas y se murió por ellas, por eso las dice, porque no pudo hablar de otra cosa.
Así como cuando una persona está llena de ansias de poder, sólo puede hablar de sus proyectos, de sus ambiciones y de sus codicias, porque es lo que lleva dentro del corazón, así como una persona vulgar sólo sabe hablar chistes de doble sentido y sólo puede hacer alusiones a cosas torpes o sucias porque eso es lo único que tiene en el alma; Jesús, cuando se sienta y mira esta multitud, Jesús cuando está frente a la montaña, junto a esos discípulos y junto al cielo, imagen del Cielo Eterno, lo que le sale del alma son estas palabras porque Él las lleva dentro, porque Él las vive.
 La gracia de Dios es siempre algo inmerecido.
Sólo una gracia atrae a otra gracia, como dice San Juan en su prólogo que: “Por Cristo hemos recibido gracia sobre gracia” San juan 1,16. Por eso, se nos invita a contemplar esta pluralidad de las bienaventuranzas, unidad de la bienaventuranza en Jesús.
Jesús dijo varias bienaventuranzas. En Mateo aparecen ocho. En Lucas aparecen cuatro. Jesús habló de varias formas sobre lo que era ese modo de vivir.
Porque de eso es de lo que se trata, de un modo de vivir marcado.
Es el arte de no tener. Por algo se llama pobreza, por algo se llama hambre, por algo se llama desconsuelo. Es el nombre de un vacío que se hace en el alma, pero es un vacío que queda como repleto de esperanza, de ansia.
Es la decisión firmísima de no dejar que nada, sino Dios nos llene. Es la convicción profunda, la convicción irreversible de que no puedo entregar el corazón que Dios hizo sino a Dios que lo hizo.
Ir tras de Jesucristo es hacer un vacío grande como ese de la cruz. Es pasear un absurdo grande por la superficie de esta tierra. ¡Qué poco servicio le han prestado a la Iglesia los que han hablado de la vida religiosa como un modo de plenitud humana! No. Es un modo sublime de estar vacío,  por eso parece una plenitud, precisamente, porque no hay muletas, porque no hay bastones, por eso parece que la persona estuviera llena.
 Si miramos nosotros a Jesucristo, Jesucristo no está pleno, no está lleno, está vacío. Está vacío de sí mismo. Parece que está lleno, porque da mucho; parece que está lleno, porque no pide, porque no se apoya, porque no mendiga de las fuerzas de este mundo, de los poderes de esta tierra.
Parece que está lleno, por eso, porque no pide y porque da; pero es una pura ilusión. Jesucristo no pide de esta tierra, y sí da a esta tierra, porque todo lo recibe y porque completamente depende de Dios, su Padre.
 Jesús se convierte en un canal de las obras y del amor de Dios Padre. Sostenido sólo en el Invisible, agarrado sólo de lo que no se ve. Ese es el Señor que nos ha hablado en el evangelio.
Es el Señor que nos invita a vivir también así: una extraña actitud, una nada en esperanza, un hambre repleta de confianza, una pobreza que enriquece a todos, y no tener repuesta para convertir nuestro silencio en una pregunta a todos los que quieren las cosas de esta tierra.

Pidamos "Crea en mí un inmenso vacío. Hazme de tal manera que nada, sino tú seas mi alimento. Obra así conmigo. Camine yo así por esta tierra, y sáciame después de ella en la dulzura de tu rostro".

viernes, 17 de febrero de 2017

Llegar

El apóstol es un hombre que está obsesionado con Dios y sabe reconocer la mies, y sabe cuándo hablar, cuándo callar, cuándo orar, cuándo hacer penitencia.
Hay que saber llegar a cada persona a cada caso, algunas veces será así, un pequeño acto de penitencia, otras veces será una sonrisa, un abrazo, otras veces será una palabra, otras veces quién sabe cómo le llegará Dios a una persona.
No es asunto de estar ocupados en muchas cosas, es asunto de reconocer la mies de Dios, es reconocer cuando una persona está madura, y si no está madura, déjela, déjela que madure, no va a tener esa salud toda la vida.
Pidámosle a Dios que nos conceda gracia y misericordia, que nos conceda paz; pidámosle a Dios que nos haga colaboradores del Evangelio y que nos dé sensibilidad por la mies.
Que usted lleve a su casa, trabajo, a Cristo palpitando en su corazón, ya sabe qué tiene que preguntarse, mire a la derecha, mire a la izquierda y pregúntese: "¿Y dónde esta aquí la mies de Dios?" Ahí Dios va a hacer obras maravillosas.
San Mateo 13,41-42. La cosecha, el tiempo de la cosecha es la hora de la muerte.
 Si aplicamos esta parábola a esa manera cómo Jesús enseña, entendemos que hay que llenar nuestra vida de la fuerza de la Palabra de Dios, porque el cielo, ¿qué es el cielo? Es la cosecha de todo lo que hemos sembrado, por eso a veces nos preguntan: "¿El cielo es uno solo? ¿O hay distintos cielos para las distintas personas?"
Nuestro amigo Santo Tomás de Aquino, dice: "Aunque el cielo es uno solo, porque todos miraremos al mismo Dios, no todos tendrán los mismos ojos para ver al mismo Dios; el que haya llenado más de amor su vida, tendrá mejores ojos, tendrá un corazón más amplio; el que esté más lleno de caridad en la tierra, estará más lleno de luz en el cielo".
A medida que la Palabra de Dios se apodera de nosotros, aquí en la tierra, estamos preparando una cosecha; cuando vamos en la tierra, eso ni nosotros mismos lo entendemos, a veces nos cuesta trabajo perseverar en la oración, porque todos tenemos momentos de crisis, de cansancio, no le encontramos sentido seguir rezando; pero aunque tengamos esos momentos, sepamos que lo que no ven nuestros ojos, sí lo están viendo los ojos de Dios y Dios está preparando la cosecha.
No se nos olvide, como decía Jesús en otro pasaje, "atesorar tesoros para el cielo" San Mateo 6,20; no se nos olvide que todo, todo lo que vivamos en la tierra, todo, es sólamente un prólogo, y eso explica muchas cosas.
Lo que nosotros no entendemos, y lo que nadie conoce de nosotros; lo que nosotros no podíamos responder, y nadie podría respondernos, eso seguramente aparecerá en el momento de la gran cosecha, cuando llegue la hora de la muerte.
Hermanos, no se nos olvide sembrar nuestro corazón, sembrar nuestro hogar, sembrar nuestra Patria, hay que llenar a Colombia de semillas de Dios, la mayor parte de la cosecha no la verán nuestros ojos.
Hay que llenar a Colombia de la Palabra de Dios, hay que llenar al mundo del poder del Señor, y entonces se cumplirá esta palabra de Jesucristo y descubriremos cómo, sin que nuestros ojos lo vieran, Dios estaba preparando sus mejores y más hermosas maravillas.




