miércoles, 31 de mayo de 2017

Conmemora

La Pascua, en la que se conmemora la crucifixión y muerte de Jesús. A la Semana Santa le sigue un período de cincuenta días llamado Tiempo pascual, que termina con el Domingo de Pentecostés.

El Nuevo Testamento enseña que la resurrección de Jesús, que celebra la Pascua, es fundamento de la fe cristiana. La resurrección estableció a Jesús como el Hijo de Dios y se cita como prueba de que Dios juzgará al mundo con justicia. Dios ha dado a los cristianos "un nuevo nacimiento a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos". Los cristianos, por la fe en el poder de Dios han de discernir espiritualmente con Jesús resucitado, para que se puede caminar en una nueva forma de vida.

Panes

Con los panes sin levadura de la pureza y la Eucaristía, que es el regalo por excelencia, que es el don por excelencia, tiene su palabra que le da sentido, tiene su contexto que es el que nos ilumina y nos permite reconocer a Jesucristo. Es la solemne declaración de amor: Aquí estoy todo yo; "todo lo que me ha revelado mi Padre os lo he dado a conocer" San Juan 15,15.
 "Ya nos os llamo siervos, os llamo amigos, porque todo lo que me ha mostrado mi Padre, todo lo que me ha dicho mi Padre, os lo he dado a conocer" San Juan 15,15.
"Aquí estoy yo, así soy, ahí estoy entre ustedes". Quien ha entendido esta declaración generosa, irreversible de amor, entiende también el sentido de las palabras de la Eucaristía.
Cuando uno se siente casi avasallado por ese torrente del amor de Dios, entonces entiende qué es lo que quiere decir eso de: “Tomad y comed: este es mi Cuerpo; tomad y bebed: este es el cáliz de mi Sangre, que se entrega para el perdón de los pecados" San Mateo 26,27-28.
Esas palabras de la Eucaristía no son sino la reanimación en acto, en acto sacramental, de aquello que Él nos ha venido diciendo, no sólo en esta Cena de despedida, sino desde que inició su predicación allá en Galilea, y si lo miramos mejor, desde el momento mismo de la Encarnación.
Cristo es Pan de Vida, dado para restauración, para sanación y para alimento del mundo, desde el primer momento de su existencia.
Y ese vivir para el otro, ese continuamente darse, ese no reservarse nada, ese completar la carrera en la gloria de Dios, es lo que tiene su realización en cada Eucaristía cuando Él dice: "Este es mi cuerpo, así soy y soy para vosotros en la gloria del Padre". Esta es mi sangre, así soy y soy para vosotros, para salud vuestra y gloria del Padre Celestial".
Que nos brinde ese amor, ese amor de Espíritu, ese amor de Dios, que es regalo y palabra, para qu
erdad".Ella es el arca de la alianza ,ella laque siempre dice si Señor hagase en mi segùn tu palabra el Señor ha una anciana la hace Madre Jesùs y yo tenemos la misma Madre

viernes, 26 de mayo de 2017

SHALOM

 En la Revelación bíblica, la paz es mucho más que la simple ausencia de guerra: representa la plenitud de la vida  Ml 2,5; más que una construcción humana, es un sumo don divino ofrecido a todos los hombres, que comporta la obediencia al plan de Dios. La paz es el efecto de la bendición de Dios sobre su pueblo: « Yahveh te muestre su rostro y te conceda la paz » Nm 6,26. Esta paz genera fecundidad  Is 48,19, bienestar  Is 48,18, prosperidad  Is 54,13, ausencia de temor  Lv 26,6 y alegría profunda  Pr 12,20.  La paz es la meta de la convivencia social, como aparece de forma extraordinaria en la visión mesiánica de la paz: cuando todos los pueblos acudirán a la casa del Señor y Él les mostrará sus caminos, ellos podrán caminar por las sendas de la paz  Is 2,2-5. Un mundo nuevo de paz, que alcanza toda la naturaleza, ha sido prometido para la era mesiánica  Is 11,6-9 y al mismo Mesías se le llama « Príncipe de Paz » Is 9,5. Allí donde reina su paz, allí donde es anticipada, aunque sea parcialmente, nadie podrá turbar al pueblo de Dios Sof 3,13. La paz será entonces duradera, porque cuando el rey gobierna según la justicia de Dios, la rectitud brota y la paz abunda « hasta que no haya luna » Sal 72,7. Dios anhela dar la paz a su pueblo: « Sí, Yahveh habla de paz para su pueblo y para sus amigos, con tal que a su torpeza no retornen » (Sal 85,9). El salmista, escuchando lo que Dios dice a su pueblo sobre la paz, oye estas palabras: « Amor y VeLa promesa de paz, que recorre todo el Antiguo Testamento, halla su cumplimiento en la Persona de Jesús.

