El Nuevo Testamento enseña que la resurrección de Jesús, que celebra la Pascua, es fundamento de la fe cristiana. La resurrección estableció a Jesús como el Hijo de Dios y se cita como prueba de que Dios juzgará al mundo con justicia. Dios ha dado a los cristianos "un nuevo nacimiento a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos". Los cristianos, por la fe en el poder de Dios han de discernir espiritualmente con Jesús resucitado, para que se puede caminar en una nueva forma de vida.
miércoles, 31 de mayo de 2017
Conmemora
La
Pascua, en la que se conmemora la crucifixión y muerte de Jesús. A la Semana
Santa le sigue un período de cincuenta días llamado Tiempo pascual, que termina con el Domingo de
Pentecostés.
El Nuevo Testamento enseña que la resurrección de Jesús, que celebra la Pascua, es fundamento de la fe cristiana. La resurrección estableció a Jesús como el Hijo de Dios y se cita como prueba de que Dios juzgará al mundo con justicia. Dios ha dado a los cristianos "un nuevo nacimiento a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos". Los cristianos, por la fe en el poder de Dios han de discernir espiritualmente con Jesús resucitado, para que se puede caminar en una nueva forma de vida.
El Nuevo Testamento enseña que la resurrección de Jesús, que celebra la Pascua, es fundamento de la fe cristiana. La resurrección estableció a Jesús como el Hijo de Dios y se cita como prueba de que Dios juzgará al mundo con justicia. Dios ha dado a los cristianos "un nuevo nacimiento a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos". Los cristianos, por la fe en el poder de Dios han de discernir espiritualmente con Jesús resucitado, para que se puede caminar en una nueva forma de vida.
Panes
Con los panes sin levadura de la pureza y la Eucaristía, que es el regalo por excelencia, que
es el don por excelencia, tiene su palabra que le da sentido, tiene su contexto
que es el que nos ilumina y nos permite reconocer a Jesucristo. Es la solemne declaración de amor: Aquí estoy todo yo; "todo lo que me ha
revelado mi Padre os lo he dado a conocer" San Juan 15,15.
"Ya nos os llamo siervos, os llamo amigos, porque todo lo que me
ha mostrado mi Padre, todo lo que me ha dicho mi Padre, os lo he dado a
conocer" San Juan 15,15.
"Aquí estoy yo, así soy, ahí estoy entre
ustedes". Quien ha entendido esta declaración generosa, irreversible de
amor, entiende también el sentido de las palabras de la Eucaristía.
Cuando uno se siente casi avasallado por ese torrente
del amor de Dios, entonces entiende qué es lo que quiere decir eso de: “Tomad y
comed: este es mi Cuerpo; tomad y bebed: este es el cáliz de mi Sangre, que se
entrega para el perdón de los pecados" San Mateo 26,27-28.
Esas palabras de la Eucaristía no son sino la
reanimación en acto, en acto sacramental, de aquello que Él nos ha venido
diciendo, no sólo en esta Cena de despedida, sino desde que inició su
predicación allá en Galilea, y si lo miramos mejor, desde el momento mismo de
la Encarnación.
Cristo es Pan de Vida, dado para restauración, para
sanación y para alimento del mundo, desde el primer momento de su existencia.
Y ese vivir para el otro, ese continuamente darse, ese
no reservarse nada, ese completar la carrera en la gloria de Dios, es lo que
tiene su realización en cada Eucaristía cuando Él dice: "Este es mi
cuerpo, así soy y soy para vosotros en la gloria del Padre". Esta es mi
sangre, así soy y soy para vosotros, para salud vuestra y gloria del Padre
Celestial".
Que nos brinde ese amor, ese amor de Espíritu, ese
amor de Dios, que es regalo y palabra, para qu
erdad".Ella es el arca de la
alianza ,ella laque siempre dice si Señor hagase en mi segùn tu palabra el
Señor ha una anciana la hace Madre Jesùs y yo tenemos la
misma Madre
viernes, 26 de mayo de 2017
SHALOM
En la
Revelación bíblica, la paz es mucho más que la simple ausencia de guerra:
representa la plenitud de la vida Ml 2,5; más que una construcción humana, es un
sumo don divino ofrecido a todos los hombres, que comporta la obediencia al
plan de Dios. La paz es el efecto de la bendición de Dios sobre su pueblo: «
Yahveh te muestre su rostro y te conceda la paz » Nm 6,26.
