“Dame la gracia de tu voluntad” Salmo 188,29, y por
eso uno le pide a Dios una fe que resista, una fe que consista, que insista y
que resista, una fe que se sostenga.
digamosle
a Dios: “Te entrego… Hay que entregarle
a Dios todo antes de que te lo pida, ese es el secreto. Eso sí, les invito,
entréguenle a Dios todo antes de que lo pida, al papá, a la mamá, a la familia,
la fama, la salud, los recuerdos, los proyectos, todo, ya está todo entregado,
ya queda uno más tranquilo.
Dios, que no sabe darse sino entero; Él, que
se dio completamente a nosotros, nos conceda responderle con un sí semejante al
de su amor.
La
fe es la bendición de los días; un día vivido en la fe es un día ofrecido a
Dios, y un día ofrecido a Dios es como una pequeña Eucaristía que celebra
nuestro corazón en la presencia del Padre Celestial.
Ejercer
la fe en el Hijo de Dios, en Aquel que Dios ha enviado; creer en Él, darle el
primer puesto a lo que Él hace, a lo que Él quiere, a lo que Él ha padecido, a
lo que Él desea.
Descubrirlo
como Señor poderoso de nuestras vidas, como Rey victorioso, como amable y
sereno Emperador de todo lo que nosotros somos.
Acoger
triunfalmente, pero sobre todo amorosamente a Jesucristo en nuestras vidas;
recibirle, para que Él, con su suave y eficaz mandato, ponga en orden todo lo
que somos, todo lo que tenemos, lo que proyectamos y lo que decimos. Cuando
esto sucede, cuando ejercemos así fe en Jesucristo, es mismo Cristo el que vive
con nosotros, el que trabaja con nosotros y el que bendice nuestras palabras,
nuestro tiempo, incluso nuestros dolores, nuestras contrariedades, nuestros
problemas.
Hoy
queremos recibir a Jesucristo así en nuestras vidas; hoy le decimos a
Jesucristo; "Tú eres el Señor de nuestras vidas, no queremos perder ni un
día más; hoy queremos recibirte, Jesús, entra a tomar posesión del reino que
adquiriste con tu sangre; hoy sentimos lo que sintieron aquellos discípulos de
Emaús; "Es tarde, pero quédate con nosotros" San Lucas 24,29.
Señor,
la vida se termina, la historia pasa y sólo quedará en pie lo que sea probado por
el fuego, como dice el Apóstol San Pablo.
Es
tarde, quédate con nosotros; vive en nosotros, santifica nuestro tiempo; haz
fecunda nuestra vida, dale tú, Señor, el brillo, el perfime, el sentido a
nestra exitencia para que se pueda decir de nosotros lo que se dijo de ti:
"Pasó haciendo el bien" Hechos de los Apóstoles 10,38.
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