La paz es el bien mesiánico por excelencia, que engloba todos los demás bienes salvíficos. La palabra hebrea « shalom », en el sentido etimológico de «entereza », expresa el concepto de « paz » en la plenitud de su significado  Is 9,5s.; Mi 5,1-4. El reino del Mesías es precisamente el reino de la paz Jb 25,2; Sal 29,11; 37,11; 72,3.7; 85,9.11; 119,165; 125,5; 128,6; 147,14; Ct 8,10; Is 26,3.12; 32,17s; 52,7; 54,10; 57,19; 60,17; 66,12; Ag 2,9; Zc 9,10 et alibi). Jesús « es nuestra paz » Ef 2,14, Él ha derribado el muro de la enemistad entre los hombres, reconciliándoles con Dios  Ef 2,14-16. De este modo, San Pablo, con eficaz sencillez, indica la razón fundamental que impulsa a los cristianos hacia una vida y una misión de paz.rdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan » Sal 85,11.

jueves, 25 de mayo de 2017

San Josè

Querido San José, vos que sos mi amigo, que fuiste de Jesús, su Papá adoptivo, enséñame a tener una radiante fe. Vos sabés cuán difícil es a veces creer, cuán fácil para mí es caer. Los miedos, la razón, mi conveniencia, el mundo es para mí como granizo que me alejan de Jesús y Sus designios. Sabés cuántas cosas no comprendo, y podés leer en mi corazón cuando me oscurezco. Dame una fe viva, una fe que solo entienda que el Señor es mi Maestro, y que corrió por mí todos los riesgos hasta morir en el Madero. Que vuelva a creer, que le sea fiel y que persevere en Él. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Segundo Día: Dame, San José, la pureza que ilumina y guía.
Querido hermano, San José, ayúdame con este gran don, el don de los elegidos del Señor. Vos que la pureza supiste guardar, y fuiste digno de tal confianza que el mismo Dios  te dio a Su Esposa Amada, María. Yo puedo comprender cuánto latía tu corazón por aquella Mujer Purísima, a la que te supiste entregar en corazón, alma y vida. Ella que era tan preciosa por su presencia, lo era más aún por su santidad. Vos la supiste cuidar y amar de verdad como tierno y puro esposo. Custodia mi alma para que tenga pureza de pensamiento, palabra y obras. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Tercer Día: San José, dame el don de la fortaleza.
Querido San José, dame el don de la fortaleza. Enséñame que no hay adversidad que con Dios no se pueda alejar o cambiar. Dame la fortaleza de ánimo y de espíritu, para hacer frente a los peligros de esta vida y saberlos llevar con la alegría de los que en Dios confían. Enséñame que cada obstáculo no es una amenaza sino una enseñanza. Que aunque a veces la cruz es pesada, Jesús junto a mí la arrastra y que unidos venceremos. Porque si Dios está conmigo a qué temo, qué cosas no puedo. El camina conmigo en el Huerto y en el desierto, y juntos vamos al Cielo. Hazme fuerte en mis batallas, para que yo sea a Su semejanza y deje en esta tierra Su Huella Santa. Y como vos en Nazaret, Belén, Egipto y Jerusalén haz que con mi cruz pueda yo vencer. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Cuarto Día: Enséñame, San José, a comprender.
San José, enséñame a los designios de Dios comprender, aún aquellos a los que mi corazón dice “no sé”. Quita de mi alma esas dudas que producen amargura. Y haz que como un hijo confiado le entregue a Jesús mi vida, mi amor y mi trabajo. Para sentirme liberado. Y así como vos con fe comprendiste a María, haz que pueda comprender y me entregue a la Voluntad de Dios en mi vida. Y lo que yo diga “no sé” también se lo entregue a Él, porque Él quiere tan solo mi bien. Amén.

Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Quinto Día: San José, dame el don de la prudencia.
San José, vos sabes cuánto me cuestan mis modos… y también conocer los tiempos…  San José, aquieta mi alma para que tenga prudencia, que conozca y actúe del modo y en el tiempo necesario para que mis obras alcancen un buen fin. Que tenga un corazón prudente, para ordenar mi vida y otras vidas. Que mis miedos, enojos y ansiedades no ahoguen esta gracia. Haz que las contradicciones del mundo sean sanadas por este don, pues la prudencia es pariente de la fe y la esperanza que todo lo alcanzan y mueven   montañas. San José enséñame a “prudentemente” mover montañas… Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Sexto Día: San José, haz que triunfe en mi corazón el amor.
San José, vos que amaste y que tanto lloraste, pero supiste ver en la tribulación y el dolor de tus días la Gracia de las Manos de Dios que te abrazan y levantan. San José, que tantas penumbras, trabajos, miedos y riesgos soportaste en tu corazón. Que tantas preocupaciones te aquejaban: tu familia, el trabajo, los parientes, amigos y vecinos. También aquellos que los sabías tus enemigos. Pero que con el escudo del amor y la  espada de la Verdad, enfrentaste y ganaste. Haznos un corazón amoroso, donde el  servicio, la bondad y la verdad brillen con alegría en nuestras vidas. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Séptimo Día: San José, dame un corazón paciente.
San José, dame un corazón paciente. La paciencia es la virtud de los Santos, porque nos hace abandonarnos en el Corazón de Jesús que es la protección y omnipotencia de Dios que se regala a los hombres. En medio de la adversidad es entregar. Dame paciencia San José, para saber esperar contra toda esperanza; para poder perseverar en medio de las tormentas; dame paciencia cuando a Dios no vea, para poder hallar Su paz y entregar. Porque Él siempre está y Su amor no me va a dejar. Él me vino a llamar y a buscar, Él me quiere de verdad  y me va a ayudar. Dame paz para aceptar y cumplir Su Voluntad. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Octavo día: La humildad de José.
San José, vos sí que fuiste un hombre humilde. No por ser carpintero, pues ese oficio te hacia sabio. No por tus manos de trabajo, ni por tus logros humanos. Sino porque sentiste de lo Alto el “llamado” y respondiste. Te vestiste siempre de “tu nada” frente  a la Palabra en la que descansaba tu alma y a La que amabas. Llevaste una vida casta y solo en Dios depositabas tu mirada, para “escuchar” lo que Él te enseñaba, y quitar también toda cizaña. Haz San José que yo también Le entregue “mi nada”, para depositar mi corazón en Su Corazón Precioso, ese Corazón Amante de los hombres, que es Corazón de Padre, Hijo y Esposo y que nos llama a todos para entregarnos el Tesoro escondido, ese Tesoro que es el mismo Cristo y que nos lleva al Cielo prometido. San José hazme humilde, siempre humilde. Amén.
Padre Nuestro, Avemaría y Gloria
Noveno Día: San José, enséñame los dones de la  alegría y la oración.
San José enséñame tu alegría. Y cómo no vas a tener alegría si tu esposa es la Virgen María y tu hijo, Jesús, Dios, Rey y Señor de nuestras vidas. Cómo no vas a tener alegría al tener al Niño Jesús en tus  brazos y mimarlo, sentir sus abrazos y enseñarle, y morir en Sus Brazos… Cómo no vas a tener alegría si tu vida era confianza infinita a la Voluntad Divina, si por Ella hacías y deshacías y por Ella tu alma ardía. Enséname a orar para confiar y vencer en mi debilidad, para amar de verdad y cumplir siempre la Santa Voluntad. San José fiel custodio de Jesús y María custodia mi alma y mi hogar, y haz que mi alma se encienda en gozo de tenerte a vos como patrono. Amén
Padre Nuestro. Avemaría y Gloria

San José ¡Ruega por nosotros!

Isaias 65.17-18

Dios compromete su propia palabra para decir todas las maravillas que van a venir sobre su pueblo elegido. La paz se afianza, la esperanza crece, el gozo de todos va en aumento.