Esta paz genera fecundidad Is 48,19, bienestar Is 48,18,
prosperidad Is 54,13, ausencia de temor Lv 26,6
y alegría profunda Pr 12,20. La
paz es la meta de la convivencia social, como aparece de forma extraordinaria
en la visión mesiánica de la paz: cuando todos los pueblos acudirán a la casa
del Señor y Él les mostrará sus caminos, ellos podrán caminar por las sendas de
la paz Is 2,2-5. Un mundo nuevo de paz,
que alcanza toda la naturaleza, ha sido prometido para la era mesiánica Is 11,6-9 y al mismo Mesías se le llama «
Príncipe de Paz » Is 9,5. Allí donde reina su paz, allí
donde es anticipada, aunque sea parcialmente, nadie podrá turbar al pueblo de
Dios Sof 3,13. La paz será entonces
duradera, porque cuando el rey gobierna según la justicia de Dios, la rectitud
brota y la paz abunda « hasta que no haya luna » Sal 72,7.
Dios anhela dar la paz a su pueblo: « Sí, Yahveh habla de paz para su pueblo y
para sus amigos, con tal que a su torpeza no retornen » (Sal 85,9). El salmista, escuchando lo que
Dios dice a su pueblo sobre la paz, oye estas palabras: « Amor y VeLa promesa de paz, que recorre todo el
Antiguo Testamento, halla su cumplimiento en la Persona de Jesús.
La paz es el bien mesiánico por
excelencia, que engloba todos los demás bienes salvíficos. La palabra hebrea « shalom », en el sentido etimológico de «entereza », expresa el concepto de « paz » en
la plenitud de su significado Is 9,5s.; Mi 5,1-4. El reino del Mesías es
precisamente el reino de la paz Jb 25,2; Sal 29,11;
37,11; 72,3.7; 85,9.11; 119,165; 125,5; 128,6; 147,14; Ct 8,10; Is 26,3.12;
32,17s; 52,7; 54,10; 57,19; 60,17; 66,12; Ag 2,9; Zc 9,10 et alibi). Jesús « es nuestra paz » Ef 2,14, Él ha derribado el muro de la enemistad
entre los hombres, reconciliándoles con Dios Ef 2,14-16. De este modo, San Pablo, con
eficaz sencillez, indica la razón fundamental que impulsa a los cristianos
hacia una vida y una misión de paz.rdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan
» Sal 85,11.
jueves, 25 de mayo de 2017
San Josè
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Segundo Día: Dame, San José, la pureza que
ilumina y guía.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Tercer Día: San José, dame el don de la
fortaleza.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Cuarto Día: Enséñame, San José, a comprender.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Quinto Día: San José, dame el don de la
prudencia.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Sexto Día: San José, haz que triunfe en mi
corazón el amor.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Séptimo Día: San José, dame un corazón
paciente.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Octavo día: La humildad de José.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Noveno Día: San José, enséñame los dones de
la alegría y la oración.
Padre Nuestro. Avemaría y Gloria
San
José ¡Ruega por nosotros!
Isaias 65.17-18
Dios compromete su propia
palabra para decir todas las maravillas que van a venir sobre su pueblo elegido.
La paz se afianza, la esperanza crece, el gozo de todos va en aumento.
Es un panorama maravilloso, se
parece mucho al paraíso. La Biblia, en sus primeros capítulos, en el Génesis,
nos cuenta del paraíso terrenal. Indudablemente, Isaías, en este capítulo
sesenta y cinco, tiene en mente algo similar: hay abundancia y paz, hay
bendición y seguridad.
El Dios que lo creó todo puede
volver a crearlo todo. Dios no quedó cansado al crear el universo; Dios tiene
suficiente poder y sabiduría para hacer este y muchos más universos, y por eso
es posible la nueva creación.
Es una clave muy importante
para comprender lo que significa la vida y la obra de Jesucristo; con Él
empieza una nueva historia, con Él empieza la nueva creación, y la puerta para
asomarnos a esa nueva creación es darle pleno permiso, total autoridad y
autorización a Dios para que Él haga todo lo que quiere hacer.
