viernes, 3 de febrero de 2017

Adquiridos






Él dio su vida por nosotros, somos adquiridos por Él, le pertenecemos a precio de Sangre, como dice el Apóstol San Pablo en la Carta a los Colosenses: “Por el bautismo fuisteis sepultados con Cristo y habéis resucitado con Él, porque habéis creído en la fuerza de Dios que lo resucitó de entre los muertos” Carta a los Colosenses 2,12-13.
Un cristiano es alguien que ha creído en la fuerza de Dios, fuerza capaz de levantar un muerto del sepulcro; un cristiano pertenece a Dios, toda nuestra vida es de Él.
Escuchamos la Palabra, oramos y nos alimentamos con la enseñanza y nos alimentamos con los sacramentos; tenemos nuestras propias vitaminas, tenemos propio alimento. Nosotros Tenemos que asistir a la iglesia con hambre, con anhelo, con deseo de escuchar la Palabra, de aprovecharla, de saciarnos en ella, de saborearla.
Abraham no pertenecía a estos pueblos, él no había nacido ahí; Abraham no había salido de ahí, ni esos pueblos eran parientes suyos, y era tan grave la situación de estos pueblos, de estas dos poblaciones que Dios se había resuelto a acabar con ellos, porque hay vidas que son peores que la misma muerte, y hay veces que la muerte es una medicina.
Abraham empieza a interceder, hemos escuchado las súplicas que hace: "¿Y si hubiera cincuenta justos? Tú" no vas a matar al inocente con el culpable" "¿Y si hubiera cuarenta y cinco o cuarenta? ¿Y si hubiera treinta, veinte o diez?" Génesis 18,24-32.
Y Dios le dijo: "Si hubiera diez justos no destruiría a la ciudad" Géneis 18,33, pero no alcanzó a ver a las diez personas.
Los únicos que tenían alguna noción y algún amor a Dios eran Lot, el sobrino de Abraham, y su familia, menos de diez personas; pero Dios no destruyó al inocente con el culpable, envió a unos Ángeles para sacar a Lot de aquella ciudad, ciudad adúltera y fornicada, ciudad orgullosa y vanidosa.
Sacó de ahí a Lot y fuego y azufre cayó sobre esos poblados, porque hay veces que la muerte es más leve que una vida de iniquidad y Dios, que es infinito en su piedad, hay veces que tiene que poner fin a una historia para que no sea todavía peor.
Pero nosotros quedémonos con la imagen de Abraham intercediendo, no eran ni siquiera familia suya, Abraham piensa en la gloria de Dios, y piensa en los inocentes, ora a veces con temor, con timidez, con pena y le dice que, "no se ofenda mi Señor" Génesis 18,30|Génesis 18,30.
Cuando nosotros aceptamos y acogemos a Dios en nuestra vida, Él es el Señor nuestro, y entonces todas nuestras pasiones, todos nuestros anhelos y todos nuestros problemas adquieren su justo tamaño .
Los discípulos se encontraron con Jesús orando y el modo y la intensidad y la belleza de la oración de Cristo movieron a esa súplica que hemos escuchado “Señor, enséñanos a orar” San Lucas 11,1; ¡cómo es de importante decirle esto a Dios!
Nosotros podemos creer que sabemos orar porque sabemos fórmulas de oración, o podemos creer que sabemos orar porque sabemos canciones hermosas, pero hay un problema, los discípulos conocían salmos, conocían canciones y conocían formulas de oración, el problema no es sólo de formulas de oración, el problema es el corazón, el problema es como está tu corazón ante Dios.
Lo importante es que tu corazón esté moldeado por el corazón de Jesucristo.
Fíjate que fue Cristo en oración el que llamó a orar a los discípulos, la manera de orar de Jesucristo se convirtió en un llamado para orar, de manera que, primero, las fórmulas no son lo más importante.
Pero las fórmulas si son útiles o el mismo Jesús oró con los salmos, cuando Jesús estaba en la cruz dijo, por ejemplo, el salmo 22 que empieza con esas palabras desgarradoras “Dios mío, Dios mío por qué me has abandonado” esas palabras que le alcanzaron a oír a Cristo fueron las que le alcanzaron a oír, pero no fueron las únicas que El dijo.
Jesús estaba orando un salmo, y minutos o segundos antes de morir Jesús estaba orando con otro salmo y dijo: “Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu” Salmo 31,6, esto se encuentra en el salmo treinta y uno .
Jesús estaba orando con los salmos. “A tus manos encomiendo mi espíritu” Salmo 31,6, dijo Jesús; eso fue lo que le alcanzó a oír el que estaba ahí cerquita, pero Jesús siguió orando más cosas. Ese salmo dice: “A tus manos encomiendo mi espíritu; tú, el Dios leal, me liberarás” Salmo 31,6.