Es un panorama maravilloso, se parece mucho al paraíso. La Biblia, en sus primeros capítulos, en el Génesis, nos cuenta del paraíso terrenal. Indudablemente, Isaías, en este capítulo sesenta y cinco, tiene en mente algo similar: hay abundancia y paz, hay bendición y seguridad.
 "Olviden lo pasado, voy a hacer un cielo nuevo, voy a hacer una tierra nueva" Isaías 65,17-18.
El Dios que lo creó todo puede volver a crearlo todo. Dios no quedó cansado al crear el universo; Dios tiene suficiente poder y sabiduría para hacer este y muchos más universos, y por eso es posible la nueva creación.
Es una clave muy importante para comprender lo que significa la vida y la obra de Jesucristo; con Él empieza una nueva historia, con Él empieza la nueva creación, y la puerta para asomarnos a esa nueva creación es darle pleno permiso, total autoridad y autorización a Dios para que Él haga todo lo que quiere hacer.
Esa total autorización, esa absoluta confianza en el Señor, es exactamente lo que significa la palabra "fe". Y aquí encontramos una relación con el evangelio, el evangelio está tomado del final del capítulo cuarto de San Juan. Se trata de la curación del hijo de un cierto funcionario.
Nuestra única estrategia es saber que nosotros no somos ni los dueños del universo, ni somos viceadministradores de todo lo creado. Únicamente, cuando unimos nuestro corazón a Dios, Él puede a través de nosotros gobernar la naturaleza, como aparece también en el Génesis, cuando Dios dice al hombre que crezca y que se multiplique y que domine sobre las creaturas en nombre suyo, no para destruirlas

sábado, 20 de mayo de 2017

 conscientes de que este es el camino de Cristo,


Salmo 188,29




 “Dame la gracia de tu voluntad” Salmo 188,29y por eso uno le pide a Dios una fe que resista, una fe que consista, que insista y que resista, una fe que se sostenga.
digamosle a Dios: “Te entrego…  Hay que entregarle a Dios todo antes de que te lo pida, ese es el secreto. Eso sí, les invito, entréguenle a Dios todo antes de que lo pida, al papá, a la mamá, a la familia, la fama, la salud, los recuerdos, los proyectos, todo, ya está todo entregado, ya queda uno más tranquilo.
 Dios, que no sabe darse sino entero; Él, que se dio completamente a nosotros, nos conceda responderle con un sí semejante al de su amor.
La fe es la bendición de los días; un día vivido en la fe es un día ofrecido a Dios, y un día ofrecido a Dios es como una pequeña Eucaristía que celebra nuestro corazón en la presencia del Padre Celestial.
Ejercer la fe en el Hijo de Dios, en Aquel que Dios ha enviado; creer en Él, darle el primer puesto a lo que Él hace, a lo que Él quiere, a lo que Él ha padecido, a lo que Él desea.
Descubrirlo como Señor poderoso de nuestras vidas, como Rey victorioso, como amable y sereno Emperador de todo lo que nosotros somos.
Acoger triunfalmente, pero sobre todo amorosamente a Jesucristo en nuestras vidas; recibirle, para que Él, con su suave y eficaz mandato, ponga en orden todo lo que somos, todo lo que tenemos, lo que proyectamos y lo que decimos. Cuando esto sucede, cuando ejercemos así fe en Jesucristo, es mismo Cristo el que vive con nosotros, el que trabaja con nosotros y el que bendice nuestras palabras, nuestro tiempo, incluso nuestros dolores, nuestras contrariedades, nuestros problemas.
Hoy queremos recibir a Jesucristo así en nuestras vidas; hoy le decimos a Jesucristo; "Tú eres el Señor de nuestras vidas, no queremos perder ni un día más; hoy queremos recibirte, Jesús, entra a tomar posesión del reino que adquiriste con tu sangre; hoy sentimos lo que sintieron aquellos discípulos de Emaús; "Es tarde, pero quédate con nosotros" San Lucas 24,29.
Señor, la vida se termina, la historia pasa y sólo quedará en pie lo que sea probado por el fuego, como dice el Apóstol San Pablo.

Es tarde, quédate con nosotros; vive en nosotros, santifica nuestro tiempo; haz fecunda nuestra vida, dale tú, Señor, el brillo, el perfime, el sentido a nestra exitencia para que se pueda decir de nosotros lo que se dijo de ti: "Pasó haciendo el bien" Hechos de los Apóstoles 10,38.