Esa total autorización, esa
absoluta confianza en el Señor, es exactamente lo que significa la palabra
"fe". Y aquí encontramos una relación con el evangelio, el evangelio
está tomado del final del capítulo cuarto de San Juan. Se trata de la curación
del hijo de un cierto funcionario.
Nuestra
única estrategia es saber que nosotros no somos ni los dueños del universo, ni
somos viceadministradores de todo lo creado. Únicamente, cuando unimos nuestro
corazón a Dios, Él puede a través de nosotros gobernar la naturaleza, como
aparece también en el Génesis, cuando Dios dice al hombre que crezca y que se
multiplique y que domine sobre las creaturas en nombre suyo, no para destruirlas
sábado, 20 de mayo de 2017
Salmo 188,29
“Dame la gracia de tu voluntad” Salmo 188,29, y por
eso uno le pide a Dios una fe que resista, una fe que consista, que insista y
que resista, una fe que se sostenga.
digamosle
a Dios: “Te entrego… Hay que entregarle
a Dios todo antes de que te lo pida, ese es el secreto. Eso sí, les invito,
entréguenle a Dios todo antes de que lo pida, al papá, a la mamá, a la familia,
la fama, la salud, los recuerdos, los proyectos, todo, ya está todo entregado,
ya queda uno más tranquilo.
Dios, que no sabe darse sino entero; Él, que
se dio completamente a nosotros, nos conceda responderle con un sí semejante al
de su amor.
La
fe es la bendición de los días; un día vivido en la fe es un día ofrecido a
Dios, y un día ofrecido a Dios es como una pequeña Eucaristía que celebra
nuestro corazón en la presencia del Padre Celestial.
Ejercer
la fe en el Hijo de Dios, en Aquel que Dios ha enviado; creer en Él, darle el
primer puesto a lo que Él hace, a lo que Él quiere, a lo que Él ha padecido, a
lo que Él desea.
Descubrirlo
como Señor poderoso de nuestras vidas, como Rey victorioso, como amable y
sereno Emperador de todo lo que nosotros somos.
Acoger
triunfalmente, pero sobre todo amorosamente a Jesucristo en nuestras vidas;
recibirle, para que Él, con su suave y eficaz mandato, ponga en orden todo lo
que somos, todo lo que tenemos, lo que proyectamos y lo que decimos. Cuando
esto sucede, cuando ejercemos así fe en Jesucristo, es mismo Cristo el que vive
con nosotros, el que trabaja con nosotros y el que bendice nuestras palabras,
nuestro tiempo, incluso nuestros dolores, nuestras contrariedades, nuestros
problemas.
Hoy
queremos recibir a Jesucristo así en nuestras vidas; hoy le decimos a
Jesucristo; "Tú eres el Señor de nuestras vidas, no queremos perder ni un
día más; hoy queremos recibirte, Jesús, entra a tomar posesión del reino que
adquiriste con tu sangre; hoy sentimos lo que sintieron aquellos discípulos de
Emaús; "Es tarde, pero quédate con nosotros" San Lucas 24,29.
Señor,
la vida se termina, la historia pasa y sólo quedará en pie lo que sea probado por
el fuego, como dice el Apóstol San Pablo.
Es
tarde, quédate con nosotros; vive en nosotros, santifica nuestro tiempo; haz
fecunda nuestra vida, dale tú, Señor, el brillo, el perfime, el sentido a
nestra exitencia para que se pueda decir de nosotros lo que se dijo de ti:
"Pasó haciendo el bien" Hechos de los Apóstoles 10,38.
San Juan 6,39
Significa
la fe.
Y
les dice Cristo acá: "Trabajad no por el alimento que perece, sino por el
alimento que perdura, el que os dará el Hijo del hombre" San Juan 6,27.
La
diferencia entre el alimento que perece y el alimento que perdura, ¿cuál es?
Pues que el alimento que perdura viene como regalo, es un regalo, es un don del
cielo, el cual recibimos por la fe, por eso termina diciéndoles: "La obra
que Dios quiere es que creáis" San Juan 6,39.
