Por
eso es bella la creación, y es bello todo lo que Dios ha hecho; hay un, queda ese camino de luz, ese camino
que es la historia de todas las providencias y amores de Dios.
Ser
perdonado es, otra vez, reconocer que siempre me equivoqué. Ser perdonado es
reconocer que yo no soy Dios, y eso es lo único que no quiere reconocer
Satanás. Eso es lo único que no quiere reconocer el que se rebela.
Ese
es el rastro de amor en la parábola del astronauta, ese es el rastro de amor
que podemos descubrir: Dios ha
ofrecido su perdón
Pero
el amor no falla. El amor en cuanto tal no fracasa. El amor que se ha ofrecido
deja esos caminos maravillosos de luz, y en esos caminos se declara el amor que
siempre vence, el mismo amor de Cristo, en quien creemos y a quien adoramos.
"Quien
me ve a mi ha visto al Padre" San Juan 14,9.
“Cómo dices tú muéstranos al Padre” San Juan 14,9;
"Si me conocierais a mi, conoceríais también a mi Padre” San Juan 14,7.
Todas
esas expresiones ¿qué indican? La capacidad de revelar, de mostrar, la
capacidad de ser transparencia de Dios.
¡Es
maravilloso! ¿Y qué nace de ahí? Lo que nos dice Jesús: "Lo que yo os digo
no lo hablo por cuenta propia" San Juan 14,10,
y más adelante dice: "El Padre que permanece en mí es quien hace las
obras, las palabras son las de mi Padre y las obras son las de mi Padre" San Juan 14,10.
Es
muy lindo eso, el invisible, el que habita en una luz inaccesible, el que nadie
ha visto ni puede ver, de repente está ahí ante nosotros en Jesús. Jesús
transparencia del Padre, Jesús revelador del Padre. ¡Que venga a nosotros el
Espíritu de Jesucristo!
Él
termina dándonos una esperanza inmensa: "Si me pedís algo en mi nombre, yo
lo haré" San Juan 14,13.
Jesús,
en tu propio nombre, te pedimos: "¡Danos el Espíritu Santo, junto con toda
la Iglesia; Jesucristo, nos estamos preparando para la efusión del Espíritu
Santo; Jesús, danos el Espíritu Santo, realiza en nosotros esa obra que nadie
más puede hacer!
¡Haz
que seamos transparencia del Evangelio, para que podamos descubrir la gracia
que anunciamos, para que podamos anunciar la gracia que tenemos; envía ese
Espíritu a nosotros, Señor, para que descubramos el Evangelio de la victoria,
para que nunca más nos entristezca la puerta que se cierra, porque tú mismo nos
descubres la puerta que se abre!".
Estas
palabras entonces nos animan a rogar con insistencia el don del Espíritu, para
que Jesús permanezca en nosotros y nosotros en Él, así como el mismo Jesús
permanece en el Padre y el Padre en Él.
Clamemos
la explicación de estas palabras. Esta es una homilía que la tiene que hacer el
Espíritu en cada corazón, esta es una explicación que no puede salir de boca
humana, sino que tiene que ser pronunciada por el mismo Verbo en lo íntimo del
corazón y convertirse allí también en una palabra.
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