San Juan 6,39







Significa la fe.
Y les dice Cristo acá: "Trabajad no por el alimento que perece, sino por el alimento que perdura, el que os dará el Hijo del hombre" San Juan 6,27.
La diferencia entre el alimento que perece y el alimento que perdura, ¿cuál es? Pues que el alimento que perdura viene como regalo, es un regalo, es un don del cielo, el cual recibimos por la fe, por eso termina diciéndoles: "La obra que Dios quiere es que creáis" San Juan 6,39.
De modo que Cristo, a través de esta pedagogía nos va llevando, del espectáculo del prodigio al milagro de la fe, a la verdad de nuestro corazón y a la maravillosa experiencia de sentirnos conducidos por Dios, nuestro Padre, hacia el mismo Jesús.
 Dejemos que sea el mismo Jesús quien nos la haga hoy: "¿Tú qué es lo que buscas en mí? es una pregunta tan profunda, "¿qué es lo que buscas en mi? ¿Qué puedo darte yo que no estés consiguiendo y que no puedas conseguir?"
El día que tengamos una respuesta honesta, totalmente sincera para esa pregunta, ese día también encontraremos una fe muy, muy limpia, una fe muy pura, una fe muy agradecida, una fe que es real y verdaderamente el trabajo que Dios quiere que hagamos.
 Ellos le estaban preguntando: "Bueno, ¿qué trabajo hay que hacer?" San Juan 6,28, y Jesús dice: "Bueno, el trabajo de creer" San Juan 6,29.
Es decir que sí hay un trabajo. La fe es un regalo, nadie lo duda, es un don del Espíritu Santo, sin el Espíritu no hay fe, pero es un trabajo. Y entonces uno dice: "Bueno, pero de acuerdo con su teoría, padrecito, entonces ¿en dónde está el trabajo?"
El trabajo de la fe no es exactamente el tener fe, sino alcanzar la fe. A ver me explico. De acuerdo con la explicación que llevamos, yo no llego 

Empuja

Cristo no cede a eso, Cristo no abre sus misterios a la curiosidad sino al amor, y por eso a Cristo se le entiende, no desde la curiosidad, que es presuntuosa y que quiere controlar; a Cristo se le entiende desde la escucha, desde el silencio, desde la intimidad, desde el amor.
Por eso es muy probable, que sepan más de los misterios eucarísticos las almas más contemplativas que las almas más brillantes. A veces el brillo deslumbra al que lo tiene, mientras que el verdadero contemplativo sabe ese lenguaje de intimidad que es el que revela los misterios.
De manera que Cristo lo primero que hace para conducirnos hacia la fe es cerrar la puerta, y de pronto con un poquito de violencia, cerrar la puerta a la curiosidad: "¡Curiosos a mí, fuera!" Y cierra la puerta Cristo.
Y por eso las palabras de Él, sobre todo las primeras, suenan muy duro: "Os lo aseguro, me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros" San Juan 6,26."Consiguieron mercado gratis, ¿no?"
Esa dureza de Jesucristo confronta a la persona con su propia intención. Es lo mismo, -claro que en aquella otra ocasión fue mucho más suave Nuestro Señor-, es lo mismo que pasó al principio de este mismo evangelio de Juan.
Por allá, el Señor Jesús, estaba cerca del Jordán, y Juan el Bautista les dijo a unos discípulos de él, discípulos de Juan: "Ese es el Cordero de Dios" San Juan 1,36, y entonces ellos fueron allá, iban siguiendo a Cristo, entre esos estaba Andrés, Andrés, el hermano de Pedro, iban siguiendo a Cristo.
Y entonces, más o menos la pregunta que hizo Cristo, fue: "Qué quieren? ¿Qué buscan?" San Juan 1,38. Es decir, Cristo nos devuelve a nuestra intención: "Qué es lo que tú quieres? Tú te acercas a mí, pero ¿con qué corazón vienes? ¿Buscas al mago? ¿Buscas deleitar tu curiosidad? ¿Buscas mercado gratis? ¿Qué buscas tú en mí?"
Esa pregunta, cuando la tomamos con toda la seriedad con que la pronuncia Jesucristo, esa pregunta nos lleva a algo maravilloso, nos lleva a la verdad de nuestro corazón. Y eso es grande, porque en la verdad de nuestro corazón tenemos que reconocer todo lo que somos, creaturas necesitadas, pecadores urgidos de misericordia.
En la verdad de nuestro corazón encontramos que hemos sido hechos para Dios; en la verdad de nuestro corazón nos encontramos, no con los impulsos de la carne y de la sangre, no con los impulsos del interés personal, no con los impulsos de la conveniencia; en la verdad de nuestra alma nos encontramos con el impulso que nos da el mismos Dios.
Por eso dice Cristo en el evangelio de Juan: "Nadie viene a mí si el padre no la atrae" San Juan 6,44.
De manera que Jesús, cuando nos obliga a volver sobre nuestra intención, no está simplemente humillándonos, ni incomodándonos, sino nos está obligando a llegar a la sinceridad de lo que somos, y más allá de eso, quiere que nosotros conectemos con el impulso, que no viene de nosotros mismos, sino de Papá Dios.
Cristo quiere que encontremos en nosotros el impulso que viene de Papá Dios. Es una cosa bonita. Santos que ha tenido nuestra Orden, como la amada Catalina de Siena, tuvieron esa experiencia.
Cuando Catalina empieza a descender en la realidad de su propio ser de mujer, de cristiana, de creatura, de ser humano, cuando ella empieza a bajar, bajar, ayudada por la lumbre de Cristo va bajando, llega un momento en el que siente que en el fondo mismo de su ser lo que palpa es la mano de Dios Creador.
Tiene que ser una experiencia fantástica, poder bajar dentro de nosotros mismos hasta sentir que existimos solamente por Él, que Él verdaderamente nos ha creado y nos sostiene, y que es Él el que nos envía, el que nos empuja, por la gracia de su Espíritu, nos empuja hacia Jesucristo.
Cuando nosotros hacemos este recorrido interior, y cuando nosotros nos encontramos, o como dicen por aquí, nos "topamos" con las manos del Dios Creador que nos ama, en ese momento podemos descubrir lo que 

