Dios compromete su propia
palabra para decir todas las maravillas que van a venir sobre su pueblo elegido.
La paz se afianza, la esperanza crece, el gozo de todos va en aumento.
Es un panorama maravilloso, se
parece mucho al paraíso. La Biblia, en sus primeros capítulos, en el Génesis,
nos cuenta del paraíso terrenal. Indudablemente, Isaías, en este capítulo
sesenta y cinco, tiene en mente algo similar: hay abundancia y paz, hay
bendición y seguridad.
El Dios que lo creó todo puede
volver a crearlo todo. Dios no quedó cansado al crear el universo; Dios tiene
suficiente poder y sabiduría para hacer este y muchos más universos, y por eso
es posible la nueva creación.
Es una clave muy importante
para comprender lo que significa la vida y la obra de Jesucristo; con Él
empieza una nueva historia, con Él empieza la nueva creación, y la puerta para
asomarnos a esa nueva creación es darle pleno permiso, total autoridad y
autorización a Dios para que Él haga todo lo que quiere hacer.
Esa total autorización, esa
absoluta confianza en el Señor, es exactamente lo que significa la palabra
"fe". Y aquí encontramos una relación con el evangelio, el evangelio
está tomado del final del capítulo cuarto de San Juan. Se trata de la curación
del hijo de un cierto funcionario.
Nuestra
única estrategia es saber que nosotros no somos ni los dueños del universo, ni
somos viceadministradores de todo lo creado. Únicamente, cuando unimos nuestro
corazón a Dios, Él puede a través de nosotros gobernar la naturaleza, como
aparece también en el Génesis, cuando Dios dice al hombre que crezca y que se
multiplique y que domine sobre las creaturas en nombre suyo, no para destruirlas
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