Legusta la  publicaciòn a:

 Josùe  David Cruz. 9AV.15 Calle, Zona 13

Carta 11 Hebreos

          
     







    La realidad de la fe va mucho más allá de unas afirmaciones, o mejor, de esas mismas afirmaciones brota algo que no sólo impacta a nuestro conocimiento, sino que tiene un impacto, tiene una influencia en toda nuestra vida, esa dimensión, esa otra dimensión vital, existencial de la fe, es la que aparece subrayada especialmente en este texto bellísimo del capitulo 11 de la Carta a los Hebreos; podríamos darle muchos títulos a ese texto, y uno de ellos sería: "El poder de la fe".
         La fe, que trae un poder, una fuerza, es como un torrente incontenible que lleva, a los que tienen fe, a hundir, podríamos decir, más allá de sí mismos. Estas dos dimensiones de la fe aparecen. Nos dice el autor de la Carta a los Hebreos: “La fe es seguridad de lo que se espera y prueba de lo que no se ve” Carta a los Hebreos 11,1.
         En cuanto es esa prueba de lo que no se ve, tiene que ver con el conocimiento, y en cuanto es seguridad de lo que se espera, es como esa fuerza que nos empuja hacia el futuro.
        También esto sirve para recordar la relación indestructible que hay entre la fe y la esperanza;  si la fe me está enseñando quién es Dios, qué quiere Dios de mí y qué clase de ayuda, de Espíritu, de fuerza, de bendición y de gracia me da ese Dios, entonces podríamos decir que la fe se vuelve esperanza.
        La fe se convierte en un empujón lleno de amor, en un motor lleno de gracia y lleno de vida que me lleva a recorrer el camino glorioso, el camino de los mártires, el camino de los santos.
        La Carta a los Hebreos nos dice: "Sin fe es imposible complacer a Dios, pues el que se acerca a Dios debe creer que existe y que recompensa a quienes lo buscan" Carta a los Hebreos 11,6   La fe no es solamente una fuerza que nos mueve, sino que la fe establece una relación, un vínculo vivo y amoroso comparable, con todo, al vínculo de la amistad o al vínculo del amor.
        Cuando se habla de complacer, cuando se habla de agradar a Dios no estamos diciendo simplemente seguir unas instrucciones o pasar por unas determinadas estaciones del camino, estamos diciendo que la fe viene a marcar una relación, viene a crear un vínculo.
        Lo más grande de la fe no es que yo pueda conocer algo sobre Dios, sino que la fe me capacita para tener una relación viva con Dios, y es una relación viva y amorosa. Viva, porque así como Él guió a esos antiguos, a Noé, a Henoc, incluso a Abel, menciona la Carta a los Hebreos, me va a guiar a mí.
      La fe crea ese vínculo vivo, y me va conduciendo y me va llevando el Señor, pero por otra parte, esa misma fe hace que yo tenga no sólo algo de Dios, sino que tenga el deseo de agradarle a Él, entonces la fe se vuelve también amor. Cuando voy caminando con el Dios amigo, entonces la fe se convierte en confianza, se convierte en donación mía que responde a la donación que Dios me ha dado.
        Porque este es el contenido mismo de la fe, se ha dado, se ha entregado y entonces, en la medida en que yo recibo esa donación de Dios y entro en relación de amistad por Él, también yo quiero darme a Él, quiero ser recibido por Él, quiero ser aceptable por Él, quiero sentir que Él me acoge, que Él se siente feliz de ser mi amigo.
        Qué grande es la puerta de la fe, grande porque nos revela grandes verdades, pero grande porque nos lanza hacia el futuro, y en ese sentido la fe se vuelve esperanza; y grande porque la fe nos involucra, nos hace entrar en una relación nueva y única, personal con Dios, y así la fe se vuelve amor.
     La fe me lleva hacia el futuro, y así se vuelve esperanza; la fe crea un vínculo de amistad de gracia entre Dios y yo, y así se vuelve amor; la fe como puerta hacia la esperanza y hacia el amor.  Pidamos al Señor que nos haga crecer en esa fe, en una fe, claro, que tiene la doctrina bien puesta, que tiene la doctrina en orden, que tiene las ideas claras. Esa fe es importante, pero también esas otras dimensiones existenciales.

         Fe que se vuelva esperanza, que nos lleve a recorrer el camino con gozo, con alegría, con energía, con fortaleza; y fe que se vuelve amor, acogida del regalo que Dios me hace y deseo de agradarle a Él.