De manera que las dos cosas son importantes, que uno no puede quedarse en las fórmulas, pero que uno sí puede aprovechar las fórmulas.
Es necesario volver a la Sagrada Escritura, a los salmos y a las oraciones de los santos.Enseñama Señor a cumplir tu voluntad.
Utilizar fórmulas como el Santo Rosario, como las novenas aprobadas por la Iglesia, los devocionales aprobados por la Iglesia, las oraciones de los santos y sobre todo los salmos y los cánticos de la Sagrada Escritura, orar así educa al corazón para que no me invente a Dios; yo necesito un Dios no sólo que me apruebe, sino que me corrija, no sólo que me consienta, sino que me guíe.
La mejor manera de aprender a orar, con el Padre Nuestro, que nos ha enseñado Jesucristo, o con otras oraciones semejantes; la mejor manera de aprender a orar se resume en una estrategia sencillita, orar despacio, es todo lo que se necesita, cuando uno ora a altas velocidades ni entiende uno ni logra nada.
Hay personas que rezan el Rosario cuando unos van en “bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendita…”, “Santa María”…., ya arrancó el otro; quítele velocidad, piense lo que está diciendo, que su corazón sepa sentir lo que dicen sus palabras, para que luego sus palabras puedan expresar lo que hay en su corazón.
Jesús nos invita hoy a orar, a orar con constancia, a orar con amor a orar con fuerza, a orar con fe, y Abraham nos ha enseñado que incluso en un caso tan grave como el de Sodoma y Gomorra, la oración de intercesión Dios la escucha, y Dios sabrá sacar a su pueblo adelante.
Seamos personas de oración, o mejor, la oración misma en persona.
Jesús, que nos invita a perseverar orando, nos da como una fórmula de oración, el Padre Nuestro. Nos dice que pidamos, y recibiremos; que llamemos a la puerta, y se nos abrirá; que busquemos, y así llegaremos a encontrar.
¡La oración! Probablemente nosotros, lo mismo que este discípulo que vio a Jesús orar, tendríamos que decirle al mismo Señor: “Enséñanos a orar”.
Cuando San Agustín se encontró con Dios, le dijo a Dios: “Tú estabas dentro de mí, y yo estaba afuera”. En otra ocasión, el mismo Santo dijo: “Dios está más dentro de nosotros que nosotros mismos”.
Nuestro tiempo requiere de maestros de oración. Lamentablemente, no hay muchos maestros de oración.
Por eso vale la pena que dediquemos un instante a ver cuál es la diferencia entre la oración que Cristo nos propone, y este género de ejercicios. Supongamos, por ejemplo, una persona que llega a una iglesia, y ora.
Y resulta que lo primero que aparece en la oración cristiana, es que está dirigida a Alguien, ese Alguien a quien llamamos Padre. Nuestra oración es un encuentro, no es un estado mental.
La espiritualidad no es un estado mental, no es una manera de sentirse uno. La espiritualidad cristiana es la obra de una Persona que es el Espíritu Santo, que obra como Señor y Dador de vida, que transforma, que denuncia, que consuela, que intercede. San Pablo dice que “gime en nosotros con gemidos inefables” Carta a los Romanos 8,26.
Entonces estamos viendo diferencias. En la oración cristiana nos encontramos con Alguien, es
La espiritualidad cristiana no se define por ser antimateria, antimaterial o anticorporal, sino por ser el encuentro con una Persona, que es regalo, que es don, que es gracia, y que es el Espíritu Santo.
222En la oración cristiana hay agradecimiento, hay alabanza, hay súplica, hay intercesión.
Por consiguiente, nosotros hemos de estar como este discípulo, cerca de Jesús, orando. La oración más perfecta que tiene la Iglesia Católica es esta, en la que estamos, una oración que tiene distintas dimensiones y momentos, pero que tiene una gran unidad, y que se llama la Eucaristía.
En ella pedimos perdón por nuestros pecados, agradecemos los bienes, nos ofrecemos a Dios, le alabamos por sus beneficios, le pedimos que nos proteja con su providencia.
El mensaje entonces es: “¡No se deje engañar! ¡No pierda el contacto con Alguien, con el Dios vivo, buscando estados mentales!”

Lo que Dios promete es mayor, y Él no te va a negar el Espíritu Santo, Espíritu de Dios vivo, que orará en ti si tú se lo pides.

No hay comentarios:

Publicar un comentario