"Dame
un poquito de espacio en tí", le decimos a Dios, y Dios nos repite la
misma frase: "Dame un poquito de espacio en ti", "¿qué lugar
ocupo yo en tu vida?"
"Tú
quieres que yo te reciba tus intenciones, peticiones, tus desconciertos, tus
disgustos. ¿Quieres que tenga un espacio para ti, verdad? Bueno, dame tú
también un espacio, que yo pueda tener un espacio en ti".
Pidamos al
Señor que haya siempre un espacio para Él en nosotros para que nuestro corazón
se sintonice con Él y para que así, nuestra voluntad se sintonice con la suya.
Esto tan bonito, que es casi un sueño, se ha
cumplido. Los santos lo han vivido: nuestro fundador, Santo Domingo de Guzmán,
es uno de los grandes santos de nuestra Iglesia católica.
Eso es lo
que Dios quiere, ese es el principio de la unidad, de la comunión. La comunión
y la unidad se construyen así: que Dios esté dentro de ti, que tú estés dentro
de Dios, así como el Padre está en el Hijo y el Hijo está en el Padre.
“el Espíritu es el don de Dios, de este Dios, Padre nuestro, que
siempre nos sorprende. El Dios de las sorpresas. ¿Por qué? Porque es un Dios
vivo, es un Dios que vive en nosotros, un Dios que mueve nuestro corazón,
un Dios que está en la Iglesia y camina con nosotros y en este camino nos
sorprende
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