domingo, 12 de febrero de 2017

Mateo 5,14.

Nos dice el Señor: "Vosotros sois sal de la tierra" San Mateo 5,13, y nos dice también: "Sois la luz del mundo" San Mateo 5,14.
"Dice Dios: "Haya luz"; y hay luz" Génesis 1,2; "Dice Dios: Haya vida; y hay vida"; "dice Dios: "Reúnanse las aguas"; y se reúnen" Génesis 1,9.
La Palabra poderosa de Dios se diferencia de nuestras palabras humanas.
La Palabra divina es eficaz y poderosa: hace lo que dice.
Cuando Jesús dice: "Vosotros sois la sal de la tierra" San Mateo 5,13, su Palabra, lo mismo que la Palabra de Dios en el capítulo primero del Génesis, realiza lo que dice, es decir, con estas palabras Jesús está convirtiendo a sus discípulos en sal.
Cuando les dice: "Vosotros sois la luz del mundo" San Mateo 5,14, los está convirtiendo en luz.
"Vosotros sois sal" San Mateo 5,13, en ese momento, como se dará después en los sacramentos, Cristo hace lo que dice, en ese momento le estaba dando sabor al mundo, en ese momento, de su propio sabor de gracia y de gloria, estaba impregnando a los que creen en Él. Y en ese momento, de su fuego de ardor y de luz, estaba llenando de amor y de claridad a sus discípulos.
 Después de que les ha dado sabor, les dice: "¡Cuidado con perder ese sabor", por eso añade: "si la sal pierde su sabor, ¿con qué la salarán? San Mateo 5,13.
Jesús sabe bien que esa sal, que ese sabor viene de lo alto, porque en el fondo no es otro que la gracia del Espíritu Santo. Jesús sabe bien que ese sabor no lo puede producir el ser humano por sí mismo, y por eso les dice: "Sois sal, ahora cuidado con perder el sabor" San Mateo 5,13.
El que realiza la obra de que nosotros tengamos sabor y de que nuestra vida tenga sentido, el que hace esa obra maravillosa es el don del Espíritu, que viene abundante por la Palabra, por la Carne, por la Sangre, por la Pascua de cristo.
Luego les dice: "Sois luz del mundo" San Mateo 5,14. En ese momento los hace luz, y luego les advierte: "No vayan a ocultar la luz que tienen" San Mateo 5,14.
Porque así pasa con la luz que nos da Cristo, lo mismo que pasa con el don teologal de la fe: si la fe no se ejercita, se atrofia.




La Palabra poderosa de Cristo, para todo aquel que crea, es capaz de convertirlo en sal y en luz, y por eso el evangelio no es en primer lugar una obligación, sino en primer lugar una oferta magnánima, inmensa de gracia, de amor, de sabor, de sentido, de claridad.
A partir de ese sabor y de esa claridad, una advertencia: "Ahora no vayas a perder lo que eres; ahora no vayas a perder el sabor que te da Cristo; ahora no vayas a perder la luz que Él te ha regalado".
Quisiera terminar haciendo un comentario sobre eso de que sólo Cristo nos puede dar sabor y luz.

Este evangelio, nos invita a acercarnos a la Fuente de la que hemos salido, a la Piedra de la que hemos sido cortados, este evangelio nos invita a volver nuestros ojos a los ojos de Cristo, en ellos reconocer la mirada de Papá Dios y decirle: "Tú que me has creado, tú eres el sabor de mi vida, tú eres la luz de mi existencia".

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