De
modo que Cristo, a través de esta pedagogía nos va llevando, del espectáculo
del prodigio al milagro de la fe, a la verdad de nuestro corazón y a la
maravillosa experiencia de sentirnos conducidos por Dios, nuestro Padre, hacia
el mismo Jesús.
Dejemos que sea el mismo Jesús quien nos la haga hoy:
"¿Tú qué es lo que buscas en mí? es una pregunta tan profunda, "¿qué
es lo que buscas en mi? ¿Qué puedo darte yo que no estés consiguiendo y que no
puedas conseguir?"
El
día que tengamos una respuesta honesta, totalmente sincera para esa pregunta,
ese día también encontraremos una fe muy, muy limpia, una fe muy pura, una fe
muy agradecida, una fe que es real y verdaderamente el trabajo que Dios quiere
que hagamos.
Ellos le estaban preguntando: "Bueno, ¿qué trabajo hay que
hacer?" San Juan 6,28, y
Jesús dice: "Bueno, el trabajo de creer" San Juan 6,29.
Es
decir que sí hay un trabajo. La fe es un regalo, nadie lo duda, es un don del
Espíritu Santo, sin el Espíritu no hay fe, pero es un trabajo. Y entonces uno
dice: "Bueno, pero de acuerdo con su teoría, padrecito, entonces ¿en dónde
está el trabajo?"
El trabajo de la fe no es exactamente el tener
fe, sino alcanzar la fe. A ver me explico. De acuerdo con la explicación que
llevamos, yo no llego
Empuja
Cristo
no cede a eso, Cristo no abre sus misterios a la curiosidad sino al amor, y por
eso a Cristo se le entiende, no desde la curiosidad, que es presuntuosa y que
quiere controlar; a Cristo se le entiende desde la escucha, desde el silencio,
desde la intimidad, desde el amor.
Por
eso es muy probable, que sepan más de los misterios eucarísticos las almas más
contemplativas que las almas más brillantes. A veces el brillo deslumbra al que
lo tiene, mientras que el verdadero contemplativo sabe ese lenguaje de
intimidad que es el que revela los misterios.
De
manera que Cristo lo primero que hace para conducirnos hacia la fe es cerrar la
puerta, y de pronto con un poquito de violencia, cerrar la puerta a la
curiosidad: "¡Curiosos a mí, fuera!" Y cierra la puerta Cristo.
Y
por eso las palabras de Él, sobre todo las primeras, suenan muy duro: "Os
lo aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan
hasta saciaros" San Juan 6,26."Consiguieron
mercado gratis, ¿no?"
Esa
dureza de Jesucristo confronta a la persona con su propia intención. Es lo
mismo, -claro que en aquella otra ocasión fue mucho más suave Nuestro Señor-,
es lo mismo que pasó al principio de este mismo evangelio de Juan.
Por
allá, el Señor Jesús, estaba cerca del Jordán, y Juan el Bautista les dijo a
unos discípulos de él, discípulos de Juan: "Ese es el Cordero de
Dios" San Juan 1,36, y
entonces ellos fueron allá, iban siguiendo a Cristo, entre esos estaba Andrés,
Andrés, el hermano de Pedro, iban siguiendo a Cristo.
Y
entonces, más o menos la pregunta que hizo Cristo, fue: "Qué quieren? ¿Qué
buscan?" San Juan 1,38. Es
decir, Cristo nos devuelve a nuestra intención: "Qué es lo que tú quieres?
Tú te acercas a mí, pero ¿con qué corazón vienes? ¿Buscas al mago? ¿Buscas
deleitar tu curiosidad? ¿Buscas mercado gratis? ¿Qué buscas tú en mí?"
Esa
pregunta, cuando la tomamos con toda la seriedad con que la pronuncia
Jesucristo, esa pregunta nos lleva a algo maravilloso, nos lleva a la verdad de
nuestro corazón. Y eso es grande, porque en la verdad de nuestro corazón
tenemos que reconocer todo lo que somos, creaturas necesitadas, pecadores
urgidos de misericordia.
