sábado, 25 de febrero de 2017

San Marcos 5,34.

Conviene que nosotros nos preguntemos qué le pedimos a Dios: ¿que nos quite problemas?, ¿o que nos cambie la vida? Y conviene preguntarnos, porque muchos aquí somos evangelizadores: ¿cómo tratamos nosotros a las personas? Porque es muy posible que nosotros vendamos la idea de un Dios que quita problemas y nos dé pena presentar a un Dios que cambia la vida.
Esa fue la sanación, pero la sanación está metida dentro de otro milagro que de pronto es más grande. El jefe de la sinagoga le pide a Jesús, yo creo que es de las súplicas más entrañables que puede haber, cuando un papá pide por su hijo.
Dios ha querido que el amor de papá, que el amor de mamá, sea tal vez el amor más intenso que se pueda sentir en esta tierra. Y es un amor de esa naturaleza el que se acerca a Jesús para decirle las palabras que hemos oído; le dice: "mira, mi niña está en las últimas; pon las manos sobre ella para que se cure y viva" San Marcos 5,23.
¡Qué petición tan humilde y tan profundamente necesitada! La respuesta del Señor es inmediata. Jesús se fue con él, ¡ojo!, acompañado de mucha gente. Porque si hay una cosa interesante es cómo Jesús empieza acompañado de mucha gente. pero Él sabe que el milagro sólo puede suceder acompañado de poca gente. Y vamos a ver que ahí hay una enseñanza para nosotros.
Nos suceda el episodio de la mujer, mientras termina la curación de la mujer, la noticia de la casa: "Ya no molestes al Maestro" San Marcos 5,35; "se ha muerto tu hija" San Marcos 5,35. Dos noticias brutales.
¡La diplomacia de esta gente! "Tu hija se ha muerto" San Marcos 5,35; "ya no molestes más" San Marcos 5,35, brutales, brutales.
El hombre queda en silencio, Jesús responde por él. Esa parte me parece tan tierna del corazón de Cristo. Fíjense el hombre no dice nada. Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y dijo al jefe de la sinagoga, no le dejó pensar, no le dejó hablar: "mira, no temas; basta que tengas fe" San Marcos 5,36. Jesús habló por él, Jesús salió a defenderlo.
Esto me parece maravilloso y me parece muy propio de Jesús: salió a defenderlo cuando ya a él se le había muerto la esperanza, cuando ya a él se le había muerto su ilusión, cuando ya no tenía nada.











No sólo quería quitarle el problema, sino quería cambiarle la vida, por eso le dice: "Vete en paz y con salud" San Marcos 5,34. Ella no estaba pidiendo esa paz, solamente estaba pidiendo la salud.
Pero Jasús le dió un añadido, un tremendo añadido: la paz, que Santo Tomás de Aquino dice: Es el resumen de todos los bienes, porque la paz sólo existe como tranquilidad en el orden".
Eso es bellísimo, porque uno tiene muchos momentos así, en que ya a uno se le mueren las fuerzas, en que ya no hay nada. Es emocionante pensar que en ese momento, Jesús toma la voz de él, toma la causa de ese papá que ya no podía decir nada más, toma la causa de él y le dice: "no temas; basta con que tengas fe" San Marcos 5,36.
Esto debe reanimar nuestro amor a Jesucristo y reanimar nuestra fe. El Señor puede tomar mi causa.
Eso fue lo que hizo este papá. Él sufrió, pero ya no habló más. Él se dejó llevar de la mano de Jesús. Y Jesús quita a esa multitud y se queda con unos poquitos: el papá, la mamá y tres de los Apóstoles; quita la multitud y se queda con unos poquitos. El hombre se deja llevar por Jesús.
"¡Ahí te entrego a ese muerto!". Yo les recomiendo en situaciones donde ustedes ven todo perdido, todo perdido, ustedes le pueden decir al Señor eso: "¡te entrego a ese muerto!.
 Es un matrimonio que fue celebrado ante Jesús, ante Jesús. Es que lo grave del matrimonio es eso, que es ante Jesús, es que estamos tomando por testigo a Dios; con Dios no se juega.
El matrimonio fue celebrado ante Jesús, es el sacramento del Matrimonio. Y todo el mundo me ha dicho: "Ahí no hay nada que hacer". Se reconoce que el hombre cometió muchos errores, que la mujer cometió muchos errores,  "Ahí te entrego ese muerto".
Cada vez que me acuerdo de esa pareja a la que quiero muchísimo, le digo a Dios: "ahí te entrego a ese muerto". Yo quisiera poder decirles: " Dios lo escuchó, todo se arregló".  Todavía no hay esa buena noticia. Pero parece increíble la manera como Dios está obrando, está deteniendo las fuerzas del mal, porque hay demasiada gente interesada en destruir esa pareja.Yo cierro los ojos y veo a Jesús poniendo escudos y defendiendo a esa pareja, defendiendo a eso que parece muerto. Eso es lo que Jesús hace aquí, Jesús toma ese caso muerto y le defiende de la multitud.
¿Qué dice la multitud? ¡Ojo a la voz de la multitud! "No hay nada que hacer, nada qué hacer". ¡Ojo a la multitud! "Ya la niña se murió, lloremos, la niña se murió"; "no hay nada qué hacer", dice la la multitud.
Por eso Jesús quita a la multitud: "váyanse, quítense, aléjense"; "Ahí te entrego a ese muerto". Jesús llega donde la niña y le habla. Esto también es muy lindo, ¿ah? La despierta con la voz. Esto es muy bello por muchas razones, ¿por qué? Porque es la voz de Jesús la que nos despierta del pecado.
Es muy lindo, porque es la voz de Jesús la que nos va a despertar en el último día. Aquí se lo dijo sólo a esta niña ¿no? Talitha kumi. "A ti te lo digo: ¡levántate!" San Marcos 5,41. Pero en el último día nos lo va a decir a cada uno de nosotros.
La voz de Jesús que levanta. Fíjense que en el libro del Génesis es la voz de Dios la que crea todas las cosas. Aquí es la voz de Jesús la que recrea, la que restaura todas las cosas.
Y la niña se despierta, la niña se levanta y todos quedan admirados. ¡Qué alegría la de ese papá: Puse mi causa en quien podía defenderme y sacarla adelante!".

Pongamos nuestras causas en Jesús. Pidámosle a Jesús que defienda nuestras causas, que defienda nuestros intereses, que se compadezca siempre de nosotros. Si hay algunos cuantos muertos en nuestra vida, que la voz de Jesús los pueda despertar.

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