El
sabor del amor es el que sirve para crear verdaderas amistades. Porque la
amistad es una forma de amor. Lo que nosotros solemos llamar amor, es decir, es
una forma de amor. Pero la verdadera amistad es otra forma de amor.
Cristo
tiene amor en torrentes. Les forma muy
alta de amor, y hay quienes dicen, que en la amistad brilla a veces más el amor
que en el que se llama amor. Cristo, ahora en
su altar, nos da el sabor del amor con su Cuerpo y con su Sangre. Cristo, con
su testimonio, con su Cruz, con su Corazón abierto, nos muestra qué es amar.
"Es
necesario que el mundo comprenda que yo amo al Padre, y que lo que el Padre me
manda, yo lo hago" San Juan 14,31.
El
amor y la obediencia al Padre son la razón última, la razón que tiene poder en
el corazón de Jesucristo para soportar la dura Pasión.
Que
venga a nosotros ese mismo Espíritu que dio fortaleza, que dio la humildad, que
dio la generosidad, que dio la constancia a estos gigantes de la fe.
Y
con ese mismo Espíritu, nosotros, sumergidos en el río de la voluntad de Dios
Padre, hagamos también nuestra propia parte en el camino del Evangelio, que nos
viene desde estos santos venerables y que se prolonga después de nosotros a
hasta el último de los elegidos.
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