sábado, 4 de febrero de 2017

Señales






Donde quiera que poso mis ojos, encuentro tu misericordia." También en el inicuo, también en el pecador, incluso en el más endurecido de los pecadores, ahí puedo encontrar motivos de acción de gracias.
todo vestido y queda solamente vestido la gloria el que estaba vestido de nuestra carne.
De este modo, las señales, todas y cada una de las señales de lo que hubiera sido su derrota, se convierten en las señales de su gloria. La Carne que hemos visto nacer en esta Navidad, la Carne que adoramos en el Pesebre, el Cuerpo de Jesús tomado de la Santa Virgen, todo ese misterio del amor está ahí camino de la Cruz.
Es impresionante meditar en el lugar de María en el Nacimiento y en la Cruz. En el Nacimiento estaba Cristo desnudo rodeado de Ella, protegido por Ella, arropado por Ella; brilla la gloria de Dios, y por eso los Ángeles en la noche de Navidad han cantado: “Gloria a Dios en el cielo” San Lucas 2,14.
Cristo en nuestra carne, Cristo desnudo en la gloria de Dios. Pues bien, es lo mismo que encontramos al final de la vida del Mesías. De nuevo está María como dando a luz nuevamente a Jesucristo, ya no para que Él nazca en nuestra carne, sino para que nosotros nazcamos en su gloria.
Ahí está Ella nuevamente, de nuevo Ella puede envolverlo con su amor, un amor que a la hora de la Cruz tiene el aspecto dramático de sufrimiento hasta el extremo.
De nuevo está Cristo desnudo y de nuevo brilla la gloria de Dios. Podemos decir que este primer momento de la vida de Cristo en la tierra, al nacer, se entiende relacionándolo con el último momento, a la hora del Calvario y de la muerte. Y a su vez, este último momento queda iluminado por Belén. Belén y Jerusalén, la desnudez de la carne y el resplandor de la gloria.
“Hemos contemplado su gloria” San juan 1,14, ¿a qué se refiere esa expresión? En la noche de la Navidad las palabras gozosas de los pastores dan fe de esto: "Fueron y contaron lo que les había dicho el Àngel, y se fueron felices" San Lucas 2,20.
Esos, que visitaron al recién nacido, hubieran podido decir, y seguramente dijeron: “Hemos contemplado su gloria” San juan 1,14.
Pero fue también una contemplación de su gloria aquel día, que ya está cercano en la liturgia, en que los Sabios de Oriente se postraron ante Él, le dieron sus regalos y le reconocieron como Rey. También esos Magos, cuando volvieron a su tierra por otro camino hubieran podido decir: “Hemos contemplado su gloria” San juan 1,14.
Juan el Bautista, cuando despúes de años de penitencia y meses de predicación, ve al Cordero de Dios, ve rasgarse los cielos, como quería Isaías, y descender al Amor en forma de paloma, también hubiera podido decir lo que nos recuerda elevangelio de hoy: "Hemos contemplado su gloria" San juan 1,14.
"Este es de quien dije: "El que viene detrás de mí, pasa delante de mí, porque existía antes que yo"" San Juan 1,30.
Y ante los milagros de Jesucristo, ¿qué decía la gente? "Hoy hemos visto cosas admirables" San Lucas 12,26, o aquella otra expresión que me gusta tanto: "Es que todo lo ha hecho bien" San Marcos 7,37.

Los que contemplaron esas sesiones únicas de sanación, esos milagros de amor, al volver a sus casas podrían decir: "Hemos contemplado su gloria" San juan 1,14.

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