En
la verdad de nuestro corazón encontramos que hemos sido hechos para Dios; en la
verdad de nuestro corazón nos encontramos, no con los impulsos de la carne y de
la sangre, no con los impulsos del interés personal, no con los impulsos de la
conveniencia; en la verdad de nuestra alma nos encontramos con el impulso que
nos da el mismos Dios.
Por
eso dice Cristo en el evangelio de Juan: "Nadie viene a mí si el padre no
la atrae" San Juan 6,44.
De
manera que Jesús, cuando nos obliga a volver sobre nuestra intención, no está
simplemente humillándonos, ni incomodándonos, sino nos está obligando a llegar
a la sinceridad de lo que somos, y más allá de eso, quiere que nosotros
conectemos con el impulso, que no viene de nosotros mismos, sino de Papá Dios.
Cristo
quiere que encontremos en nosotros el impulso que viene de Papá Dios. Es una
cosa bonita. Santos que ha tenido nuestra Orden, como la amada Catalina de
Siena, tuvieron esa experiencia.
Cuando
Catalina empieza a descender en la realidad de su propio ser de mujer, de
cristiana, de creatura, de ser humano, cuando ella empieza a bajar, bajar,
ayudada por la lumbre de Cristo va bajando, llega un momento en el que siente
que en el fondo mismo de su ser lo que palpa es la mano de Dios Creador.
Tiene
que ser una experiencia fantástica, poder bajar dentro de nosotros mismos hasta
sentir que existimos solamente por Él, que Él verdaderamente nos ha creado y
nos sostiene, y que es Él el que nos envía, el que nos empuja, por la gracia de
su Espíritu, nos empuja hacia Jesucristo.
Cuando nosotros hacemos este recorrido interior,
y cuando nosotros nos encontramos, o como dicen por aquí, nos
"topamos" con las manos del Dios Creador que nos ama, en ese momento
podemos descubrir lo que
Hebreos 6,19.
"Nuestra
esperanza, dice en la Carta a los Hebreos, está anclada en los
cielos" Carta a los Hebreos 6,19. Ese que ya venció a la muerte, nos hace vencer hasta el
temor de la muerte.
Vamos con una convicción muy profunda y es:
“Jesús, si tú me bañas en tu luz, en tu gracia, en tu Sangre, en tu
misericordia, yo voy a poder entender la miseria del mundo y luchar junto a ti
para vencer la crueldad de este mundo. Este mundo nos sabe de misericordia,
pero necesita misericordia.
Jesús
sabe cómo está el mundo, sólo en Él está la misericordia, capaz de transformar
nuestra tierra.
A
Él honor y la gloria por los siglos.
Hechos de los Apostoles
·
El
Espíritu Santo es el amor por esencia, y es ese el amor que sirve de motor a
todos; los mártires, son mártires por amor, las vírgenes son vírgenes por amor,
los misioneros son misioneros por amor, los pastores, predicadores, apóstoles,
catequistas, todos en la Iglesia somos movidos por un mismo motor: el Amor y
por eso el libro de los Hechos de los Apóstoles es un canto al amor.
Pero
es también un canto a la esperanza y nosotros necesitamos muchísima esperanza;
en momentos de desolación, en momentos de frustración, la que sale peor herida,
es la esperanza. Cuando se intenta buscar un camino para la paz y no se le
halla, cuando a las propuestas de paz se responde con balas asesinas, atentados
terroristas, entonces sentimos que la esperanza se va al suelo, sentimos que no
hay futuro.
Los Hechos es un canto a la esperanza, en muchos lugares, hombres y mujeres, jóvenes,
niños, familias enteras, están pregonando, están caminando, están orando, están
cantando, están construyendo esperanza. Y el libro de los Hechos de los
Apóstoles nos ayuda a descubrir cómo se construye la esperanza.
El
abismo del amor divino que brilló en la Cruz de Jesús, el amor que llegó hasta
el extremo, el amor que llega hoy hasta el extremo aquí sobre el altar, ese
amor que se vuelve alimento, que se vuelve Eucaristía.
Vamos
a llenarnos de este amor eucarístico, vamos a llenarnos de ese amor
crucificado, vamos a llenarnos de este amor que nos da el Espíritu .
San Juan 14,9
Por
eso es bella la creación, y es bello todo lo que Dios ha hecho; hay un, queda ese camino de luz, ese camino
que es la historia de todas las providencias y amores de Dios.
