lunes, 8 de mayo de 2017

Oveja







La vida natural, la vida que nosotros tenemos es una vida contabilizada, contada; es una vida finita que tiene que estarse renovando sin cesar. Un poco de trabajo que hagamos y ya necesitamos descansar; un poco de tiempo que pasa y ya tenemos que volver a comer; muchas explicaciones que nos den y ya se fatiga nuestra mente.
Nuestra vida es finita, nuestra capacidad de disfrute es finita, pero nuestra ansia de disfrute es infinita. Estamos descompensados y por eso, entre nuestro deseo y lo finito de nuestras capacidades, viene Jesucristo que es a la vez finito e infinito.
Como en nosotros, es finito en nuestra naturaleza humana; y como Padre, es infinito en la naturaleza divina. De Dios su Padre tiene para nosotros vida abundante, y de nosotros tiene esa finitud que le permitió morir en la Cruz para entregarnos los tesoros infinitos de su amor.
Por eso celebramos la fiesta del Buen Pastor, porque estamos convencidos de que la vida que Cristo recibió en su resurrección es una vida inagotable que no es sólo para Él, sino también para nosotros. Una vida que tiene sus primicias o sus arras en la acción del Espíritu Santo en nosotros. Cuando el Espíritu susurra en nuestros corazones que somos hijos de Dios, cuando ello sucede, entonces tenemos las primicias de esa vida que no termina.
La buena oveja sabe reconocer la voz del Buen Pastor, o sea que la teoría de la oveja inteligente no es invento mío; ya está en el evangelio . La inteligencia de la oveja está en reconocer la voz de su Pastor.
Cristo dijo que "sus ovejas reconocían su voz" San Juan 10,3. O sea que Cristo no estaba hablando de borregos, estaba hablando de ovejas inteligentes que saben reconocer la voz del Pastor. Y esta es verdaderamente nuestra gracia, nuestra alegría. Y si algún orgullo podemos tener es este: poder reconocer la voz del Pastor.. Tengo la alegría de ser oveja; soy oveja y quiero ser una buena oveja y quiero seguir detrás de Jesucristo, porque su estilo, su Palabra y su Corazón han cautivado mi alma, y porque su voz me ha despertado de las tinieblas.

A Él sea la gloria por los siglos.

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