Hebreos 6,19.



"Nuestra esperanza, dice en la Carta a los Hebreos, está anclada en los cielos" Carta a los Hebreos 6,19. Ese que ya venció a la muerte, nos hace vencer hasta el temor de la muerte.
Vamos con una convicción muy profunda y es: “Jesús, si tú me bañas en tu luz, en tu gracia, en tu Sangre, en tu misericordia, yo voy a poder entender la miseria del mundo y luchar junto a ti para vencer la crueldad de este mundo. Este mundo nos sabe de misericordia, pero necesita misericordia.
Jesús sabe cómo está el mundo, sólo en Él está la misericordia, capaz de transformar nuestra tierra.

A Él honor y la gloria por los siglos.

Hechos de los Apostoles


· 

El Espíritu Santo es el amor por esencia, y es ese el amor que sirve de motor a todos; los mártires, son mártires por amor, las vírgenes son vírgenes por amor, los misioneros son misioneros por amor, los pastores, predicadores, apóstoles, catequistas, todos en la Iglesia somos movidos por un mismo motor: el Amor y por eso el libro de los Hechos de los Apóstoles es un canto al amor.
Pero es también un canto a la esperanza y nosotros necesitamos muchísima esperanza; en momentos de desolación, en momentos de frustración, la que sale peor herida, es la esperanza. Cuando se intenta buscar un camino para la paz y no se le halla, cuando a las propuestas de paz se responde con balas asesinas, atentados terroristas, entonces sentimos que la esperanza se va al suelo, sentimos que no hay futuro.
 Los Hechos es un canto a la esperanza,  en muchos lugares, hombres y mujeres, jóvenes, niños, familias enteras, están pregonando, están caminando, están orando, están cantando, están construyendo esperanza. Y el libro de los Hechos de los Apóstoles nos ayuda a descubrir cómo se construye la esperanza.
El abismo del amor divino que brilló en la Cruz de Jesús, el amor que llegó hasta el extremo, el amor que llega hoy hasta el extremo aquí sobre el altar, ese amor que se vuelve alimento, que se vuelve Eucaristía.

Vamos a llenarnos de este amor eucarístico, vamos a llenarnos de ese amor crucificado, vamos a llenarnos de este amor que nos da el Espíritu .