Ser
perdonado es, otra vez, reconocer que siempre me equivoqué. Ser perdonado es
reconocer que yo no soy Dios, y eso es lo único que no quiere reconocer
Satanás. Eso es lo único que no quiere reconocer el que se rebela.
Ese
es el rastro de amor en la parábola del astronauta, ese es el rastro de amor
que podemos descubrir: Dios ha
ofrecido su perdón
Pero
el amor no falla. El amor en cuanto tal no fracasa. El amor que se ha ofrecido
deja esos caminos maravillosos de luz, y en esos caminos se declara el amor que
siempre vence, el mismo amor de Cristo, en quien creemos y a quien adoramos.
"Quien
me ve a mi ha visto al Padre" San Juan 14,9.
“Cómo dices tú muéstranos al Padre” San Juan 14,9;
"Si me conocierais a mi, conoceríais también a mi Padre” San Juan 14,7.
Todas
esas expresiones ¿qué indican? La capacidad de revelar, de mostrar, la
capacidad de ser transparencia de Dios.
¡Es
maravilloso! ¿Y qué nace de ahí? Lo que nos dice Jesús: "Lo que yo os digo
no lo hablo por cuenta propia" San Juan 14,10,
y más adelante dice: "El Padre que permanece en mí es quien hace las
obras, las palabras son las de mi Padre y las obras son las de mi Padre" San Juan 14,10.
Es
muy lindo eso, el invisible, el que habita en una luz inaccesible, el que nadie
ha visto ni puede ver, de repente está ahí ante nosotros en Jesús. Jesús
transparencia del Padre, Jesús revelador del Padre. ¡Que venga a nosotros el
Espíritu de Jesucristo!
Él
termina dándonos una esperanza inmensa: "Si me pedís algo en mi nombre, yo
lo haré" San Juan 14,13.
Jesús,
en tu propio nombre, te pedimos: "¡Danos el Espíritu Santo, junto con toda
la Iglesia; Jesucristo, nos estamos preparando para la efusión del Espíritu
Santo; Jesús, danos el Espíritu Santo, realiza en nosotros esa obra que nadie
más puede hacer!
¡Haz
que seamos transparencia del Evangelio, para que podamos descubrir la gracia
que anunciamos, para que podamos anunciar la gracia que tenemos; envía ese
Espíritu a nosotros, Señor, para que descubramos el Evangelio de la victoria,
para que nunca más nos entristezca la puerta que se cierra, porque tú mismo nos
descubres la puerta que se abre!".
Estas
palabras entonces nos animan a rogar con insistencia el don del Espíritu, para
que Jesús permanezca en nosotros y nosotros en Él, así como el mismo Jesús
permanece en el Padre y el Padre en Él.
Clamemos
la explicación de estas palabras. Esta es una homilía que la tiene que hacer el
Espíritu en cada corazón, esta es una explicación que no puede salir de boca
humana, sino que tiene que ser pronunciada por el mismo Verbo en lo íntimo del
corazón y convertirse allí también en una palabra.
miércoles, 17 de mayo de 2017
Pemanece
"Permanece
en Cristo" San Juan 15,4, ese
es el cristiano, pero a la luz del evangelio tiene que estar dispuesto a dos
cosas que son duras, pero que hacen madurar.
El
salmo que nos gusta tanto, el Salmo 91, la Iglesia lo reza en las completas del
día domingo y dice: “Aunque caigan mil a tu izquierda y diez mil a tu
derecha" Salmo 91,7.
No
vengan con esas historias, que a mí esas cosas me suenan a la voz del Apóstol
Pedro "Si, Señor, aunque todos te dejaran me haría matar por ti" San Juan 13,37.
Si
Jesús es la Vid, y uno tiene que saber que si el Padre Celestial arranca
sarmientos, uno tiene que saber que uno está en Cristo y permanece en Cristo.
Jesús
dijo: "Permaneced en mí, permaneced en la vid" San Juan 15,4, una
y otra vez en la vid, y por eso Cristo, decía, mira: "Hay muchos primeros
que serán últimos y hay muchos últimos que serán primeros" San Mateo 20,16.
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