Donde
quiera que poso mis ojos, encuentro tu misericordia." También en el
inicuo, también en el pecador, incluso en el más endurecido de los pecadores,
ahí puedo encontrar motivos de acción de gracias.
todo
vestido y queda solamente vestido la gloria el que estaba vestido de nuestra
carne.
De
este modo, las señales, todas y cada una de las señales de lo que hubiera sido
su derrota, se convierten en las señales de su gloria. La Carne que hemos visto
nacer en esta Navidad, la Carne que adoramos en el Pesebre, el Cuerpo de Jesús
tomado de la Santa Virgen, todo ese misterio del amor está ahí camino de la
Cruz.
Es
impresionante meditar en el lugar de María en el Nacimiento y en la Cruz. En el
Nacimiento estaba Cristo desnudo rodeado de Ella, protegido por Ella, arropado
por Ella; brilla la gloria de Dios, y por eso los Ángeles en la noche de
Navidad han cantado: “Gloria a Dios en el cielo” San Lucas 2,14.
Cristo
en nuestra carne, Cristo desnudo en la gloria de Dios. Pues bien, es lo mismo
que encontramos al final de la vida del Mesías. De nuevo está María como dando
a luz nuevamente a Jesucristo, ya no para que Él nazca en nuestra carne, sino
para que nosotros nazcamos en su gloria.
Ahí
está Ella nuevamente, de nuevo Ella puede envolverlo con su amor, un amor que a
la hora de la Cruz tiene el aspecto dramático de sufrimiento hasta el extremo.
De
nuevo está Cristo desnudo y de nuevo brilla la gloria de Dios. Podemos decir
que este primer momento de la vida de Cristo en la tierra, al nacer, se
entiende relacionándolo con el último momento, a la hora del Calvario y de la
muerte. Y a su vez, este último momento queda iluminado por Belén. Belén y
Jerusalén, la desnudez de la carne y el resplandor de la gloria.
“Hemos
contemplado su gloria” San juan 1,14, ¿a
qué se refiere esa expresión? En la noche de la Navidad las palabras gozosas de
los pastores dan fe de esto: "Fueron y contaron lo que les había dicho el
Àngel, y se fueron felices" San Lucas 2,20.
Esos,
que visitaron al recién nacido, hubieran podido decir, y seguramente dijeron:
“Hemos contemplado su gloria” San juan 1,14.
Pero
fue también una contemplación de su gloria aquel día, que ya está cercano en la
liturgia, en que los Sabios de Oriente se postraron ante Él, le dieron sus
regalos y le reconocieron como Rey. También esos Magos, cuando volvieron a su
tierra por otro camino hubieran podido decir: “Hemos contemplado su
gloria” San juan 1,14.
Juan
el Bautista, cuando despúes de años de penitencia y meses de predicación, ve al
Cordero de Dios, ve rasgarse los cielos, como quería Isaías, y descender al
Amor en forma de paloma, también hubiera podido decir lo que nos recuerda
elevangelio de hoy: "Hemos contemplado su gloria" San juan 1,14.
"Este
es de quien dije: "El que viene detrás de mí, pasa delante de mí, porque
existía antes que yo"" San Juan 1,30.
Y
ante los milagros de Jesucristo, ¿qué decía la gente? "Hoy hemos visto
cosas admirables" San Lucas 12,26,
o aquella otra expresión que me gusta tanto: "Es que todo lo ha hecho
bien" San Marcos 7,37.
Los
que contemplaron esas sesiones únicas de sanación, esos milagros de amor, al
volver a sus casas podrían decir: "Hemos contemplado su gloria" San juan 1,14.
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