San Juan 14,9





Por eso es bella la creación, y es bello todo lo que Dios ha hecho;  hay un, queda ese camino de luz, ese camino que es la historia de todas las providencias y amores de Dios.
Ser perdonado es, otra vez, reconocer que siempre me equivoqué. Ser perdonado es reconocer que yo no soy Dios, y eso es lo único que no quiere reconocer Satanás. Eso es lo único que no quiere reconocer el que se rebela.
Ese es el rastro de amor en la parábola del astronauta, ese es el rastro de amor que podemos descubrir: Dios ha ofrecido su perdón
Pero el amor no falla. El amor en cuanto tal no fracasa. El amor que se ha ofrecido deja esos caminos maravillosos de luz, y en esos caminos se declara el amor que siempre vence, el mismo amor de Cristo, en quien creemos y a quien adoramos.
"Quien me ve a mi ha visto al Padre" San Juan 14,9. “Cómo dices tú muéstranos al Padre” San Juan 14,9; "Si me conocierais a mi, conoceríais también a mi Padre” San Juan 14,7.
Todas esas expresiones ¿qué indican? La capacidad de revelar, de mostrar, la capacidad de ser transparencia de Dios.
¡Es maravilloso! ¿Y qué nace de ahí? Lo que nos dice Jesús: "Lo que yo os digo no lo hablo por cuenta propia" San Juan 14,10, y más adelante dice: "El Padre que permanece en mí es quien hace las obras, las palabras son las de mi Padre y las obras son las de mi Padre" San Juan 14,10.
Es muy lindo eso, el invisible, el que habita en una luz inaccesible, el que nadie ha visto ni puede ver, de repente está ahí ante nosotros en Jesús. Jesús transparencia del Padre, Jesús revelador del Padre. ¡Que venga a nosotros el Espíritu de Jesucristo!
Él termina dándonos una esperanza inmensa: "Si me pedís algo en mi nombre, yo lo haré" San Juan 14,13.
Jesús, en tu propio nombre, te pedimos: "¡Danos el Espíritu Santo, junto con toda la Iglesia; Jesucristo, nos estamos preparando para la efusión del Espíritu Santo; Jesús, danos el Espíritu Santo, realiza en nosotros esa obra que nadie más puede hacer!
¡Haz que seamos transparencia del Evangelio, para que podamos descubrir la gracia que anunciamos, para que podamos anunciar la gracia que tenemos; envía ese Espíritu a nosotros, Señor, para que descubramos el Evangelio de la victoria, para que nunca más nos entristezca la puerta que se cierra, porque tú mismo nos descubres la puerta que se abre!".
Estas palabras entonces nos animan a rogar con insistencia el don del Espíritu, para que Jesús permanezca en nosotros y nosotros en Él, así como el mismo Jesús permanece en el Padre y el Padre en Él.

Clamemos la explicación de estas palabras. Esta es una homilía que la tiene que hacer el Espíritu en cada corazón, esta es una explicación que no puede salir de boca humana, sino que tiene que ser pronunciada por el mismo Verbo en lo íntimo del corazón y convertirse allí también en una palabra.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Pemanece












"Permanece en Cristo" San Juan 15,4, ese es el cristiano, pero a la luz del evangelio tiene que estar dispuesto a dos cosas que son duras, pero que hacen madurar.
El salmo que nos gusta tanto, el Salmo 91, la Iglesia lo reza en las completas del día domingo y dice: “Aunque caigan mil a tu izquierda y diez mil a tu derecha" Salmo 91,7.
No vengan con esas historias, que a mí esas cosas me suenan a la voz del Apóstol Pedro "Si, Señor, aunque todos te dejaran me haría matar por ti" San Juan 13,37.
Si Jesús es la Vid, y uno tiene que saber que si el Padre Celestial arranca sarmientos, uno tiene que saber que uno está en Cristo y permanece en Cristo.
Jesucristo nos dijo: “Permaneced en la vid” San Juan 15,4.

Jesús dijo: "Permaneced en mí, permaneced en la vid" San Juan 15,4, una y otra vez en la vid, y por eso Cristo, decía, mira: "Hay muchos primeros que serán últimos y hay muchos últimos que serán primeros" San Mateo 20,16.